Contemplando la batalla política, las manipulaciones en medios de comunicación con claras orientaciones partidistas, los escarceos internos en los propios partidos políticos o los gestos y postureos de estos de cara a sus estrategias ante las posibles negociaciones, unos ciudadanos llegan a aburrirse y otros incluso acaban renegando de la política. Sería una pena que esto ocurriese justamente cuando nos jugamos tanto y cuando parece que fruto de la crisis, se ha producido un despertar del interés por la política en el conjunto de la sociedad. Por todo ello, creo que la principal cuestión de la que no debemos distraernos los ciudadanos en estos momentos es que quien se juega realmente el futuro es la sociedad española. Por tanto, creo que como ciudadanos debemos asumir nuestra responsabilidad en medio de la actual incertidumbre política, pues tenemos mucho que decir si queremos que dentro de diez años nuestro país sea más próspero para todos, hayamos mejorado definitivamente la educación, haya menos desigualdad y más justicia social, mejor distribución de la riqueza, etc., que es lo que realmente nos interesa y lo que nos estamos jugando. ¿Hasta dónde llega esa responsabilidad de los ciudadanos? Pues por un lado pienso que debemos hacer el ejercicio de visualizar ese escenario de futuro que queremos, ese país mejor, del que todos podamos estar orgullosos. Y digo todos, porque hacer este ejercicio incluye incorporar la cuestión de Cataluña sin prejuicios previos y cargándonos de empatía catalanes y el resto de españoles, sin que ello implique obviar los intereses legítimos. Creo que debemos tener los pies en el suelo y partir de la realidad actual, reconociéndola nos guste o no, para transformarla y llevarla hacia ese escenario que deseamos. Hay muchos puntos que, analizados con objetividad y sin prejuicios, seguro son comunes para españoles de derechas e izquierda, para independentistas o no independentistas, nacionalistas (ya sean catalanes, españoles, vascos, etc.) o no nacionalistas, monárquicos y republicanos, etc. Una vez visualizado todo esto, y reflexionado desde el sentido común de cada uno, con objetividad, creo que debemos estar por encima de las siglas políticas con las que hayamos simpatizado más o menos, les hayamos votado o no, y exigir un gobierno para la próxima legislatura que atienda esas prioridades comunes por encima de todo. Un gobierno que dé estabilidad y que afronte las reformas más necesarias y urgentes, incluida la más importante de todas, la de la Constitución. CAMBIAR LA CONSTITUCIÓN SIN MIEDO   Sólo desde el miedo se puede mantener el discurso de que no es necesaria una reforma constitucional en este país. Pero para prosperar y avanzar no se puede tener miedo a los cambios, porque estos serán necesarios. Con los cambios nos podremos equivocar en ocasiones, seguramente, pero con el inmovilismo seguro que no avanzaremos y perderemos muchos trenes. Tenemos la oportunidad de dar un cambio a este país que no será, como dijo Alfonso Guerra cuando el PSOE ganó las elecciones por goleada en 1982, "poner a España que no la va a conocer ni la madre que la parió", no, porque la debe conocer y muy bien la madre que sea capaz de parirla, que no será otra que la propia sociedad española en su conjunto. Es una oportunidad para un cambio que nos ofrezca muchos años de estabilidad territorial por delante y de prosperidad. Reconozcámoslo, el traje de nuestra Constitución de 1978 se nos ha quedado pequeño y anticuado, nos aprieta por aquí, tiene un descosido por allí... ¿Qué tiene de malo hacernos un traje nuevo, a medida y moderno, del que estemos orgullosos de salir con él puesto a pasearnos por el mundo? Considero que esa es nuestra responsabilidad, y eso debemos exigir a nuestros políticos, y lo mismo con la educación, la sanidad, el medio ambiente... No podemos ponerle al país un traje que no sea económica, social y ambientalmente sostenible, que no apueste por las energías renovables, por la conservación de sus riquezas naturales y su extraordinaria biodiversidad, por una agricultura del siglo XXI que produzca más calidad y en armonía con el entorno, por la investigación y la innovación, etc. No podemos ponerle al país un traje que nos impida elevar nuestra voz con fuerza y firmeza en las cumbres y acuerdos internacionales. Si queremos mejorar Europa y el mundo en su conjunto, debemos primeramente demostrar como sociedad que somos capaces de resolver con altura de miras nuestros propios problemas y así podremos exigir que los demás sigan nuestro ejemplo y que confíen en nuestras capacidades y sentido de la responsabilidad. DEBATES AMPLIOS Y SOSEGADOS Esas creo que serían las prioridades para una próxima legislatura. Durante la misma, la sociedad podría acabar de madurar buena parte del resto de cuestiones importantes sobre las que se requieren debates amplios y sosegados antes de hacer cambios. Me refiero, por ejemplo, a la cuestión de si queremos ser una república o seguir siendo una monarquía parlamentaria. Estas cuestiones, también importantes y que no debemos temer a plantearnos, creo que deben abordarse desde ese escenario algo más sosegado y de estabilidad. Pero, sinceramente, creo que no es bueno que echemos toda la leña al fuego ahora mismo, porque los cambios importantes requieren su tiempo y de períodos de estabilidad, para que los debates no estén más viciados de la cuenta por cuestiones de mayor urgencia. Creo que son suficientes estas pinceladas para que entendamos que la responsabilidad recae en los ciudadanos, en nuestra capacidad para liberarnos de las manipulaciones y las ataduras de los partidos políticos y en nuestro sentido común. A partir de ahí, exijamos a nuestros representantes que establezcan acuerdos y compromisos en torno a propuestas concretas. Y si éstas las defienden tal partido o tal otro, tal coalición de partidos o tal otra, apoyémosles por eso que defienden y no sigamos el juego de las maniobras destructivas ni de las consignas que apelan al miedo por parte de aquellos que sólo defienden sus intereses personales o de partido. PRIMERO PROGRAMA, LUEGO GOBIERNO El órdago de Podemos del viernes pasado ha dividido a muchos analistas y a la opinión pública, entre quienes consideran que realmente esto no busca una posibilidad de entendimiento con el partido socialista junto a otras fuerzas de izquierda, sino más bien acabar con el PSOE e ir a nuevas elecciones, y los que consideran que es una oportunidad para Pedro Sánchez de demostrar valentía, liderazgo y salvar los trastos de su partido pactando un gobierno que lleve a cabo políticas de izquierdas que contrarresten cuanto antes los efectos de los cuatro años de gobierno del PP. Por su parte, también desconocemos qué estrategia, si la hay, se oculta tras la renuncia inicial de Rajoy. Y vemos como de nuevo el debate se ve centrado en los intereses y estrategias de los partidos y sus dirigentes. En una cosa ha llevado sin duda mucha razón Pedro Sánchez en sus declaraciones del viernes tras su visita al Rey, argumentando que hay que centrarse primeramente en un programa para el acuerdo de gobierno, y posteriormente decidir el equipo humano responsable de liderarlo. Y ahí es dónde entiendo que debería estar el debate de los ciudadanos. No entremos al otro juego y hagamos venir a los políticos una vez más a lo que a nosotros como sociedad nos interesa. Es importante no aburrirnos ahora, no caer en los malabares de aquellos que pretenden que los ciudadanos volvamos a desanimarnos de la política, miremos hacia otro lado y les dejemos hacer a ellos. Ahora, más que nunca, debemos seguir exigiendo y preocupándonos, valorando en su justa medida los gestos de quienes asuman la responsabilidad de tomar las riendas y liderar los cambios necesarios, y mostrando también nuestro apoyo a programas y medidas concretas, serias, rigurosas y responsables, porque nos jugamos nuestro futuro, el de cada uno de l@s españolit@s. (*) Tony Herrera Grao es biólogo, consultor ambiental y miembro fundador de la Fundación Nueva Cultura del Agua (FNCA) y del Centro Ibérico de Restauración de Ríos (CIREF).