Lo que no consiguió la convocatoria electoral del 20 de diciembre ni, por supuesto, los mediocres resultados salidos de aquella cita, lo ha conseguido el pacto de Podemos e Izquierda Unida. El acto de este sábado en Móstoles ha sido algo más que una puesta en escena. Ha habido en él teatro, sí, pero lo importante no era el teatro, sino el mensaje de la obra: ¡el PSOE, unido, jamás será vencido! ¿Es tarde para ese desesperado pero sincero mensaje que apela a la épica de resistencia del mejor Partido Socialista? De puertas afuera, tal vez; de puertas adentro, desde luego que no es tarde. Susana Díaz va a movilizar al partido en Andalucía con la misma convicción y empuje que si le fuera en ello la vida. Y la fuerza de choque para hacerlo serán los alcaldes: en ellos confía San Vicente para lograr que los votantes socialistas de toda la vida no se queden en casa y para que algunos de los que se marcharon a Podemos el 20 de diciembre regresen al PSOE el 26 de junio. No habrá veleidades de aquí al 26J. No habrá grietas ni distracciones. El PSOE federal no puede permitírselas y el PSOE andaluz menos todavía. Ferraz no puede permitirse que le gane Podemos y San Vicente no puede permitirse que le gane el PP. Móstoles ha sido el pistoletazo de salida de una carrera que los socialistas van a correr con disciplina militar: todos para uno y uno para todos. No es que las tensiones internas hayan desaparecido: es, sencillamente, que saben que están siendo atacados por un enemigo exterior cuyo comandante en jefe lleva coleta pero es tremendamente astuto y eso los obliga a posponer sus siempre interesantes pero muy agotadoras guerras civiles. ‘Ya tendremos tiempo de matarnos entre nosotros; ahora lo importante es que no nos mate El Coletas’. En esta campaña Sánchez podrá y tendrá que venir a Andalucía cuantas veces quiera. Cuantas más, mejor. Pedro y Susana tendrán que hacer mítines juntos, darse el pico, abrazarse, recuperar la complicidad, ser grandes actores, transformarse íntimamente en los líderes bien avenidos que la tropa desea ver. Tienen el enemigo a las puertas. Es un enemigo fuerte, joven y animoso y está decidido a liquidar a los socialistas: si no lo consigue, ya volverán a intentarlo de nuevo entre ellos.