En la foto obtenida por ELPLURAL.COM se observan los preparativos del escrache a Susana Díaz. Abajo la vicepresidenta de la Diputación y el alcalde de Nerja se dirigen a recepción del hotel para intentar que se les informara en que habitación se alojaba la presidenta de la Junta En la foto obtenida por ELPLURAL.COM se observan a dirigentes y alcaldes del PP instantes antes del escrache a Susana Díaz. Abajo la vicepresidenta de la Diputación y el alcalde de Nerja se dirigen a la recepción del hotel para intentar que se les informara en que habitación se alojaba la Presidenta de la Junta



El sábado por la mañana, temprano, un nutrido grupo -o quizás sería mejor llamarlo piquete informativo- integrado por muy bien pagados dirigentes y cargos institucionales del Partido Popular de Málaga llegó al hotel en el que se alojaba la Presidenta de la Junta de Andalucía y preguntó por su habitación. Nadie sabe cómo llegaron hasta allí, ya que se trata de información reservada por motivos de seguridad que sólo se comunica a la Subdelegación del Gobierno. Cuesta pensar que se hiciera un uso partidista de una información tan sensible. Cuesta mucho pensarlo.

Los empleados del hotel, con profesionalidad, se negaron a facilitar la información, pese a la presencia de al menos dos Vicepresidentes de la Diputación Provincial de Málaga y un parlamentario andaluz metido a tareas de alborotador callejero. Como no pudieron subir en masa al asalto de la habitación, permanecieron en la puerta del garaje para impedir la salida de la Presidenta, zarandear el coche y golpearlo, mientras se la esperaba en el Museo Picasso Málaga, que celebraba el acto conmemorativo de su Décimo Aniversario.

No contentos con la trifulca callejera, uno de los Vicepresidentes de la Diputación utilizó su correspondiente invitación oficial al acto para provocar un penoso incidente a escasos metros de la familia Picasso, encarándose con la policía y manifestando una tremenda agresividad. Nadie me ha contado esta escena: la presencié a un metro escaso, junto a mis dos hijos pequeños, a los que llevé al acto oficial, porque a uno le gusta predicar con el ejemplo de la conciliación. Mis hijos me miraron, interrogantes. No supe qué responder, porque ni siquiera podría contarle a una persona adulta que era un cargo público, un representante de los ciudadanos el que se encaraba de malos modos a la policía nacional con la pretendida excusa de comunicarse con la Presidenta de la Junta de Andalucía. Se lo dijo delante de mis narices Claudio Jiménez, el jefe de prensa de Susana Díaz: “si querías un encuentro, sólo tenías que haberlo pedido”.

Hay al menos tres cuestiones muy lamentables en toda esta historia. En primer lugar, la actuación violenta y sin el más mínimo respeto institucional perpetrada por cargos públicos, personas que representan a la ciudadanía y que deberían ser un ejemplo de diálogo y moderación. Las imágenes hablan por ellas mismas. Y resulta completamente intolerable que se persiga hasta su alojamiento a la Presidenta de la Junta de Andalucía, de visita oficial en Málaga. Lo haga quien lo haga.

En segundo lugar, es de una torpeza y falta de respeto monumental elegir el acto institucional del Décimo Aniversario del Museo Picasso Málaga, nuestro Guggenheim particular, para montar un bochornoso espectáculo en presencia de nuestros más queridos benefactores. La inversión de la Junta de Andalucía llegó a tiempo, la apuesta constituye una de las decisiones más acertadas del Gobierno andaluz, y su éxito es incontestable. Miles de visitantes avalan el triunfo de la cultura que supuso la apertura del Picasso. Forcejear con la policía, gritar, montar un penoso espectáculo en presencia de invitados y autoridades no sólo empañó el acto, un acto que se merecía Málaga, sino que también supuso un insulto descarnado a la inteligencia, y una ruptura inadmisible de las reglas del juego político. Ninguna de esas personas debe permanecer ni un minuto más en su puesto.

Cree el autor del artículo que "Cuando un cargo público o institucional no es capaz de distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo legítimo y el abuso; cuando un representante de los ciudadanos utiliza esa gran responsabilidad como ariete violento contra los rivales políticos; cuando un representante de una institución pública se convierte en un simple alborotador callejero, todos tenemos un problema" Cree el autor del artículo, Enrique Benítez, que "Cuando un cargo público o institucional no es capaz de distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo legítimo y el abuso; cuando un representante de una institución se convierte en un simple alborotador callejero, todos tenemos un problema"



Pero no contentos con montar su teatrillo victimista, no contentos con provocar un incidente institucional, no contentos con emular a una de esas pandillas callejeras que avergüenzan a propios y extraños, el Partido Popular de Andalucía dio amparo a todos estos hechos desgraciados. Por la tarde, su número dos y candidato in pectore al liderazgo absoluto lanzó una nota de prensa para respaldar la bochornosa actuación de sus dirigentes provinciales. Como parlamentario, me avergüenza profundamente lo ocurrido. Para el Partido Popular de Andalucía, derrotado y a la deriva, todo parece valer en su estrategia de némesis política.

Cuando un cargo público o institucional no es capaz de distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo legítimo y el abuso; cuando un representante de los ciudadanos utiliza esa gran responsabilidad como ariete violento contra los rivales políticos; cuando un representante de una institución pública se convierte en un simple alborotador callejero, todos tenemos un problema. Si además el partido político que gobierna España y las instituciones a las que pertenecen esas personas les da amparo, aplaude sus comportamientos agresivos y les cobija argumentalmente, entonces el problema se multiplica. La delgada línea roja que separa la sensatez de la estupidez es fina pero perfectamente visible. Y si alguien no la ve, entonces debe retirarse y abandonar, por el bien de todos, pero sobre todo por el bien de su propio partido. Andalucía y Málaga se merecen una decisión contundente. Tan contundente como la violencia de sus protagonistas.

 

* Enrique Benítez es diputado socialista por Málaga en el Parlamento andaluz