Pedro José Moreno ha sido fiel compañero de celda de su hermano Pablo en la cárcel de Morón de la Frontera, donde murió hace escasas semanas a causa de un cáncer terminal. Con tal solo 39 años, Pedro lleva casi dos semanas en un estado de shock, sedado entre los barrotes y en una zona de vigilancia médica por los continuos ataques de ansiedad que ha sufrido tras la muerte repentina de Pablo. La familia solo espera que no se repita la misma historia y que puedan sacarlo de prisión cuanto antes, aplicando el artículo 104.4 del Código Penal, en el que se señala que “los penados enfermos muy graves con padecimientos incurables, según informe médico, (…) podrán ser clasificados en tercer grado por razones humanitarias y de dignidad personal, atendiendo a la dificultad para delinquir y a su escasa peligrosidad.” “Solo queremos que no ocurra lo mismo con él, ya que solo le quedan dos meses de condena”. Sin embargo su grave enfermedad en el hígado y el trastorno que tiene por todo lo ocurrido “lo podría llevar a hacer una locura”, según apunta Juan, uno de los hermanos. Amparo es la hermana mayor de Pedro y se encuentra consternada tras la visita realizada al director de la cárcel de Sevilla II. “Le pedí el informe médico de mi hermano y me lo denegó. Intentamos conseguir, a través del abogado, un permiso de dos días para que Pedro estuviera con nosotros en casa y la subdirectora médica nos lo denegó, tras haber sido aprobado por el juez de vigilancia”. En una sala donde cuatro médicos atienden a más de 2.000 pacientes resulta “imposible atender bien sus necesidades”, cuenta Amparo bajo el testimonio relatado por su hermano. Hepatitis crónica, cirrosis hepática y politoxicómano desde los 19 años. Pedro tiene un cuadro médico muy grave, lo que le podría permitir, bajo la orden de un juez, salir de prisión en poco tiempo. Amparo afirma que “las condiciones en la cárcel son malísimas y que a muchos enfermos les suministran batidos energéticos” que no les permite llevar una buena dieta para una mejora en su calidad de vida. La última visita de su familia a prisión para ver a Pedro ha sido muy dura. “Lo hemos visto demacrado, muy delgado y pidiéndonos entre cristales que no lo dejáramos allí mucho tiempo más”. Amparo señala que Pedro mostraba en la visita una bolsa de pastillas donde había tranquilizantes, antidepresivos… “No puedo entender cómo dejan que una persona se automedique en un estado como en el que está mi hermano”. UNA GRAVE PALIZA Hace seis meses, Pedro "recibió una fuerte paliza por cinco funcionarios de prisión", según apunta su hermano Juan. “Con una altura de más de un metro noventa, sabían que tenía que ir varios a pegarle. Con uno no bastaría”. Pedro pudo denunciar a estos cinco trabajadores de la cárcel y el caso se encuentra actualmente abierto. “Mi hermano me contaba que muchos trabajadores quisieron ir en contra de ellos cuando la familia comenzó a pedir la libertad de su hermano Pablo”. Tras pasar varios días en enfermería Juan recuerda cómo Pedro le contó que “le echaron una manta en la cabeza para que no tuviera moratones ni recordara quién le había hecho eso”. La familia Moreno guarda la esperanza de que Pedro pueda salir cuanto antes. Mientras tanto, todos los suyos se acercan a prisión cada sábado para poder visitarlo y verlo aunque sea a través del cristal. Juan recuerda con dolor cómo Pedro tuvo que entrar esposado al funeral de Pablo. “Les pedí a los policías que por favor lo dejaran allí tranquilo, que no tenía fuerza para fugarse y que no iba a hacer nada”. Acompañado por cuatro coches patrulla, la familia Moreno, pudo pasar junta el duelo y solo esperan que la justicia no deje que muera otro de los suyos entre barrotes y en una situación de tanta injusticia.