Como el entrañable E. T. gimiendo por ‘mi casa, mi casa’, el voluntarioso M. B. no cesa de mendigar ‘mi debate, mi debate’. Sin duda la intención de los estrategas de la campaña popular es buena, pues se trata de poner en apuros a su adversaria Susana Díaz dejándola como cobardica y obligándola a pechar con el coste de decir que no a un cara a cara que, por otra parte, la mayoría de los electores estarían encantados de contemplar. La intención, pues, es buena, es decir, es mala, que ya se sabe que en campaña ser malo es ser bueno y ser bueno es ser malo, una paradoja que los veteranos conocen bien pero que algunos recién llegados a la batalla, como Alberto Garzón según algunos de los suyos, no han asimilado del todo. PEDID, PEDID, QUE NO SE OS DARÁ Ahora bien, a Moreno Bonilla tal vez no le venga bien insistir tanto en su petición, hasta ahora tan estéril, de tener un debate con la presidenta. Las solicitudes reiteradas una y otra vez pero desoídas una y otra vez van dejando al solicitante en una posición cada vez más desairada. Más patética, como diría Rajoy. Es lo que, a su manera le ha venido ocurriendo a Izquierda Unida con su machacona insistencia en converger con Podemos mientas éste mostraba una displicencia que debería haber alertado a IU mucho antes de lo que lo ha hecho (si es que lo ha hecho). El presidente del PP es mucho menos conocido que la secretaria general del PSOE y las encuestas sitúan a su partido varios cuerpos por detrás de su principal adversario en la carrera del 22-M, de manera que no es probable que la Mala Díaz esté dispuesta a regalarle al Buen Juan Manuel ninguna de las dos cosas: ni la cuota de popularidad que le falta ni la imagen de alternativa creíble que no acaba de tener. En campaña ser bueno es ser malo y ser malo es ser bueno, de manera que el PSOE seguramente no va a cometer la bondad de salvar al soldado Juanma. VIVA LA DEMOCRACIA Y VIVA YO Otra cosa bien distinta, si no la misma, es que un cara a cara entre los dos principales candidatos en unas elecciones mejora la calidad democrática del proceso. Pero pedir a los partidos que lo celebren por ese angelical motivo sería pedirles demasiado. ¿Pide Moreno Bonilla ‘mi debate, mi debate’ porque su celebración es mejor para la democracia? Es obvio que no: lo pide porque es mejor para él, del mismo modo que en las elecciones de 2012 Javier Arenas rechazó el cara a cara contra Griñán porque interpretó, en su caso erróneamente, que le perjudicaba y del mismo modo que en 2008 Chaves y Arenas estuvieron de acuerdo en celebrarlo porque ambos intuían vagamente que les beneficiaba. BUENAS RAZONES, MALOS RESULTADOS En principio, Moreno tiene tan buenas razones para reclamar el cara a cara como Díaz las tiene para rechazarlo. Ahora bien, en esta ocasión el interés particular de Bonilla tiene la virtud de coincidir con el interés general de la propia democracia en la celebración del debate. Aun así, ambas buenas razones lo son en el papel; no está claro que lo sean en la realidad. Desde luego, las ‘buenas razones’ de Arenas para negarse en 2012 a debatir con Griñán se volvieron finalmente contra él. ¿Por qué lo sabemos? Porque le fue mal. Jugamos, pues, con ventaja al responder afirmativamente con tanto desahogo. Trasladado el escenario de 2012 a 2015, en apariencia a Susana Díaz le perjudica, siquiera indirectamente, un debate con Moreno: no tanto porque tema perder con él como porque sería regalarle un foco privilegiado que él no ha sabido conquistar por su cuenta. Ahora bien, la situación electoral es tan volátil que lo que parece bueno puede acabar siendo malo y viceversa. Y no, no es solo un juego de palabras. DEBERÍAMOS, DEBERÍAMOS ¿Deberían Díaz y Moreno cruzar armas en singular combate? Deberían, aunque ello dejaría a Canal Sur en una posición muy desairada ya que ha sido Televisión Española y no la cadena autonómica quien ha propuesto ese debate a dos. ¿Qué ocurrirá finalmente? Casi seguro que lo mismo que ocurría en la célebre escena de ‘El hombre tranquilo’, cuando el inocente pastor protestante pregunta al bragado cura católico si no deberían detener la feroz pelea entre los dos cuñados. “Deberíamos, deberíamos”, contesta el cura, sin intención alguna, por supuesto, de mover un dedo para detenerla. ¿No deberían los socialistas aceptar el cara a cara con los populares?, pregunta el periodista. “Deberíamos, deberíamos”, contestan ellos.