Primero estaba tan malo que pidió delegar su voto en el Parlamento, pero resulta que luego de pronto se puso bueno. O en realidad siempre estuvo bueno pero dijo que estaba malo. En el primer caso se trataría de un milagro y en el segundo de una mentira, cosas ambas que se dan bastante en la política. El presidente del Grupo Parlamentario de Ciudadanos en el Parlamento andaluz, Juan Marín, presentaba el martes 23 a las 18:22 horas en el Registro de Entrada de la Cámara un escrito dirigido a la Mesa con esta solicitud: “Que por causa de enfermedad no puede asistir a la sesión plenaria del próximo 24 de febrero, por lo que solicita ejercer el derecho a la delegación de voto a favor de D. José Antonio Funes Arjona. Fdo.: D. Juan A. Marín Lozano”. Marín retiraría después esa solicitud. Y con toda razón. Su salud, gracias a Dios, había mejorado. Ayer, día 24, cuando la previsión oficial era que estuviera en casa arrumbado por el dolor y devorado por la fiebre, se le pudo ver en Madrid –en persona en el Congreso y por televisión en media España– tomando fotos del histórico momento en que su jefe de filas, Albert Rivera, y el líder socialista Pedro Sánchez firmaban su acuerdo de Gobierno. El hombre de confianza de Rivera en Andalucía no quiso perderse el acto del Congreso, pero tal vez le dio pudor admitir que se perdía la sesión plenaria de Andalucía para asistir a una firma que, aunque muy importante para su partido, no requería de su presencia. Siguiendo con las conjeturas, luego de registrar la solicitud por enfermedad y a la vista de la espectacular mejoría del líder, alguien debió caer en la cuenta de que el convaleciente iba a ser visto ese mismo día en el Congreso fresco como una rosa, aplaudiendo, tomando fotos, hablando con unos y otros… y, en fin, se optó por anular la petición de delegación de voto. Con los tiempos que corren en política, mejor sostener la tesis inverosímil pero no imposible de una milagrosa recuperación que arriesgarse a ser acusado verosímilmente pero sin pruebas de mentir al Parlamento.