Si el sonoro grito de guerra del discurso pronunciado ayer por Susana Díaz era ‘Nunca fuimos nacionalistas’, el silencioso clamor que recorre de arriba abajo el 13 Congreso Regional del PSOE-A es ‘Nunca fuimos sanchistas’. Tras las primarias de mayo, Pedro Sánchez no ha dado con la tecla para resolver la paradoja que ensombrece aquella inapelable victoria y mantiene sobre su cabeza una invisible espada de Damocles: esa paradoja es que el secretario general ganó donde el PSOE pierde y perdió donde el PSOE gana.

El epítome de esa paradoja general es Andalucía, histórico fortín socialista al que Pedro Sánchez ha dado la espalda. O ha querido darle la espalda. O no ha tenido, en fin, más remedio que darle la espalda.

El ascendiente del comandante Sánchez sobre las poderosas divisiones del socialismo andaluz –y no solo andaluz– es puramente nominal: devaneos y verduras de las eras. Lo cual, mohines manriqueños aparte, es malo no únicamente para Pedro, sino también y sobre todo para el propio partido, pues evidencia un alarmante costurón en su cuerpo de ejército más importante y decisivo.

Sonreír, escuchar, aplaudir

La visita de esta mañana de Sánchez a territorio comanche va a poner a prueba la acendrada tradición de hospitalidad del socialismo andaluz con sus mayores. Las cerca de mil personas que, entre delegados e invitados, abarrotan el salón de convenciones del Hotel Barceló Sevilla Renacimiento están aleccionadas para escuchar con respeto y aplaudir con consideración las palabras de su secretario general. Y poco más.

¿Será Pedro capaz de hacer un discurso que emocione a la fiel infantería andaluza? ¿Saldrán los andaluces de este cónclave un poco más pedristas de como entraron, lo cual tampoco es muy difícil que digamos? ¿Hará Pedro algo para favorecer esa conversión? ¿Puede hacerlo? ¿Sabe hacerlo? ¿Quiere hacerlo?

Susana Díaz y la dirección socialista están obligados por las leyes de la hospitalidad a saludar, sonreír, besar, abrazar. ¿Abrazar? Bueno, abrazar no, abrazar aparece demasiado, déjese mejor el histrionismo para la televisión dado que un congreso de un partido no es –todavía– un plató, aunque es solo cuestión de tiempo que acabe siéndolo.

Fotógrafos al acecho

¿Se adivinará sobre el escenario algún mal gesto? ¿Habrá algún músculo facial no suficientemente vigilado al que los fotógrafos se lancen como lobos pero exhibiendo, como solo ellos saben hacer, maneras de inocentes corderos?

¡Cuidado, Pedro Sánchez! ¡Cuidado Susana Díaz! con estos tipos y estas damas de la cámara al hombro: les gusta presentarse un poco desharrapados, simular que están en sus cosas, como en Babia, pero son veloces como el rayo y precisos como el francotirador: un descuido y te sacan esa maldita foto quesin tú sospecharlo siquiera, te desnuda ante todos y destruye para siempre tu dilatada reputación de anfitrión hospitalario. ¡Cuidado!