El pasado martes, ocho de marzo, se ha celebrado el Día Internacional de la Mujer Trabajadora y han sido pocos los colectivos y organimos de todo tipo, públicos o privados, que han dejado de referirse de una u otra forma al evento, bien para decir que han coseguido la paridad o que aspiran a hacerlo lo antes posible. Aunque estos últimos años, todas las instituciones implicadas en el evento reconocen un evidente retroceso en los resultados globales de la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres quizá como resultado de la dureza de la crisis y del rigor con que esta ha golpeado a un sector social tan en desventaja y tan sensible, por su precariedad, a cualquier política contraria a sus intereses. Nadie duda de que los avances femeninos en los albores del siglo XXi y del tercer Milenio se ralentizaron muy pronto conforme aparecía y se asentaba la crisis entre nosotros y en tanto mermaban sensiblemente los recursos destinados a promover las políticas de igualdad (en este caso, de géneros) y la concienciación social a favor de tales objetivos con la desgraciada desaparición, en nuestro caso, de la Educación para la Ciudadanía del curriculo escolar que tanto daño ha hecho a la formación en valores de nuestra juventud. Pero crucemos este dato con el otro de la aparente interinidad de este Gobierno en funciones que nos tutela y que escurre el bulto para todo lo que le interesa (así su posición frente al asunto de los emigrantes y exilados musulmanes en la Unión Europea) desligándose del preceptivo control parlamentario y apelando al hecho de que no fueron estas Cortes quienes le depositaron en su día la confianza, pero ejercitando sorprendentemente todo su poder decisorio al prolonagar los sesenta años de concesión a la explotación de una fábrica papelerra en la margen de ría de Pontevedra, con un altísimo coste medioambiental y otorgando la ampliación de esa explotación de tapadillo, como cuando un torero interpreta un estatuario mirando aparentemente al tendido pero vigilando al morlaco de reojo no vaya a ser que se lo lleve por delante. Es como si las mujeres, cada vez que se da por acabada una legislatura y mientras se desenvuelve la campaña electoral, dejaran en suspenso sus múltiples tareas, que de hecho desempeñan, y no amamantaran a sus crías y no hicieran los trabajos familiares que realizan, por cierto, sin ningún imperativo legal. Y como escribo esto el viernes 11 de marzo de 2016, no puedo dejar de acordarme de aquel otro Gobierno en funciones del postrer Aznar que, cuando se encontró con los pavorosos atentados en los ferrocarriles madrileños, reaccionó mintiendo cobardemente a la ciudadanía y achacando a ETA lo que ya se sabía positivamente de autoría yihadista; lo que le costó al PP la derrota electoral y a Rajoy su primer chasco frente al gobierno, aunque luego se lo haya cobrado bien cobrado en la reciente legislatura aplicando su mayoría absoluta de forma inmisericorde; tanto que ya hasta se nos ha olvidado que el entonces portavoz de partido conservador era Eduardo Zaplana, el fundador de la ahora residual organización de la Comunidad Valenciana, aquel que, en su día, dijo estar en política "para forrarse" y cuando se juzgó ante la Justicia la autoría del 11 de marzo, apostilló con sorna que "a lo mojor" los atentados no habían sido cosa de ETA. Pronto perdió la gente la memoria de aquellos polvos y pronto han venido los lodos que ahora nos anegan hasta el labio superior, en Alicante, Castellón y Valencia; en la Comunidad de Madrid; en la mísmísima capital y en su calle Génova; por nuestra culpa, por nuestra jodidísima culpa, ahora que se acerca la estación de la Penitencia y se conmemoran los crímenes de Atocha y Cercanías con la presencia ensimismada y olvidadiza del Presidente en Funciones que esntonces fue el Candidato en funciones, fracasado, por sus pecados y por los de su jefe de filas y por los de su Secretario General, que entonces no era Cospedal sino Acebes, aunque todos cobraran ya en B de Bárcenas, en directo y no en diferido, pero si casi ya "por plasma" y por plastas, que lo son, aunque no se nos vaya a ocurrir meterles la mano o el dedo en la boca bobalicona esa que exhiben, ni olvidarnos de aquello nunca jamás, que luego nos pasa lo que nos ha pasado y lo que nos puede volver a pasar de ahora en adelante. Y eso que están en funciones...