¿Por qué ha dimitido el pobre Gustavo de Arístegui? Porque hay elecciones. Por eso dimite. Y no es justo. Ni para él ni para su familia. Ni, por supuesto, para España, cuya necesitada vida pública a un hombre de talento indiscutible para hacer al mismo tiempo política para España y dinero para su familia. El ya ex embajador de la India supo atender con diligencia los asuntos públicos sin descuidar por ello los privados,  pues no en vano, cuando tuvo que dejar provisionalmente su negocio de comisionista por el bien de España, le cedió los tratos a su hijo. ¿Y así se lo pagan, forzándolo a dimitir? No es justo tener que dejar un cargo por haber hecho lo mismo que hizo el también embajador Federico Trillo o el ya exdiputado Vicente Martínez Pujalte. ¡Y todo por 829.000 miserables euros! Para un emprendedor, calderilla, como quien dice. ¿Por qué lo que valió para Federico (354.000 euros en comisiones: calderilla), para Vicente (75.000: aún menos que calderilla) y para tantos otros ilustres militantes del PP, no vale para Gustavo? ¿Acaso Arístegui es de otro planeta? ¿Acaso no es humano? ¿Acaso no ha sido siempre un militante ejemplar? Si lo hieren, ¿acaso no sangra?; si lo agravian, ¿no se ofende?; si le pagan, ¿acaso no prospera?... ¡Oh, Campaña Electoral, cuántas injusticias se cometen en tu nombre! Mala señal envía el partido a sus mejores hombres. Ya nadie podrá estar tranquilo en el futuro. Si un padre de familia no puede, hoy en día, mirar discretamente por los suyos, como se ha hecho toda la vida, al tiempo que atiende los asuntos de todos, ¿qué será de este país y qué será de esas pobres familias? ¿Ha calculado Mariano Rajoy cuánta riqueza nacional dejará de generarse si le da por perseguir y expedientar a los hombres más emprendedores del partido? ¿Así los trata el PP, obligándolos a dimitir y sometiéndolos al escarnio público? ¿Así les paga sus desvelos, sus 10, 12, 14 horas diarias por España, al pie del cañón en el Congreso, en el Senado o en la embajada, sin dormir apenas, pues de otra forma les sería imposible sacar tiempo para los negocios, las comisiones, los contactos y las gestiones privadas? La única esperanza del defenestrado Arístegui y de su compañero de negocios Pedro Gómez de la Serna, que todavía se mantiene como candidato al Congreso pese a las viles e injustas presiones de sus compañeros, es que el expediente que les ha abierto el PP sea por motivos meramente tácticos, por razones prácticas y no por razones éticas, y que una vez celebradas las elecciones del próximo domingo el partido recupere a ambos y hasta los compense debidamente con algún cargo, de segundo nivel pero bien retribuido y que les deje mucho tiempo libre para seguir aumentando sin cortapisas la riqueza nacional (y la familiar, claro, pero eso va de suyo en la derecha española).