La petición al arzobispo por parte de las presuntas víctimas de abusos sexuales del psiquiatra y hermano mayor de una cofradía de Sevilla era muy escueta: que "como cabeza visible de la Iglesia de Sevilla, adopte las medidas oportunas contra quien es hermano mayor de una importante Hermandad". El titular de la Archidiócesis de Sevilla, José Asenjo, ha recibido esta mañana a varias de las presuntas víctimas para conocer de primera mano su declaración y "ha mostrado su preocupación por la gravedad de los denuncia, recogiendo sus testimonios personales y confortándolas, mostrando su consuelo y la esperanza de que todo se resuelva favorablemente", según un comunicado difundido por el abogado de las víctimas, Manuel Seco. Por su parte, el mundo cofrade sevillano guarda silencio. Ninguna de las cerca de 60 hermandades de la ciudad se ha pronunciado públicamente sobre el hecho de que continúe al frente de la Hermandad de Pasión una persona sobre quien pesan tan pavorosas acusaciones. El Consejo de Hermandades tampoco ha hablado. YA SON 18 Mientras tanto, otras seis mujeres han decidido sumarse a la plataforma de personas que ha denunciado por supuestos "tocamientos impúdicos" y relaciones sexuales "no consentidas" en su consulta "y en su propia casa" al conocido psiquiatra, asunto por el que la Fiscalía de Sevilla ha decidido abrir diligencias de investigación. Según algunos cálculos, el número de mujeres que se habrían sumado a la denuncia inicial se elevaría ya a 18. El portavoz de este colectivo, Manuel Seco, se ha mostrado "abrumado" por el "gran número de personas que se han puesto en contacto con esta plataforma para contar sus casos y también para mostrar su apoyo ante la denuncia que están preparando para presentar ante la justicia". UN TRATO DEGRADANTE En la denuncia presentada inicialmente ante el Colegio de Médicos de Sevilla, la abogada Inmaculada Torres relata que, “al menos desde el año 1990″, Criado “estuvo atendiendo al menos a seis mujeres que acudieron a su consulta con graves problemas de depresión”, pero “lejos de realizar un diagnóstico y aplicarles un tratamiento adecuado a su dolencia, como exigen los Estatutos de la Organización Médica Colegial y el Código de Deontología Médica, se aprovechó del estado de las pacientes para fines eminentemente personales”. De este modo, las “sometió a un trato degradante que afectó a la dignidad de ellas como personas, ejerciendo un control absoluto sobre sus actos”, a consecuencia de lo cual algunas de las víctimas “necesitaron tratamiento psiquiátrico y psicológico de otros profesionales, continuando alguna de ellas, a día de hoy, con el mismo tratamiento por las graves secuelas que les dejó, de las que aún se están recuperando”. El psiquiatra y cofrade considera, sin embargo, que los hechos que se le atribuyen son “falsos de toda falsedad”.