La innecesariamente tortuosa confección de las listas electorales de las ocho circunscripciones andaluzas para el Congreso y el Senado evidencia que, tras la infausta victoria de Susana Díaz el 2 de diciembre, el secretario general y la expresidenta regresan a la casilla de salida de su duelo particular, esa donde puede leerse la divisa ‘Solo puede quedar uno’, popularizada por el cine.

Duelo al atardecer

Ambos vuelven de nuevo al barro de Main Street. Los porches y aceras de la ciudad empiezan a llenarse de curiosos. Nadie quiere perderse el combate, aunque ahora es Díaz quien tiene las de perder: el sol de frente, un revólver fallón, apenas un par de balas en el cargador y menos público dispuesto a aplaudir su destreza frente a los malos.

Tras el 2-D, el madrileño ha buscado un cuerpo a cuerpo que la andaluza rehúye. Para Sánchez y los suyos, la elaboración de las listas electorales ha sido no tanto una excusa para reanudar artificialmente las hostilidades como una oportunidad de hacer justicia noqueando de una maldita vez a quien ven como el principal obstáculo para afianzar lo que ellos llaman su proyecto de partido y sus adversarios identifican con mero aventurerismo de Sánchez.

La caza

Para Díaz y los suyos, en cambio, lo que pretende Ferraz se describe con dos palabras: “Quieren humillarnos”. Y añaden: “Nunca hemos puesto inconveniente a que los ministros encabezaran las candidaturas andaluzas; solo queremos un reparto equitativo, mitad y mitad”.  

A ello replica el sanchismo: “Ahora quieren mitad y mitad porque están más débiles, pero no querían lo mismo al hacer las listas de diciembre”.

¿Está jugando un bando más limpiamente que el otro? Da igual. El espíritu guerracivilista se encarga de expulsar tal pregunta del debate: la opinión sobre la moralidad de un bando y otro viene dictada por la pertenencia o la simpatía con uno u otro, no por las particularidades específicas de la conducta de cada parte.

La huida

Es un hecho, sin embargo, que en las filas hasta el 2 de diciembre fuertemente compactadas del susanismo empiezan a aparecer claros, tibiezas, veladas deserciones.

Imperceptiblemente, el buque socialista andaluz va virando hacia el rumbo deseado por Sánchez, y ello a pesar de que la mayoría de los militantes y votantes del PSOE de Andalucía se sienten más cerca de las posiciones políticas de Díaz que de las de Sánchez, particularmente en la altamente inflamable materia territorial.

El gran combate

Así habla un personaje de Don Winslow: “No dejes que te noqueen, oblígalos a noquearte. Oblígalos a romperse las putas manos para noquearte, hazles saber que están peleando, dales algo para que se acuerden de ti cada vez que se miren en el espejo”.

Hasta el 21 de mayo de 2017, fecha de su victoria en las primarias, era correcto identificar a Pedro Sánchez con este párrafo de la novela de Winslow ‘El poder del perro’. Desde el 2 de diciembre de 2018, la destinataria de esos consejos pugilísticos sería Susana Díaz.

Pedro obligó a sus adversarios a ‘romperse las putas manos’ para noquearlo y Susana está decidida hacer ahora lo mismo. ¿Que tiene demasiados factores en contra? Desde luego, pero no más de los que tuvo Sánchez en su día.

Arroz amargo

Si los pronósticos electorales aciertan esta vez, Pedro ganará las elecciones con holgura sobre su inmediato seguidor y, si las tres derechas no suman como sumaron el 2-D en Andalucía, será el candidato con más papeletas para que le toque de nuevo el premio gordo de la Moncloa.

Amargas paradojas de la política: el fracaso socialista en Andalucía operará como incentivo del voto útil dentro de mes y medio; la abstención que hirió de gravedad –si no de muerte– a Díaz en diciembre operará como reactivo en abril a favor de Sánchez. Amargo trago.

Final de partida

Un escenario nada improbable es que en Andalucía Sánchez mejore claramente el 28-A los resultados obtenidos por Díaz el 2-D. Ambas fechas están personalizadas en ellos y no en las siglas del PSOE porque así sucede en todas las guerras civiles, más allá de que ni la sorpresiva derrota del 2-D fue toda demérito de Díaz, ni la probable victoria del 28-A sería toda mérito de Sánchez.

Pero la política, como el fútbol y como la guerra, es puro resultadismo. Cuando, aun jugando bien, la dichosa pelotita no entra, el entrenador tiene un problema.

Si San Vicente ha aguantado hasta ahora los embates de Ferraz es porque, en realidad, estos no han llegado a empezar. Lo harán de verdad cuando concluya el ciclo electoral que se abre el 28 de abril y se clausura el 26 de mayo.

Se especula con que el rey negro querrá acabar con la reina blanca atacándola con un valioso alfil de nombre María Jesús Montero. En esas circunstancias, el cuartel general pedrista confía en la renuncia de Díaz, a la que habría que facilitar –sugieren algunos en voz baja– un destino digno. Winslow no opinaría lo mismo, pero quién sabe.