“Hemos estado casi tres meses amenazados por la Policía Local, que nos levantaba a patadas a las puertas del Ayuntamiento de Sevilla”. Lagarder Danciu, líder del Campamento de la Dignidad de Sevilla, se enfrenta el próximo 31 de marzo a una citación del Juzgado de Instrucción número 4 "como responsable de un presunto delito de agresión y lesiones" durante el desalojo, el 22 de octubre pasado, del céntrico campamento donde pernoctaban una treintena de personas. La citación judicial no precisa el número de policías presuntamente agredidos, aunque Danciu asegura que se le atribuye haber agredido a 70 agentes locales: “¿Cómo voy a poder yo con tantos agentes?”, declara el activista sin techo a Andalucesdiario.es. El delito de atentado y lesiones, denunciado por el consistorio, le podría supone “una condena de seis meses de cárcel”, si se declara culpable. En caso contrario, podría sumar hasta tres años. INSALUBRIDAD Y PELIGROSIDAD El asentamiento ilegal llevaba 33 días instalado en el Paseo Juan Carlos I de la capital sevillana, junto a las dependencias de la empresa municipal de limpieza Lipasam. El Ayuntamiento justificó el desmantelamiento por la insalubridad y peligrosidad ya que había ido aumentando el número de personas, mobiliario e incluso enseres ilegales como bombonas de butano. En su momento, el grupo municipal de Participa Sevilla calificó el desalojo de “prácticas totalmente autoritarias con las que el Ayuntamiento de Sevilla vuelve a demostrar que con la fuerza se puede acabar con reivindicaciones sociales, en vez de encontrar solución a estas”. También se sumó a las críticas Izquierda Unida, que gobierna en el Ayuntamiento con el PSOE. Danciu afirma encontrarse resignado ante "tanta injusticia" en una ciudad imposible para los sin techo. “El abogado me ha dicho que debo reconocer que he agredido a los agentes. Es lo que busca la Policía para que tenga antecedentes y puedan hacer conmigo lo que quieran, pero no lo van a conseguir”, declara. Aquella madrugada del 22 de octubre parecía que iba a ser una más, acostumbrados como estaban a ser levantados por los agentes a las cuatro de la madrugada. Sin embargo, la redada de aquella noche iba a ser mucho mayor. Dos filas de policías con furgoneta incluida se pararon delante de las tiendas de campaña: “Me sacaron a la fuerza y me pisaron la cara con las botas”, señala Danciu. Era tal la estampa de terror de aquellos momentos que incluso destaca que muchos de sus compañeros, algunos enfermos, llegaron a “mearse encima” del miedo que tenían. Tras ser esposado, Danciu fue trasladado a los calabozos de la Comisaría de Blas Infante. “Me soltaron a las cinco de la mañana, en pijama, en medio de la calle”, aclara. “La Policía solo sabía decirme: vete a tu puto país, inmigrante”, asegura a este periódico que le decían los agentes una y otra vez. MALA IMAGEN PARA EL TURISMO Lagarder recuerda cómo un policía filmaba la escena. “Éramos 33 aquella noche y al resto de mis compañeros los llevaron al albergue a pasar la noche. Solo ese día. Al día siguiente volvieron a estar en la calle”. Tras ser puesto en libertad, Danciu continúo con el céntrico asentamiento con cuatro compañeros. “Venían varios agentes cada madrugada para levantarnos porque somos una mala imagen para los turistas”, nos decían. La lucha continúo hasta bien entrado el invierno. A primeros de enero, Lagarder junto a otros compañeros del campamento decidieron optar por la ocupación. “No podíamos estar más en la calle sin tener una respuesta por parte del alcalde”, señala. Ante la falta de espacios alternativos, Lagarder decidió ocupar un edificio de pisos cerrado. “Estamos en un bloque de okupas del banco BBVA en la zona de Santa Justa”. El proceso para el desalojo será lento. Al menos durante unos meses tendrán seguro un techo para resguardarse. “Hemos ocupado este piso pero ahora pondrán denuncia. Intentaremos negociar con el banco para en vez de mantener el piso vacío se haga un alquiler social. Llevamos desde el mes de febrero pasado y hemos invitado a muchos sin techo para que puedan venir hasta aquí para pasar la noche y no dormir a la intemperie”. SILENCIO MUNICIPAL El albergue municipal resulta insuficiente para el número de personas que duerme en la ciudad al raso, unas dos mil personas según Lagarder, que recalca la gestión privada del recinto por parte de la empresa Grupo 5, que "presta servicios de baja exigencia por seis millones de euros al año pero el supervisor es nuestro alcalde que es quien debe ver lo que está ocurriendo en su ciudad”. Este periódico ha formulado sin éxito al servicio municipal de prensa hasta seis peticiones para recabar la versión del Ayuntamiento. La estampa más dramática de los sin techo se encuentra bajo los puentes de la ciudad. “Allí se esconden cada noche hasta que viene la empresa Lipasam de limpieza y les quita la mayoría de pertenencias que han podido ir juntando para subsistir y otra vez vuelta a empezar”, relata Lagarder. “Es tal la desesperanza que muchos de los hombres tienen una adicción crónica al alcohol por las malas condiciones de vida, sobre todo lo que son de aquí”. Danciu también habla de los sin techo de Europa del Este que acaparan el pequeño mercado del cartón recolectando a diario varios kilos que venden a pequeñas empresas por un sueldo de cinco euros al día. Es el negocio de su propia supervivencia y así consigue comprar con suerte embutido, bocadillos, fruta o algún alimento precocinado.