La pregunta es convencional, pero la respuesta no lo es. La pregunta, formulada en la encuesta de Metroscopia que hoy publica El País, es esta: ‘Si se llegara a un acuerdo de gobierno, ¿cuál le gustaría más?’. Hasta ahí, normal. Lo anormal es la respuesta que da la gente entrevistada: nada menos que ¡el 70 por ciento! de los encuestados contesta ‘Lo que decida el partido que voté’. Muy pillines esos encuestados. La respuesta es interesante por las cosas que involuntariamente revela. Y la primera y principal es que a la gente le pasa lo que los analistas políticos, solo que la gente lo dice mientras que los analistas no, entre otras cosas porque viven de no revelar lo mucho que ignoran: a la gente le pasa que no sabe qué diablos de salida tiene esta situación parlamentaria y de ahí que se quite el muerto de encima para echarlo sobre las espaldas del partido al que votó. Decidid vosotros, de verdad, con toda confianza, lo que decidáis estará bien, seguro, para eso sois los mejores, para eso os hemos votado. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]EL SILENCIO DEL PUEBLO[/cita] El pueblo no se pronuncia en ningún sentido sencillamente porque, como todos, no sabe bien en qué sentido pronunciarse: nadie sabe cuál es el mejor cesto que podría trenzarse con los confusos mimbres salidos del 20D. Particularmente interesante resulta el retrato que sale de los votantes de Podemos. Mientras que en los otros tres partidos son mayoría abrumadora los votantes contrarios a repetir las elecciones, entre los de Podemos vienen a estar mitad y mitad: el 47 por ciento no querría nuevos comicios mientras que al 48 por ciento le parece la opción más deseable. Lo sugestivo de este dato reside en cuánto revela sobre la naturaleza del electorado de Podemos, una naturaleza que es al mismo tiempo la gran fortaleza de la formación morada y su gran debilidad. Esa disparidad interna indica que el de Podemos es sin duda el menos homogéneo de los electorados, el más de aluvión, y de ahí el alto grado de volatilidad de buena parte de sus apoyos. Por decirlo con otras palabras: un alto porcentaje de los votos de Podemos es prestado, provisional, cedido por los electores a la espera de comprobar cómo es gestionado por la dirección del partido. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]EL DILEMA DE PODEMOS[/cita] Ahora bien, el rizo se riza todavía un poco más al volver de nuevo la vista sobre ese fifty/fifty en las preferencias de los votantes de Podemos sobre la repetición electoral. Se riza un poco más porque, al menos en teoría, a su dirección le será imposible contentarlos a todos, a los que prefieren nuevas elecciones y a los que no. Y una vuelta de tuerca más: si se llegara a un acuerdo de gobierno, el 83 por ciento de los votantes de Podemos preferiría que su partido se aliara con el PSOE. Es, junto con las preferencias de los votantes del PP a favor de que su partido gobierne con Ciudadanos, el porcentaje más alto de electores que dejan clara su voluntad. Ese 83 por ciento se rebaja drásticamente hasta el 56 cuando quienes contestan son votantes socialistas: digamos, pues, que Pedro Sánchez tiene más margen de maniobra que Pablo Iglesias y de ahí la machacona insistencia de este en demostrar que si no hay entendimiento para formar gobierno será únicamente porque los socialistas prefieren echarse en brazos de la derecha de PP y Ciudadanos. En teoría, es para Podemos para quien tendría menor riesgo una repetición electoral. Pero eso es en teoría. En la práctica el partido se vería encerrado durante la campaña electoral en la jaula de hierro del derecho a decidir, un compromiso mirado con simpatía en Cataluña pero con recelo en casi todo el resto de España, sobre todo por parte de los votantes de Podemos que provienen directamente del Partido Socialista. En la campaña del 20D Podemos no tuvo que lidiar con ese torete de la autodeterminación, pero sí tendría que hacerlo en unas nuevas elecciones: sus adversarios se ocuparían de que fuera así. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]LA MARGARITA SOCIALISTA[/cita] Si Podemos no llega a un acuerdo de gobierno con el PSOE necesitará que quede muy claro que la culpa del fracaso es de los socialistas. Lo necesitará mucho más que el PSOE en sentido inverso. A su vez, lo que resulta más temible para el PSOE no es tanto un fracaso en la negociación con Podemos como quedarse sin margen de maniobra –sin el margen de maniobra que tiene ahora mismo– para rechazar o permitir que el PP siga gobernando: me abstengo, no me abstengo; me abstengo, no me abstengo… Y lo cierto es que un acuerdo del PP con Ciudadanos estrecharía el margen del PSOE para no permitir ese Gobierno, de igual modo que lo estrecharía todavía más un incremento significativo de la prima de riesgo, un agravamiento de la situación catalana o una presión agobiante de Bruselas. Estas son precisamente las cosas que el PP está esperando que se produzcan, pero también el precio a pagar, en sucesivas cuotas, sería muy elevado para los populares. Seguramente la primera cuota sería la propia cabeza del presidente Rajoy. En fin, que con tantas y tan contradictorias variables hace muy bien la gente en ponerse unamuniana quitándose el muerto de encima: ¿Decidir? ¡Que decidan ellos!