La música no era muy buena, pero la letra no tenía desperdicio. La cantaron con mucha hombría el pasado 8 de febrero los intelectuales béticos que suelen ocupar el fondo sur del Benito Villamarín y que, coincidiendo con la petición del fiscal de dos años de cárcel al delantero Rubén Castro por malos tratos a su novia, quisieron formular a su manera un recurso contra el escrito de acusación del Ministerio Público. ¿Y qué mejor argumento que una canción? La letra íntegra decía así: "Rubén Castro alé, Rubén Castro alé, no fue tu culpa, era una puta, lo hiciste bien". ¿Es posible evitar en los campos de fútbol cánticos como este, que además puede costarle al Betis una multa de la Liga de Fútbol Profesional? Bueno, mientras las autoridades municipales se empeñen en mantener cerradas las bibliotecas públicas los domingos, siempre pueden suceder cosas como estas. Quién sabe, seguramente la hinchada del fondo sur se siente maltratada por unos horarios contumaces que le impiden, como sin duda hubiera sido su deseo, acudir en masa a los centros de lectura: una injustificable restricción horaria de la política cultural por la cual y para sacudirse la frustración los infelices acaban yéndose cabizbajos al estadio y allí la emprenden con lo primero que pillan: un árbitro blanco, un jugador negro, un putón verbenero que seguro que llevaba meses provocando al pobre Rubén hasta que ya éste ya no pudo más y no le quedó más remedio que ponerla en su sitio... La Liga de Fútbol Profesional no debería en ningún caso multar al Betis, al que a fin de cuentas no se puede culpar de la creatividad, tan briosa aunque quizá algo anticuada, de lo más inquieto de su afición. ¿Que han llamado puta a una tía? ¡Ni que fuera la primera vez! ¿Que estaban justificando la violencia de género? Bueno, eso habría que verlo, ¿eh?, ha-brí-a-que-ver-lo, ¿estamos?; y si fue así, seguro que no lo hicieron con mala intención, a fin de cuentas los chavales lo están pasando mal esta temporada: su equipo en Segunda, su mejor delantero acosado por un fiscal y por una tía, su expresidente Lopera a un paso del banquillo, en Sevilla en puestos Champions... Y lo peor de todo: las bibliotecas públicas cerradas los domingos.