Aunque en el día de ayer hubo palabras y comunicados que intentaron rebajar la tensión de cara a la galería, las relaciones entre el PSOE e Izquierda Unida en el Gobierno andaluz se han deteriorado al mismo vertiginoso ritmo con que Podemos ha arrebatado a IU y al PSOE un espacio electoral que, si bien con coyunturales vaivenes, ambos partidos se habían acostumbrado a considerar de su propiedad. Unos recién llegados les están robando la cartera ante sus propios ojos y las tácticas de defensa ante el ‘atraco’ son muy distintas en cada partido: el PSOE se defiende a gritos y manotazos de los jóvenes asaltantes, mientras que IU parece haber optado por simular que el atraco de Podemos es un solo préstamo, en ningún caso un robo. Ciertamente, antes de la aparición de Podemos ya había diferencias porque, en rigor, entre IU y PSOE es imposible que no las haya: si nos las hubiera no serían IU ni PSOE. Pero Podemos las ha acelerado e intensificado hasta un punto de no retorno. Es una fuerza en auge que se declara absolutamente incompatible con el PSOE, pero no con IU, quien a su vez está interesada en aliarse con Podemos pero no en romper de forma inmediata con los socialistas. El punto de no retorno en las relaciones entre los dos socios se plasmó en la I Asamblea de Balance de IU, celebrada en diciembre en Sevilla, donde las bases expresaron de forma tan contundente y reiterada sus críticas al pacto de gobierno con el PSOE que la única manera de salvar el cónclave era entregarles a esas bases la decisión última sobre la continuidad del Gobierno andaluz. LA MALDICIÓN DE LA CONSULTA IU y su coordinador Antonio Maíllo creían haber salvado la comprometida situación dando a sus bases lo que pedían, pero dándoselo no en ese momento sino dentro de seis meses, fecha estipulada para la consulta interna, y creían también haber preservado el pacto con los socialistas, cuya ruptura no les interesa tácticamente, aunque el cuerpo se la venga pidiendo cada vez con más urgencia. Pero en el Partido Socialista no ven a sí las cosas. A su secretaria general, Susana Díaz, le parece absolutamente inaceptable que sus socios hagan pender sobre el Gobierno andaluz la espada de Damocles del referéndum. El problema es que IU no tiene margen para dar marcha atrás sobre la consulta: es cierto que se concedió a sí misma el margen de convocarla solo en el caso de que, de aquí a junio, se incumpla el calendario legislativo pendiente, pero ahora no puede –ni quiere ni en última instancia debe– decir que no la convocará. Precisamente, lo que todavía no está claro es en qué términos exactos pretende plantear el PSOE su exigencia de que no haya consulta a la militancia de IU. Las declaraciones de la presidenta y del número dos del partido, Juan Cornejo, sí han dejado claro que antes de someter la continuidad del Gobierno a la opinión de una exigua minoría de ciudadanos, como es la militancia de IU, “valorarán los nueve millones de andaluces”, es decir, habrá adelanto electoral. Ayer hubo declaraciones por ambas partes tendentes a apaciguar la situación, pero lo cierto es que el conflicto de fondo está sin resolver: IU quiere consulta y el PSOE no está dispuesto a permitirla. JUNIO QUEDA MUY LEJOS Ahora bien, ¿esperará la presidenta nada menos que hasta junio para romper o prefiere hacerlo ya mismo, antes de que acabe enero, de manera que el adelanto no sea incompatible con la convocatoria de las municipales del 24 de mayo? Imposible saberlo, aunque es cierto que las encuestas le son favorables al PSOE y las nuevas fuerzas en auge como Podemos o incluso como Ciudadanos tienen aún poco arraigo en Andalucía y tendrían que improvisar mucho para presentarse con garantías en unas elecciones que se celebraran en marzo. En Izquierda Unida ven la convocatoria del referéndum con mucho menos dramatismo. De hecho, tienden –en privado– a pensar que Susana Díaz está buscando un excusa para adelantar las elecciones. Aun así, ¿cómo salir del atolladero? El PSOE no puede pedirle a IU que se desdiga públicamente del compromiso adquirido de hacer la consulta: los socialistas saben que IU no podría hacer tal cosa. ¿UN PACTO DE CABALLEROS? La única solución –posible pero improbable– sería algo así como un ‘pacto de caballeros’ según el cual el PSOE aceleraría de buen grado el calendario legislativo pendiente e IU haría todo lo posible para aplacar a sus bases, de manera que no fuera necesaria la consulta. Pero una salida de esas características, pactada privadamente y basada casi exclusivamente en la buena fe, solo es viable cuando existe entre las dos partes una confianza mutua que, obviamente, no se da entre los dos socios de gobierno. La confianza ni siquiera se da entre cada socio en sí mismo: IU está hecha un verdadero lío porque si se equivoca puede acabar convertida en una fuerza insignificante, el PSOE no ha logrado superar la fase de interinidad abierta tras la dimisión de Rubalcaba (en realidad, tras la derrota de 2011) y ambos están seriamente amenazados por Podemos. Ahora bien, si el Gobierno no se rompe ahora, de manera inmediata, tampoco puede continuar durante los próximos meses con el grado actual de desencuentro entre los dos socios. El actual estado de cosas genera mucha incertidumbre y la incertidumbre, por definición, es un lastre para gobernar con eficacia. De manera que o bien rompen o bien lo arreglan. Ayer lo arreglaron un poco, sí, pero no lo bastante como para dejar de preguntarse no si romperán, sino cuándo lo harán.