La cita es mañana y, en principio, iba a ser una cita orgánica más. La presidenta de la Junta y secretaria general del PSOE, Susana Díaz, tenía previsto desde hace algún tiempo un almuerzo con los secretarios generales de las ocho provincias andaluzas, pero las tensiones con Izquierda Unida en el Gobierno andaluz han disparado las especulaciones con una intensidad no desconocida pero sí imprevista. La fecha tope para convocar sin interferencias con las autonómicas y municipales de mayo es el próximo día 27. Después del verano ya hubo ruido de adelanto electoral pero la presidenta descartó una opción que entonces no estaba madura porque las diferencias con IU apenas se habían explicitado y las negociaciones para sacar adelante los presupuestos de 2015 transcurrían sin sobresaltos. Justificar un adelanto electoral no era fácil. Las siguientes semanas entre los dos socios fueron de cierta calma. Así fue hasta bien entrado diciembre, aunque nunca ha dejado de haber incidentes verbales o institucionales que los socialistas solían interpretar como falta de lealtad y sus socios como la expresión de legítimas discrepancias. En la segunda quincena de diciembre IU celebra su I Asamblea de Balance y a partir de ahí saltan todas las alarmas en el PSOE, que considera que sus socios han llegado demasiado lejos al poner fecha de caducidad al Ejecutivo: si éste no cumple el calendario legislativo pactado, la dirección de IU podrá convocar un referéndum entre la militancia para decidir la continuidad. Susana Díaz no acepta ese ultimátum, pero IU no lo ha retirado. En realidad, no puede hacerlo: es un mandato de la asamblea al que, al menos de entrada, no puede dar la espalda porque así lo aprobaron los militantes, en general bastante críticos con el pacto. Otra cosa es que la consulta se convoque finalmente. En los últimos días los dirigentes de IU, y muy en particular el coordinador Antonio Maíllo, han rebajado mucho la tensión verbal y hablan mucho más de cumplir los pactos que de consultar a las bases. El problema de fondo es, en todo caso, que las relaciones entre ambos socios están marcadas por una profunda desconfianza. Una desconfianza que a estas alturas parece imposible de superar. El PSOE está convencido de que IU elegirá para romper el Gobierno el momento que más le convenga y lo mismo piensan en IU en relación al PSOE, si bien ninguno de los dos quiere cargar con el sambenito de quedar como responsable del adelanto. Por lo demás, todos los analistas coinciden en que la aparición del fenómeno Podemos ha trastocado por planes tanto de IU como del PSOE, principales perjudicados del ascenso del partido de Pablo Iglesias. Ello ha llevado a ambos a meditar si no les convendría un adelanto en Andalucía, donde Podemos todavía no ha acabado de cuajar del todo. En el ánimo de Díaz también pesa la preocupación por las perspectivas de su partido a nivel federal. La renovación política y generacional que encarna Pedro Sánchez no parece estar dando los resultados electorales previstos. Si la cita electoral andaluz sale bien para el PSOE, eso ayudaría mucho en las municipales y autonómicas de mayo, pero lo cierto es que no deja de entrañar importantes riesgos, el principal de ellos dar un relato claro y preciso de las razones para adelantar. Unas razones que a día de hoy no parecen suficientes.