Esta vez la jueza Mercedes Alaya se lo ha puesto difícil a sus defensores, incluso a los más acérrimos encuadrados disciplinadamente en la derecha, y no porque la derecha ame la justicia más que nadie sino porque, como en aquella popular novela sobre los hombres que no amaban a las mujeres, la derecha no ama al Partido Socialista, de manera que todas las perrerías que le sucedan le parecen pocas porque se las tiene bien merecidas. Alaya ha hecho un escrito como los que solo ella sabe hacer, uno de esos escritos con los que uno se da un gusto al cuerpo aunque ello pueda ocasionarle importantes perjuicios. Cuando Alaya escribió esas frases minuciosamente envenenadas contra su actual superior jerárquica en el Juzgado 6 sabía los riesgos que corría: no podía no saberlos pues estaba acusando a María Núñez Bolaños –hasta ahora juez de familia– de ser amiga del consejero de Justicia y fiscal de carrera Emilio de Llera, decía de ella que no tiene conocimientos para instruir un caso como los ERE o la formación y, en fin, venía –humildemente– a ponerla como un trapito. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]UNA PREGUNTA Y MUCHAS RESPUESTAS[/cita] Es interesante intentar contestar a la pregunta de por qué ha actuado así Alaya cuando realmente no tenía necesidad alguna de hacerlo. Todos sus argumentos en favor de conservar las causas de los ERE y la formación son jurídicamente defendibles, de manera que para apuntalarlos como es debido no se requería de ningún ataque personal contra quien puede ver las cosas de manera distinta pero con argumentos jurídicos igualmente defendibles. ¿Por qué, pues, ha estallado Alaya, perjudicando con su estallido mucho más a sí misma que a Bolaños? ¿Porque piensa que solo acabando ella, con sus blancas manos, la instrucción podrá hacerse justicia? ¿Porque considera que sus manos judiciales son más blancas que las de la nueva titular? ¿Porque cree que el caso es suyo y solo suyo y no está dispuesta a permitir que una mala pécora que además no tiene ni puta idea de leyes le robe lo que es suyo? ¿Porque mucho se teme que si la macrocausa de los ERE es troceada, como tantas veces han pedido los fiscales, perderá su verdadera esencia, que no es otra que una habilisima y gigantesca maquinación para dar a los amigos del Partido Socialista decenas de millones de dinero sin control y así seguir ganando elecciones? [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]NO SON NEGOCIOS, ES PERSONAL[/cita] Seguramente es un poco todo eso. El problema de fondo es que Alaya ha convertido este caso en un asunto personal. María, cariño, no son negocios, es personal. Su escrito es buena prueba de ello. La causa de los ERE es su causa: no una causa del Jugado de Instrucción número 6 sea quien sea su titular, que es lo que determina la ley con su precepto del juez natural, sino una causa que no existiría sin la instrucción que ella ha llevado a cabo. Y, en efecto, en eso puede que tenga razón: es difícil imaginar que esta causa pudiera haber llegado donde ha llegado sin el obsesivo empeño de Alaya de demostrar a toda costa su hipótesis de partida. Es la demolición de esa hipótesis lo que en verdad teme Mercedes Alaya, pero no porque Bolaños esté entregadita al Gobierno a través del consejero De Llera, sino porque la propia ‘construcción sugerente’ de Alaya está cogida con tan tenues pinzas que cualquier brisa contraria puede acabar con ella por los suelos. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]LA FE MUEVE PATRAÑAS[/cita] Pero yerran quienes piensan que Alaya quiere a toda costa implicar a todos esos altos cargos socialistas por inquina personal o política. Todo lo contrario. Lo hace porque lo cree así; porque su fe –como toda buena fe que se precie– es inconmovible; porque considera que sus pesquisas la han conducido a ello; porque está convencida de que ha descubierto una Trama Delictiva como nunca se ha conocido y no va a permitir que una recién llegada al mundo real de la Justicia Verdadera le tire por tierra su valiosísimo descubrimiento. Alaya teme que si ella personalmente no sigue con el caso al final se escapen los malos. ¿Y quiénes son los malos? Pues eso es lo verdaderamente singular de esta causa, tan singular que nunca se ha dado cosa igual en la historia judicial española: que los malos son todos. Y, lógicamente, no todos los jueces, y mucho menos algunas juececillas amigas de ciertos consejeros, están capacitados para comprender y combatir una conspiración de esta envergadura. Mira, bonita, esto es justicia para adultos, justicia justicia, cosa seria, no las mariconaditas esas de divorcios, separaciones, tutelas y patrias potestades a las que se dedican otros y sobre todo otras. Dicho sea con toda humildad y con el mayor de los respetos, por supuesto.