Si algo vemos en la actuación de muchos políticos con sus declaraciones incendiarias, calentando ánimos, es que a veces se pasan. Nuestra sociedad merece mesura en la política porque siembra vientos que después hay que cosechar, y pueden ser cosechas muy tempestuosas.

Por ejemplo, cuando un político llama golpista a un legítimo presidente está regando de gasolina la convivencia, y cuando otro evento provoca una chispa, habrá ofrecido base ideológica para justificar lo injustificable. Se construye sobre estos sentimientos una actuación contraria, desproporcionada y muy hostil. ¿Cual es la primera reacción de la mayoría al recibir un golpe? Devolverlo y, si puede ser más fuerte, mejor. ¿Y si no lo devuelve cuál es la reacción de los que no están en la pelea? Llamar cobarde al que no devolvió el golpe, verlo como un débil. No se equivoquen, la confrontación acalorada que tienen en los parlamentos, los debates, esas declaraciones de tono grueso, fuera, alejado de su vodevil, es mucho más desagradable. Las comidas familiares, o con amigos, se complican mucho por culpa vuestra. 

¿Qué hay de débil en la contención de la fuerza? Si observan la relación entre perros grandes y chicos que conviven en un mismo espacio, verán que muchas veces los chicos provocan más, son los más ruidosos y más agresivos de cara a su interacción con los grandes. El grande debe ser templado, pues en un descuido el daño que podría hacer al chico es irreversible.

En las relaciones entre el gobierno de España y las comunidades debe primar este tipo de mesura, pues el gobierno central es el más grande, con diferencia. Así que cuando una autonomía es vulnerada por sus gobernantes, como es el caso de Cataluña, debe primar la cabeza fría. Los gestos al grito de “a por ellos” y similares, son de camorristas, y sobran. Los gobernantes que manejan estas situaciones deben ser mesurados. Y es que no hay nada más valiente que ofrecer diálogo, cuando lo fácil sería morder con la dentellada potente que se sabe que se tiene. Ser firme ante el ataque irresponsable y ofrecer la vía de la paz, una salida sin escalar en la agresión, porque el grande tiene más control de la situación, y esto es así, porque aunque tenga a un perrillo ladrando histérico a su alrededor, la desproporción de fuerza es tremenda.

Son muchos los que en este tiempo han hecho de la confrontación su caladero. Cuando observamos que por la defensa de lo legítimo nos sacan el deseo más atroz para la otra parte, el germen del odio sembrado por esa política irresponsable está dando su fruto. No hay que entregar el consentimiento a eso que sabemos que con cabeza más fría nos traerá arrepentimiento. No entreguemos nuestros derechos ni nuestros recursos para que lleven a cabo esta política incendiaria en nombre nuestro. Tratarán de hacernos creer que es justo, cuando es de todas desproporcionado. Somos los fuertes y todavía no hemos hecho ninguna estupidez. No busquemos gasolina ni cerillas. Al futuro que merece la pena construir le sobran estas cosas. Apoyemos algo que ofrezca serenidad, no conflicto.