Juan Carlos Martínez, autor del libro 'La represión en el occidente sevillano' pretende desmitificar viejos tópicos de la represión franquista: “El franquismo entendió que los rojos no tenían ningún derecho a nada. Le quitó las tierras, les quitó el trabajo, les quitó la vida, les quitó a sus hijos y cuando vio que les quedó claro el mecanismo, los dejaron vivir en su sistema”. Repasando paso a paso la historia de 20 municipios andaluces, Martínez no habla de genocidio, sino de lecciones aprendidas, para “que nadie en el otro bando fuera capaz de movilizarse en casi en 40 años de dictadura”. La Casa de la Provincia de Sevilla acoge este martes la presentación de esta obra con investigaciones inéditas a partir de las 19:00 horas. Martínez recuerda que no podía hablar de aquellos episodios durante su juventud. Fue ya a partir de la universidad cuando comenzó a investigar y centró su tesis en este propósito. “Quería conocer de cerca qué había ocurrido con muchos de aquellos hombre y mujeres y saber la verdad”. En este ámbito geográfico de la provincia hispalense, Martínez destaca la existencia de una “violencia planificada con técnicas de terror y limpieza política a una amplia mayoría de la población”. También afirma que no hay lugar para pensar en “una violencia genocida”. Se trata más bien de una “limpieza política que no permitiera en un larguísimo período de tiempo hacer la más mínima oposición al régimen”. De esta forma, Martínez apunta que “aprendían la lección”, aprendían a “modificar sus comportamientos cotidianos”. LA TEMIDA JUSTICIA MILITAR Martínez relata en uno de los capítulos el consejo de guerra 1/37 que se celebra en Aznalcóllar con más de cien republicanos acusados. “Los papeles que he encontrado destacan que aquel consejo se celebró en menos de un día para juzgar a toda aquella cantidad de procesados”, aclara. Formando grupos de tres pasaban por la sala grupos de una media de cuarenta personas a la hora. Se ratificaron 43 condenas a muerte. Además existía una “clara evidencia de la utilización arbitraria de códigos de justicia, ya que los miembros que había en la sala también eran señoritos del pueblo que señalaban prácticamente con el dedo y a los que les sobraba la instrucción del proceso”. Muchos de aquellos jueces venían de la etapa republicana. “Por miedo a ser represaliados muchos accedieron a formar parte de este tipo de justicia”. Entre las colaboraciones con la Guardia civil y Falange, Martínez añade un tercer factor del que poco se habla y es el los “vecinos”. “Muchos colaboraron de forma activa con el golpe franquista y hay veces que la oposición tenía una ramificación civil que ayudaba a los militares a ajusticiar a los republicanos. EL CASO DE LAURA SOTO Martínez recoge el relato de una joven republicana que fue fusilada al pasar a la otra zona cuando su pueblo fue tomado. Es la historia de Laura Soto. Tras ser asesinada, su hija quedó en manos de las autoridades franquista y dada en adopción. Para Martínez es una de las historias más conmovedoras del libro “La historia me llegó muy dentro porque el padre de Laura Soto quiso en el año 41 buscar a su nieta en la casa donde vivía”, en una pedanía de Carmona. “Su nieta tenía por aquel entonces unos seis o siete años. Aquel hombre dio a los padres adoptivos la parte de su herencia para que cuidaran de ella”. Después de aquel reencuentro, el padre de Laura moriría y no se volvieron a ver. Martínez decidió emprender la búsqueda de aquella nieta de la que conocía su ubicación “Es un episodio muy dramático y a pesar de que hice mil kilómetros no quise insistir para que hablara conmigo de aquel tema. No me quiso atender”. Hoy la hija de Laura Soto, tiene 80 años y vive en un pueblo de Barcelona.