Harto de tópicos sobre esta comunidad autónoma, celebro especialmente que haya sido el año de Andalucía en la gala de los Goya. Como estaba previsto, el sevillano Alberto Rodríguez ha arrasado con La isla mínima, sobre dos policías que investigan la desaparición de dos hermanas adolescentes en las marismas del Guadalquivir. Diez premios. ¡Olé, olé y olé! Su máxima competidora, El Niño, está rodada por un mallorquín, Daniel Monzón, pero trata sobre una realidad del Estrecho de Gibraltar. Es una pena que esta película se haya ido a casa sólo con cuatro 'cabezones' menores. Presentó además la gala un joven de Málaga, Dani Rovira, que se ha llevado el premio al actor revelación, con un film que compara el sur de España con el norte, Ocho apellidos vascos, que también ha triunfado en actor de reparto (Karra Elejalde) y actriz de reparto (Carmen Machi). Todos ellos merecidos, pues hacer reír resulta mucho más complicado que lo que parece. No basta con un par de diálogos absurdos y punto pelota... Cómo cambian las cosas. El año pasado la productora intentó que el entonces desconocido Rovira entregara algún premio, para promocionar la película. "¿Ocho apellidos de qué?", debió responder la Academia. Le dejaron fuera y ahora han ido corriendo a buscarle para que ejerza como maestro de ceremonias. Pero además, ha triunfado el documental Paco de Lucía: La búsqueda, y se le ha dado el Goya de Honor a un malagueño universal, ese Antonio Banderas al que la prensa le ha perdonado que Autómata sea un tostonazo de altura. Pero da igual por lo buen tipo que es. Estos días ha concedido entrevistas hasta a la hoja parroquial del barrio, y a todos los periodistas les ha hecho sentirse como la persona más importante para él del mundo. Así da gusto. Voy a celebrarlo con un fino, que también me ayudará a olvidar que la gala ha sido larga y aburrida, pero eso es otra historia.