Ni contigo ni sin ti / tienen mis males remedio; / contigo, porque me matas / y sin ti, porque me muero. Hace unos días conmemorábamos el XXXVII aniversario de nuestra Constitución, la de 1978, precedida desde 1812 acá por otras seis más. Volvamos a aquella fecha, a 1978, sueño y ensueño para todos, momento en el que un grupo de ciudadanos, elegidos en las primeras elecciones democráticas desde 1936, dieron Carta de naturaleza a una nueva etapa que se anunciaba ilusionante y esperanzadora.

Durante su vigencia ha habido aciertos y errores, retrocesos y grandes avances, pero todo ello desde una perspectiva notablemente bipartidista. Los que nacimos ya en democracia nos encontramos con un sistema en el que tenías que posicionarte, de un modo indefectible, a uno u otro lado, o eras de izquierdas o eras de derechas, o eras del PSOE o eras de Alianza Popular, ahora PP. Es cierto que había otros partidos con cierta representatividad, pero en poco influían a la hora de tomar decisiones, al menos para los andaluces, pues defendían sus posiciones desde y para el norte de España. Y después estaban los desconocidos, aquéllos que aparecían en las papeletas con siglas extrañas, en algunos casos provenientes de épocas menos democráticas, y que acababan siendo pasto de coleccionismo para los niños que acudíamos con nuestros padres o abuelos a ver cómo ejercían ellos su derecho al voto.

Algunos, a día de hoy, aún quieren marcar al ciudadano, todavía pretenden que nos definamos como si una sola palabra pudiera englobar todos los intereses y pensamientos que tenemos, y es así como, en medio de este ánimo que busca mantener una división anclada en posturas ya superadas, irrumpe ahora en el panorama nacional un partido político que desde hace años viene defendiendo un pensamiento nuevo: Ciudadanos.

Este partido se define, a su vez, como una opción de centro, por contraste con las anquilosadas etiquetas izquierda-derecha, caracterizado por dos principios: un liberalismo progresista y un socialismo democrático.

¿Y qué quiere decir todo esto? Si preguntamos al partido del Gobierno dirá que Cs representa a la izquierda, olvidando, claro está, que buscó su apoyo en la Comunidad de Madrid. Para Pedro Sánchez, Albert Rivera es la amistad peligrosa de Rajoy y Pablo Iglesias, pero también olvida que su partido gobierna en Andalucía gracias a un primer apoyo de Ciudadanos. Podemos –por su parte– no tiene nada que olvidar, pues Rivera nunca ha pactado ni pactará con un partido que facilita posiciones independentistas.

Todo lo anterior se resume en el miedo que se le tiene a quien habla claro y a quien defiende una organización política que mira por el ciudadano y no por sí misma; que oferta y apoya propuestas, unas tildadas de derechas y otras de izquierdas, ¡qué manía!; que presenta un programa en el que se defiende la mejora de la economía con propuestas como la de que el autónomo no pague la cuota a la Seguridad Social si no tiene capacidad para ello, y que dicha cuota sea progresiva conforme mejore su situación. Una nueva opción política que, asimismo, no deja atrás a sectores que necesitan un firme apoyo del nuevo Gobierno, como el colectivo LGTBI, para el que se pretende una Ley Integral de Transexualidad, que otorgue a los transexuales el pleno derecho a la identidad, sin olvidar al mismo tiempo una educación basada en el respeto y en la diversidad, que impida que el diferente se convierta en protagonista de los cada vez más habituales delitos de odio.

La realidad que nos vamos a encontrar el 21 de diciembre es que los españoles van a respaldar ampliamente a un partido que solo trabaja para sumar. Ése es el futuro, trabajar para los ciudadanos. Y parece que ni unos ni otros se han dado cuenta aún.

(*) Maximiliano Maqueda es Letrado en ejercicio, bibliófilo y sevillano comprometido con Ciudadanos.