Verano de 2015. El sol cae a plomo. Cuando tiene lugar esta entrevista con Ezequiel Teodoro, autor de 'Corrupción en España. Los trapos sucios' (Ed. Corre la Voz),  los ERE de Andalucía siguen su camino en los tribunales, Iñaki Urdangarín continúa en tratos con los jueces, Luis Bárcenas asegura que tiene guardada pólvora en la recámara contra el PP, los gürteles dicen que sus correas solo las usaban para sujetarse los pantalones y los pujol declaran que su patrimonio les cayó del aire y los mercurio ponen la temperatura de los termómetros judiciales en las rayas de arriba, y… Son casos de corrupción que forman parte del pan nuestro de cada día. Son casos que conforman un laberinto en el que resulta fácil perderse porque los datos que arrojan han ocupado tantas primeras páginas y han ocupado tantas horas en radios y en televisiones que al final los ciudadanos hemos quedado noqueados por el exceso de información. Un maestro en el campo periodístico, Miguel Ángel Aguilar, en situaciones así recuerda siempre que en casos de inundación lo primero que falta es el agua potable. En esas estamos y por eso hablamos con Ezequiel Teodoro, periodista que, aunque joven (no llega aún a la primera mitad de los cuarenta), carga a sus espaldas una larga trayectoria en su profesión: periódicos en papel y digital, radios, televisiones, agencias de noticias y hasta la jefatura de prensa de un Ministerio… No se ha estado quieto este ceutí en el cuarto de siglo en el que le ha tocado bailar con una profesión, la del periodismo, que parece no andar en sus mejores momentos. -La primera en la frente: ponerse a tender trapos sucios, ¿sirve para algo? -Eso debió preguntarse Garzón en su momento. A él le sirvió para salir de la carrera judicial, esperamos y deseamos que de forma circunstancial. A mí, para conocer un poco más las sombras del alma humana. Me he puesto profundo, y no lo pretendía, pero podría decirse que airear la podredumbre de vez en cuando siempre es sano. Muchas revoluciones comenzaron precisamente por mantener la basura bajo la alfombra. Esperemos que todos los trapos sucios que se están tendiendo en los medios de comunicación en los últimos años, conduzcan a una explosión controlada del poder corrupto. -En su obra 'Corrupción en España', editada por el sello Corre la Voz, sus fuentes de referencia son fundamentalmente los medios de comunicación. ¿Cómo ha sido capaz de desbrozar filias y fobias de esos medios? -Con desconfianza. Cada dato ha tenido siempre más de una fuente de referencia. En cualquier caso, me he centrado evidentemente en el carácter más policíaco de los casos, es decir, en los detalles de las presuntas corruptelas, y ahí es difícil que unos y otros se mojen. Si el auto dice que un señor enviaba paquetes de 5.000 euros por SEUR, es muy difícil tratar esa información de forma sesgada. Otra cosa es cómo se trata el caso de los imputados, si deben dimitir o no, si deben presentarse a las elecciones o no. Pero esa no era mi guerra. -Su guerra entonces a la hora de escribir este libro, ¿cuál era en realidad? -La de mi propia ignorancia. Como ciudadano, también como periodista, estoy en la obligación de conocer qué ocurre a mi alrededor. Y me había perdido. Tanto caso, tanta sobreinformación, tantos tejemanejes… y yo, perdido. No podía ser, de modo que decidí que debía informarme, y el periodista que llevo dentro decidió luego que debía aportar lo que había aprendido. No tengo ninguna otra intención. Los gobiernos se caen solos, no porque alguien hable de corrupción. -¿Usted cree que los casos de corrupción influyen en las urnas? Parece que hay ejemplos que lo desmienten, Andalucía, sin ir más lejos, escenario de los ERE, caso que Vd. aborda profusamente en su libro, no ha apeado del gobierno al PSOE. -Creo que no influyen decididamente. El cambio político de este país no viene de la mano de la corrupción, sino de la crisis económica, los recortes de inversión, el paro, la desesperanza, etcétera. La corrupción es solo un clavo más en el ataúd electoral que se les avecina a algunos partidos de este país, principalmente al Partido Popular. No hay que ser muy listo para darse cuenta. No obstante, en este momento existe una preocupación como nunca en relación a los casos de corrupción política, eso es verdad. Lo que no sé es si esto nos llevará a un cambio social y político profundo, o quedará todo en agua de borrajas. -De todos los casos que desgrana en 'Corrupción en España', ¿cuál es el que le ha dado más trabajo para desentrañarlo, cuál el que le ha permitido sentirse más cómodo y cuál el que más le ha gustado, convencido de que contándolo contribuirá a que sus artífices  paguen el delito? -Desde luego el que más tiempo me ha tomado ha sido el caso Bárcenas, más que nada porque se ha escrito mucho acerca del mismo, dada su evidente importancia política. Estamos hablando de un caso con unas implicaciones terribles, que alcanzarían supuestamente al presidente del Gobierno actual y al anterior presidente del mismo partido. Ahí es nada. Aunque, de momento, parece que se ha conseguido poner un muro de contención en Bárcenas. Cómodo no sería la palabra con la que definiría mi relación con este libro, ni siquiera en un caso en concreto. A veces sentía alergia al tratar según qué temas de falta de salud democrática, otras incluso me reía ante los disparates que presuntamente se han cometido en nombre de la codicia. Respecto al caso que más me ha gustado en el sentido que comenta, podría decirse que me inclino por Noos y el señor Urdangarín. Me parece de vergüenza. De presunta vergüenza, claro. -El trabajo descriptivo que ha desarrollado en 'Corrupción en España' y el modo como ha sido capaz de agrupar y sintetizar cientos de detalles dispersos relacionados con casos de corrupción que han estado en boca de todos permite, por un lado, lectura fácil  y, por otro, convierte su libro en elemento de consulta indispensable para establecer coordenadas de futuras líneas de investigación periodística. ¿Le consta que su libro se ha convertido en punto de referencia para muchos manuales de enseñanza periodística? -No lo pretendía, y sería presuntuoso si como tal lo defendiera. En cualquier caso, si sirve para ayudar a mis compañeros de profesión, bienvenido sea. Realmente dediqué muchas horas de documentación, que no de investigación, para desentrañar los casos de corrupción. Porque, tengo que insistir en ello, 'Corrupción en España' no es un libro de investigación, sino un libro de divulgación. La información de todos y cada uno de los casos aparece ya en otros medios de comunicación de forma más o menos dispersa; mi labor ha sido la de recopilar, resumir y ofrecer una visión completa hasta el momento en el que cerré el libro. Eso sí, añadiéndole una pizca de ironía. Para mí juega un papel importante en la obra la ironía, pues permite una visión de esta podredumbre que vivimos de una manera más distanciada, y eso a veces incluso te permite una sonrisa. Los políticos corruptos han puesto la hiel, yo he tratado de ponerle pimienta y sal. -Escribir ha sido hasta ahora su tarea fundamental, desde novela, 'El manuscrito de Avicena' es un buen ejemplo por el gran éxito que obtuvo, hasta discursos ministeriales, pasando por despachos de agencia. Ahora, sin embargo, está metido en trabajos editoriales. ¿Quizá ha descubierto que los coches de los editores son de mayor cilindrada que los de los escritores y por eso se ha pasado a militar en ese campo? -(Jajaja). Yo ya tenía un coche de buena cilindrada y no quiero cambiarlo. Lo que de verdad me motivó a ocupar el lugar del editor son dos cosas: que me encanta corregir, diseñar… acunar un libro desde sus primeros pasos hasta que, ya grandecito, llega a la librería, y, por otro, que no me sentía a gusto viendo cómo a muchos autores los estafaban o, al menos, les cobraban exageradamente por publicar sus libros. Creo que el autor ha sido siempre el último eslabón del sector editorial, incluso el menos considerado, cuando sin autores, todo lo demás no existiría. De modo que mi posición de editor en realidad es la de autor infiltrado. Pero ssshhhh, no se lo digamos a los editores. -Avant, la editorial que usted dirige, ¿qué criterios sigue de selección de obras? -Básicamente, la calidad del texto. Publicamos narrativa, pero exigimos un mínimo de calidad. Después, teniendo en cuenta otros criterios, como las expectativas de comercialización o el currículum del autor, podemos ofrecer autoedición, coedición o edición directamente. Creemos que el universo de la autoedición es tan válido como cualquier otro, siempre y cuando exista el filtro del editor. Alguien que valide la obra con ojos profesionales. Por desgracia, existen muchas editoriales, incluida la propia Amazon, que no tienen ese filtro, pues lo único que quieren es cobrar, y les importa poco la calidad del libro. Y de esta manera, estamos desprestigiando a la literatura y al propio autor. La autoedición no es un mal camino, no en vano autores como Pérez Galdós publicaron su primera novela de esta manera, pero debe haber una buena corrección antes de publicarse. -¿Ha detectado ya algún mirlo blanco? -No, no, qué va. Tampoco es mi intención. Prefiero que todos los autores que pasen por la editorial estén satisfechos de su relación con nosotros, a tener una única estrella en mi nómina de autores. No somos esa clase de editorial. -Para entrevistarse con Ezequiel Teodoro, editor, ¿los autores deben pedir audiencia o les basta con pedir día y hora? -Basta con coger el teléfono. No en vano, yo soy yo y mi móvil. Creo que el editor debe estar muy cerca del autor siempre. -Para concluir, ¿se imagina que Luis Bárcenas o Iñaki Urdangarín llaman a las puertas de editorial Avant porque quieren publicar sus memorias? -(Jajaja). Bueno, todo el mundo tiene derecho a contar su vida, ¿no? Aunque, imagino, que muchas personas estarían muy interesadas en que no se publicaran. Y conozco algún caso que el libro valía más no publicado que publicado.