La larga partida ha comenzado y si hubiera que resumir el contenido de sus primeros compases podría acudirse al volumen de relatos de Francis S. Fitzgerald titulado ‘El precio era alto’. En efecto, en la primera ronda de encuentros entre la candidata a la Presidencia de la Junta, Susana Díaz, con los partidos de la oposición el voto afirmativo de tres de ellos tiene un alto precio. PP, Podemos y Ciudadanos no descartan explícitamente la abstención, pero preferirían que fueran los otros quienes la practicaran para no tener que cargar con el embarazoso mochuelo de ser acusados de facilitar la continuidad en el poder de un partido sobre el que pesan graves acusaciones de clientelismo, mala gestión, despilfarro y corrupción. Tres abstenciones se neutralizarían mutuamente: tres no serían pecado, pero una, sí. Pero a su vez, también podría tener un elevado coste el escenario de bloqueo consistente en negarle a Díaz una investidura que se ha ganado con claridad en las urnas por dos razones: porque aventaja a su inmediato seguidor en 14 escaños –47 frente a 33– y porque no hay ningún otro candidato con posibilidades de ser investido presidente. Aunque Díaz se ha ganado la investidura pero no la gobernabilidad, PP, Podemos, Ciudadanos e IULV-CA parecen interpretar, al menos de momento, que tampoco se habría ganado la primera, y por eso se muestran tan decididos a adelantar el momento procesal de hacerle pasar apuros no ya cuando sea presidenta, sino siendo solo candidata. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]IU: QUE NO, QUE NO, QUE NO[/cita] El cuarto jugador en la partida es Izquierda Unida, pero la federación ni siquiera se ha molestado en poner precio a una imposible luz verde y ha dicho directamente que no: la dirección regional está resentida con Susana Díaz por el adelantamiento de unas elecciones cuyos malos resultados prefiere atribuir, quizá algo artificiosamente, más al desgaste por haber gobernado con el PSOE que a la incontenible irrupción de Podemos. ¿Trasladará IU a las municipales de mayo esa airada negativa a pactar con sus antiguos socios? No es imposible, pero no parece probable. Por ahora, quedémonos con que si el legendario Nat King Cole cantaba ‘Quizás, quizás, quizás', el coordinador Antonio Maíllo prefiere entonar ‘Que no, que no, que no’. De entrada, Partido Popular, Podemos y Ciudadanos se lo han puesto difícil a Susana Díaz. Tan difícil que en realidad es imposible que el PSOE acepte todas sus condiciones. Tan imposible que cabe pensar que hayan puesto su precio de salida no para renegociarlo a la baja, sino para que la presidenta en funciones entienda sin que haya que decírselo abiertamente que en la primera votación de la investidura, a finales de abril, su voto será un rotundo no. Aun así, hay matices diferentes, e incluso muy diferentes, en el margen que cada partido se deja a sí mismo para alcanzar un virtual acuerdo. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]PP: LO QUE NO PUEDE SER NO PUEDE SER…[/cita] La condición impuesta por el Partido Popular es, en principio, imposible de aceptar para el Partido Socialista. Juan Manuel Moreno Bonilla dará su voto afirmativo a la investidura solo si el PSOE se aviene a firmar un acuerdo escrito que comprometa a ambos partidos a respetar que gobierne la lista más votada en los ayuntamientos tras las elecciones del 24 de mayo. Es una idea que el PP viene acariciando desde hace tiempo, hasta el punto de que el Gobierno se planteó modificar la legislación electoral para hacerla realidad, aunque finalmente dio marcha atrás. El hedor a ventajismo era tan intenso que Mariano Rajoy desistió: todos los partidos se apresuraron a denunciar que el PP quería convertir en ley su soledad política, dado a que a su izquierda no podía pactar y en la derecha estaba solo. Lo estaba pero ya no lo está. Ahora sí hay alguien, se llama Ciudadanos, es de centro derecha y un rival directo cuya feraz cosecha de 370.000 votos el 22M hace imposible un entendimiento con el PP dado que esos sufragios provienen en su mayoría del electorado popular. Tras el 24 de mayo, el PSOE será –y el PP lo sabe– el partido en mejor posición para alcanzar pactos de gobernabilidad en los ayuntamientos: podrá pactar con Podemos, con Ciudadanos, con IU e incluso, llegado el caso, con el Partido Andalucista. El PP tiene, además, serios problemas para justificar sin sonrojarse su volantazo de 180 grados con respecto a su reiterado compromiso durante la campaña electoral de permitir que gobernara la lista más votada. ¿Por qué ese cambio? Quizá calcularon inicialmente que no habría un escenario tan complicado para Díaz, pero tras el 22M habrían visto que podían sacarle cierto rendimiento político. Si el PP no se baja del no a la investidura, su negativa podría obligar a los otros a abstenerse y cargar con el peso de haber facilitado que gobierne el PSOE: si lo hace Podemos, el PP acusará a Díaz de ser presidenta gracias a la izquierda radical; si lo hace Ciudadanos, acusará a este de ser la muleta de los socialistas. Ahora bien, si se abstienen los dos... [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]CIUDADANO JUAN, CIUDADANO ALBERT[/cita] Cuando al filo de las once de la noche del 22 de marzo el cabeza de lista de Ciudadanos, Juan Marín, vio los resultados definitivos debió pensar que esos datos le abrían de par en par la entrada en el Gobierno andaluz. Al fin y al cabo, él viene gobernando cómodamente desde hace años en Sanlúcar de Barrameda con los socialistas, tiene una buena relación personal con el número dos del PSOE, el también gaditano Juan Cornejo, y las distancias programáticas entre dos partidos no son insalvables. Pero los planes andaluces de Juan Marín chocan con los planes nacionales de Albert Rivera. Este es muy consciente de que una alianza explícita ahora con el PSOE en Andalucía podría quitarle a Ciudadanos muchos, muchísimos votos de cara a las generales de final de año. Los partidos que aspiran a ocupar el centro tienen que ser extremadamente cautelosos en su política de pactos. El CDS de Adolfo Suárez no lo fue y acabó pagándolo muy caro. Ahora bien, ¿esa evidente inconveniencia para Ciudadanos de pactar en el futuro inmediato con el PSOE es extrapolable a facilitar la investidura de Díaz? Puede que no, pero Rivera se ha comportado como si fuera que sí. El líder catalán llegó a decir que si Chaves y Griñán no entregaban sus actas de diputados, que el PSOE ni se molestara en llamarlos. “No les cogeremos ni el teléfono”, dijo Rivera viniéndose arriba. En buena lógica, Juan Marín ni siquiera tendría que haber acudido ayer a San Telmo a verse con Díaz, pero lo cierto es que acudió. Un partido puede ponerse estupendo en un momento determinado, pero no puede mantenerse estupendo sin interrupción. Los expresidentes declaran ante el Supremo en la primera quincena de abril y el PSOE andaluz confía en que para entonces se haya despejado su horizonte judicial en un sentido u otro. Si el instructor Barreiro les imputa algún delito tendrán que dejar su escaño y si no lo hace… también. No ahora, pero también. No ahora, pero no mucho después: apenas dentro de seis meses pues en las generales de finales de año ninguno de los dos no volverá a repetir en las listas. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]PODEMOS: DIFÍCIL, PERO NO IMPOSIBLE[/cita] Y al igual que hicieran el PP y Ciudadanos, Podemos puso precio a su no, pero nada dijo sobre una virtual abstención, ese valioso comodín que en estas partidas los jugadores prefieren guardarse para más adelante. En medios socialistas se considera que Podemos presentó las condiciones más razonables: muy exigentes, pero con margen para la negociación. El punto uno se refiere a tolerancia cero con la corrupción e incorpora la “dimisión inmediata de Chaves y Griñán”: aquí el margen es escaso, pero el calendario judicial puede facilitar las cosas. Los puntos dos y tres del documento de exigencias de Podemos para votar a favor de la investidura de Díaz –no contratar con bancos que desahucian y reducción drástica de altos cargos y asesores y readmisión de personal de servicios públicos– no suenan del todo mal en los castigados oídos socialistas. Creen que se puede hablar, lo que significa que, aunque el sí sea imposible, la abstención no es descartable. En todo caso, un bloqueo de la situación puede desembocar en un adelanto electoral que nadie quiere, y tal vez Podemos menos que nadie. La estrategia de Pablo Iglesias y la dirección nacional pasa por obtener en las generales un gran resultado, es decir, pasa por afianzarse como partido de gobierno dirigido por personas políticamente audaces pero en las que se puede confiar. Es razonable que Podemos se deje margen a sí mismo para facilitar una investidura cuyo fracaso no le interesa. Tan razonable como ponérselo difícil a Díaz. Difícil, pero no imposible.