Es una prueba más. Solo una prueba más de que en este país hay una nueva categoría laboral. No bastaba sólo con trabajadores activos o pasivos; con asalariados, emprendedores y /o desempleados. Ahora también están los trabajadores pobres, precarios, los que por mucho que trabajen, no saldrán de su situación de inestabilidad. Pero en la provincia con más paro de Europa, Cádiz, han apretado más aún las tuercas: se trata del trabajador esclavo. Siete días a la semana, nueve horas de trabajo, sin vacaciones, sin posibilidad de caer enferma y arriesgándote a una bajada de sueldo si sobra pan o si un cliente no se lleva un pedido que encargó. Todo por 500 euros. Y quince días de prueba sin asegurar y sin cobrar. Esta es la oferta de trabajo que hicieron a Mayte Crespo Vázquez y a otras dos chicas más en una panadería en Jerez. Ella salió de allí y, asombrada, publicó en un grupo de Facebook el contenido de la oferta. NO DABA CRÉDITO No lo hizo como denuncia social sino porque no daba crédito a lo que había escuchado. “Creí que a lo mejor era una prepotente por pensar que era una barbaridad pero necesitaba desahogarme porque a mí me pareció una vergüenza”. Era su primera entrevista después de algo más de un año parada. Su último trabajo fue en una gran superficie comercial con un contrato parcial de tres horas por 400 euros. “Sabía que, en este tiempo que ha pasado, una media jornada puede estar ahora en eso, 400 o 500 euros”, pero nunca que rebajaran a 500 una jornada completa y, sobre todo, en esas condiciones de esclavitud. “Yo no he conocido la esclavitud pero debe ser parecido”. Lo más descorazonador es que, a renglón seguido, aclara que si no tuviera nada, tendría que haber aceptado. “Exprimen, exprimen y saben que pueden bajar el salario de 600 a 500 euros porque si no lo coges tú vendrá otra. Se aprovechan de la situación de las personas”. Y la de Maite es la realidad de muchas. UN NIÑO Y SU PAREJA EN PARO Con 35 años y un hijo, su pareja también lleva más de dos años parado. A él se le acabaron las prestaciones y ella cobra el subsidio. 426 euros que le pertenecen. “Si no tuviera nada, claro que cogería ese trabajo, porque 500 euros es mejor que nada pero lo que me ofrecieron no es mejor que esto” “¿Qué calidad de vida tendría?”. Ninguna pero, aun así, “lo hubiera aceptado hasta que el cuerpo aguantara”. Una boca que alimentar y una hipoteca que también ha secuestrado a la familia. La vivienda de su pareja había sido avalada con la de sus suegros, de manera que si no pagaban, les quitaban la casa a sus familiares también. Pero, ¿cómo pagar? “Son mis suegros los que están abonando las cuotas porque nosotros no podemos”. En todo caso, no tienen problema en coger todos los bártulos y marcharse allá donde haya trabajo. “Yo he trabajado mucho tiempo fuera y seguimos buscando en Canarias y donde sea”. Hace seis meses, se planteó Reino Unido como la opción más viable: “Tengo un amiga en Canterbury. Me dijo que había trabajo pero que me fuera sola, sin el niño, porque si no, tendría que alquilarme algo para toda la familia y tendría que llevar 2.000 o 3.000 euros para pagar la fianza y algún mes por adelantado…pero ¡de dónde saco yo 3.000 euros!”. Sabía que el inglés era importante pero pagar una academia era otra quimera. El ingenio y la necesidad hicieron todo lo demás: “La chica necesitaba una mesa de comedor y las sillas y le di las mías a cambio de poder recibir las clases”. QUINCE EUROS AL DÍA No es la única. “Mi vecino trabaja repartiendo cosas por toda la provincia de ocho de la mañana a ocho de la noche por quince euros”. Y no hay más. “Es humillante, han acabado con los derechos laborales por los que lucharon nuestros mayores”. Casi disculpándose, Mayte se apresura a explicar que en septiembre se casa. “A lo pobre”, como ella dice, haciéndose ellos mismos su invitación e invitando a los que pueden pagarse sus cubiertos. “Lo hacemos porque queremos regularizar nuestra situación por nuestro niño”, justificando sus planes ante críticas que ya ha tenido que escuchar. “¡Que me casaba antes de que pasara todo esto!” –refiriéndose al revuelo mediático que se ha formado-. Como si los pobres no tuvieran derecho a casarse. ¿Y ahora? “A seguir buscando un trabajo, un trabajo digno”.