[cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]UNA[/cita] Podemos pedalea a toda velocidad hacia la socialdemocracia, aunque intenta que se le note lo menos posible y de ahí esos regates retóricos de Pablo Iglesias como el de diferenciar entre la ‘nueva’ y la ‘vieja’ socialdemocracia o el de pretender que los fundadores del comunismo no eran comunistas sino más bien socialdemócratas. Cuanto más verosímil sea su opción de victoria, más socialdemócrata se hará Podemos. [cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]DOS[/cita] Del mismo modo que nunca ha habido un viejo y un nuevo comunismo, tampoco hay ahora una nueva y una vieja socialdemocracia. Aunque algo ajado, el traje ideológico de la socialdemocracia es el mismo de siempre: lo que se discute, simplemente, es quién se apropia de él. [cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]TRES[/cita] Alberto Garzón seguirá siendo comunista, pero durante la campaña electoral lo dirá cada vez menos y en voz cada vez más baja: la franqueza y la cercanía al poder son variables inversamente proporcionales. No es que el poder sea incompatible con la sinceridad: es que su prioridad es el bien, no la verdad. [cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]CUATRO[/cita] Si Podemos tuviera que gobernar el Estado, le ocurriría lo que le está ocurriendo a la CUP catalana, que desde que las urnas pusieron en sus manos el poder de decidir tiene el ‘corazón partío’: los realistas creen que lo primero es sostener al Govern para avanzar hacia la independencia aunque ello signifique bajar al barro y los idealistas creen que lo primero es preservar a toda costa la túnica inmaculada de las ideas puras y verdaderas. Otra vez platónicos y aristotélicos a la greña. La CUP todavía no ha estallado pero está en ello: la única manera de que eso no suceda es que internamente se imponga con claridad uno de los dos bandos. Y en Podemos, lo mismo. [cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]CINCO[/cita] Al contrario que en los partidos de derechas, que siempre son aristotélicos, en todo partido de izquierdas hay siempre un alma platónica y un alma aristotélica, pero a medida que aumentan sus opciones de alcanzar el poder la segunda se va imponiendo fatalmente a la primera. De hecho, a veces se impone demasiado, como bien sabe el Partido Socialista. [cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]SEIS[/cita] Podemos juega con ventaja en esta nueva versión de la vieja 'querelle' entre antiguos y modernos: cuenta con el prestigio de la novedad, exhibe el esplendor de la juventud y sus reproches al PSOE no son muchos de ellos verdaderos, pero sí son todos verosímiles, particularmente para unos jóvenes que ven en el PSOE a aquel recluso de 'Cadena perpetua' que se había institucionalizado hasta tal punto en prisión que ya no deseaba fugarse y dejar atrás sus muros. Naturalmente, el sueño secreto de los modernos es usurpar el pedestal de los clásicos, y como estos lo saben no se dejan y acusan de advenedizos a los jóvenes, a lo cual estos replican: ‘Bien ¿y qué?’. [cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]SIETE[/cita] El PSOE necesita, como Arquímedes, una palanca para levantar a sus apalancados votantes. De momento, no la ha encontrado, tal vez porque esa palanca no existe. El PSOE del pasado, cuando las cosas se ponían feas tenía una milagrosa palanca –hoy herrumbrosa lanza– llamada Felipe González que salvó al partido de la derrota en 1993 y a punto estuvo de estuvo hacerlo en 1996.