Se declara darwinista puro y aprovecha cualquier inciso para colar una metáfora científica. “Tenemos fiebre”, dice del sistema universitario en general. Catedrático de Botánica, Eugenio Domínguez Vilches lleva 15 meses como rector de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) intentando hacer frente a la crisis sin perder calidad. Aenor acaba de concederles una certificación de excelencia: “Me dan un poco de miedo los premios porque significa que has llegado a un escalón y no puedes bajar”, reconoce. ¿Qué balance hace de su gestión al frente de la UNIA? He gastado más energía de la que pensaba en un principio. Se han juntado muchas cosas. Las circunstancias del país, de la región… Yo venía de haber llevado las riendas de una universidad grande, como la de Córdoba, y al llegar aquí intenté extrapolar, o mejor dicho intrapolar, las ideas de gestión de aquella casa. Pero muchas veces el tratamiento que se le da a un animal grande no vale para uno pequeño. Y me he tenido que adaptar a la estructura y la estructura a mí. Los objetivos se están cumpliendo pero con un gasto de energía muy alto. En general, desde un punto de vista académico estoy mucho más que satisfecho, tanto en la oferta de máster o los cursos de verano. Y así lo corroboran los sistemas de medición de calidad. Ahora hemos puesto en marcha una idea que es la de poseer un consejo asesor académico formado por personas de reconocido prestigio. Y no puede ser cualquiera. Estamos nutriéndolo básicamente de personas que se acaban de jubilar y gente que tiene unas ganas tremendas de seguir funcionando en la universidad. Todas las peticiones han sido respondidas con entusiasmo. La última respuesta que he recibido ha sido de Margarita Salas. Si hay algún científico vivo que merezca estar en ese consejo es ella. Salas y su marido, Eladio Viñuela, han sido los más importantes científicos en investigación molecular en España desde que murió Severo Ochoa, de quienes son discípulos. También van a formar parte del consejo María Teresa Fernández de la Vega, Cristina Narbona o Álvaro Gil Robles, que dará la lección inaugural de la UNIA el próximo 10 de febrero en Baeza. Queremos que nos asesoren, y que si nos equivocamos, nos equivocamos con ellos. Con estas personas podemos tener una tranquilidad de que lo que pongamos en marcha es algo que tiene valor, calidad y que se adapta a lo que pide la gente. Porque nuestros alumnos no son sólo recién egresados. Hay quien vuelve a reciclarse, a adquirir nuevos conocimientos. [cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]Margarita Robles, María Teresa Fernández de la Vega, Cristina Narbona o Álvaro Gil Robles formarán parte del consejo asesor de la UNIA[/cita] ¿Cómo está haciendo frente a la crisis esta universidad? Tenemos que ser inteligentes en el uso de los recursos y los recortes que venimos soportando, en general, pueden ser compensados con la imaginación y un uso racional de esos recursos. Los recortes, a los que el Ministerio de Educación no llama recortes, no han mermado nuestra capacidad de trabajo ni nuestros objetivos. Quizás esos recortes hayan afectado más a las posibilidades que tienen las personas que quieren venir a hacer cosas aquí. Nosotros hemos incrementado la concesión de becas. ¿Y cómo se hace eso? Porque en los presupuestos no se puede ir contra el segundo principio de la termodinámica, no podemos sacar energía de donde no la hay. Pues recortando en otras cosas en las que hay que ser mucho más ágiles, más efectivos, para que tampoco se resientan. Hay que sacar un poquito de ahí y darlo en otro lado. Por ejemplo, hemos reducido los viajes del rector, que puede ser contradictorio tratándose de una universidad internacional. Hay gente que ve con malos ojos que los responsables universitarios viajen a otros países. Tengo que decir que eso es un catetismo. Los viajes son importantísimos y reducirlos puede mermar nuestras capacidades internacionales. Las compensamos, sin embargo, perteneciendo al grupo La Rábida, donde hay representadas 17 universidades latinoamericanas. También ofertamos cursos en los que las matrículas casi son irrisorias, como la escuela de divulgadores, que cuesta ocho euros. Cursos que están costando entre 9.000 o 10.000 euros en otros sitios, los estamos ofertando a 2.500 euros. [cita alineacion="derecha" ancho="50%"]"Los recortes no han mermado nuestra capacidad de trabajo ni nuestros objetivos. Hemos incrementado las becas"[/cita] ¿Cuál es el estado de salud del sistema universitario en general? Tenemos fiebre. Tenemos síntomas visibles, pero todavía no hemos diagnosticado de verdad la enfermedad que padecemos. Yo creo que es una enfermedad compleja, que tiene algo de psicosomático. Pero como no la hemos diagnosticado, no sabemos qué tratamiento podemos darle. No obstante, es difícil que esta criatura se muera porque llevamos desde el siglo XVI, y a pesar de que hemos hecho todo lo posible por cargárnosla no hemos podido. Se trata de una enferma que goza de una extraordinaria mala salud de hierro. Sobrevivirá. ¿Qué siente, como científico, cuando escucha que los jóvenes se están marchando de España porque aquí no pueden investigar? No sólo como científico, sino como padre. Uno de mis hijos es empresario. Montó una empresa de base tecnológica, muy ligado a la universidad, y le acaban de dar un premio en Estados Unidos. ‘Qué pena que no haya sido en España’, me ha dicho. Aquí o no se les escucha o cuando se les escucha se les ponen tales trabas que tienen que irse fuera. Él ha decidido que su futuro está fuera de este país, y eso es muy duro. Es fruto de la cortedad de miras y de políticas muy cortoplacistas. Los gobiernos de turno no se creen la investigación y no cambiará nada hasta que no se la tomen en serio. Estamos haciendo un gasto de energía formando a gente que luego presta sus conocimientos en otros lugares. Yo terminé mi carrera en el 70 y para formarme no tuve más remedio que irme al extranjero. Allí estuve dos años pasándolo bastante mal, por cierto, desde el punto de vista del confort, que luego disfrutaba mucho. Pero ahora la gente que se va no tiene capacidad de retornar. Tengo otro discípulo con una cabeza fabulosa que, finalmente, se ha instalado en Alemania, donde tampoco atan los perros con longanizas, pero puede trabajar y desarrollar sus ideas. En investigación hemos pasado del AVE al carretas o el rápido, el tren que tardaba casi 20 horas en llegar a Madrid. Y si tú paras un año en investigación, luego necesitas 10 años para empezar de nuevo. Por otro lado, la tasa de reposición tiene que aumentar porque al final esto va a ser una residencia de ancianos. [cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]"En investigación hemos pasado del AVE al carretas o el rápido, el tren que tardaba casi 20 horas en llegar a Madrid"[/cita] ¿Es partidario de reducir titulaciones? Yo no creo que sobren. Como soy biólogo, yo creo en la selección natural, soy un darwinista puro. Creo que las universidades deben ofrecer lo que quieran y será el propio sistema el que terminará seleccionando las que son buenas y desechando las malas. Si en un futuro la financiación termina siendo casi por objetivos, si no cumples, terminarás racionalizando tu oferta. Pero no todo el mundo que estudie una carrera tiene que acabar trabajando en eso. Por ejemplo, en periodismo, no todo el mundo que estudie periodismo tiene que trabajar en un periódico. Hace unos años, en Suecia me recogió un conductor en el aeropuerto que era licenciado en una filología. Lo hizo, según me contó, porque quería tener una gran formación. ‘Eso me permite tener una conversación interesante con usted”, me dijo. Charlamos sobre la universidad, la literatura… Yo leí mi tesis doctoral en biología en 1973. Antes de que me metiera en esta casa, de pronto un día me matriculé en Historia para hacer otra tesis. Me examiné del Diploma de Estudios Avanzados y tenía la tesis muy avanzada, pero entre la burocracia en los estudios de posgrado -que me parece una de las barbaridades de Bolonia- y mis responsabilidades, no sé si la terminaré leyendo algún día. ¿Y para qué quiero ser doctor en Historia? Para satisfacer algo que tengo en el ego. Por eso creo que de las titulaciones se encargará el propio sistema. Si se crea un grado de Enfermedades Raras y se matriculan 10 alumnos, ¿hay que eliminarla? Pues no, porque eso puede tener una enorme rentabilidad social. ¿Qué grandes diferencias hay entre la enseñanza universitaria cuando usted empezó y la de ahora? La diferencia es abismal. Yo empecé en el 64 en unas condiciones paupérrimas. La sección de biología se creó en un trocito de la fábrica de tabacos. Arriba estábamos los biólogos y abajo los físicos y los químicos. Los despachos estaban en los pasillos con armarios, compartíamos mesa, no teníamos dinero para nada. La enseñanza era bastante deficiente por la falta de material, pero se compensaba con unos profesores con ilusión y ganas de trabajar. Yo sigo hablando de mis maestros, algo que ahora no se escucha. Yo tuve un maestro en mi área al que seguía llamando don Emilio incluso cuando murió. Me enseñó todo lo que sé o me abrió las puertas para que yo aprendiera. La única ventaja era la existencia de esos maestros. Desde el punto de vista material era un desastre, parecía de broma. Había cuatro libros en la biblioteca, era casi imposible encontrar publicaciones de fuera. Cuando llegué a Edimburgo en el 71, me encontré con otro mundo. En España hay extraordinarios investigadores hoy, pero probablemente necesitemos de maestros que vivan la docencia y disfruten con la docencia. ¿Cómo van los lazos con Latinoamérica y el Magreb? Tenemos un buen caché en Latinoamérica. Dices que vas de cualquier universidad y se quedan como dudosos, pero dices que vas de la UNIA y todo el mundo sabe de qué universidad se trata. Nosotros aportamos mucho, pero también nos encontramos con cosas allí que nos sorprenden. En Bogotá, me quedé pasmado con la universidad a distancia y su metodología. Acabo de llegar de Chile y lo mismo. Con el Magreb, tras los últimos años de desestabilización en países como Túnez o Egipto, estamos retomando proyectos que quedaron suspendidos. En Marruecos, lo que antes eran cursos, ahora serán reuniones mítines y seminarios de alto nivel donde valga más la calidad que la cantidad. Empezaremos en las próximas semanas.   unia       1. La UNIA lleva a Platero a su tierra 2. Soy yo 3. Cansadas de la igualdad de corta y pega  4. Elija: ¿Trabajador pobre o parásito asistido? 5. Arte sin mecenas 6. Somos capaces 7. Cursos de verano contra el desempleo 8. "A veces estoy en la parada del bus y quiero que me abracen" 9. Excelentísima UNIA 10. Enfermedades no tan raras