2014 ha sido para Izquierda Unida el año de Podemos. Desde su sorpresiva irrupción en las europeas de 2014, el partido de Pablo Iglesias ha convulsionado el mapa político español en muchos sentidos, pero muy en particular en uno: ha dinamitado la estructura del voto de la izquierda, hasta entonces bastante estable y, sobre todo, bastante previsible. Con altibajos, pero estable y previsible. El 15-M tenía un heredero pero no era Izquierda Unida. La caída del PSOE tenía un heredero pero no era Izquierda Unida. La crisis del sistema tenía un heredero pero no era Izquierda Unida. Cuando empezaban a darse todas las condiciones objetivas para que IU fuera la heredera de todo eso y doblara sus ganancias en la partida, de pronto llega un jugador nuevo, se sienta a la mesa, simula que apenas conoce las reglas del juego y acaba desplumando a todos los pardillos congregados en torno al tapete. ¿QUÉ HACER? Desde aquella aciaga partida de las europeas de mayo de 2014, IU no sabe qué hacer consigo misma. No lo sabe en España y mucho menos lo sabe en Andalucía, donde el hecho de participar en un Gobierno con el Partido Socialista lo hace todo aún más complicado. Izquierda Unida de Andalucía no sabe qué hacer ni consigo misma, ni con Podemos ni, ya puestos, con el Partido Socialista, al que no saben muy bien si despreciar, ignorar o envidiar. A IU le cuadra bien aquella pregunta entre paradójica y socarrona que hacía Manuel Vázquez Montalbán ya bien entrada la Transición de ¿contra Franco vivíamos mejor? Desde que entró en el Gobierno de la Junta en la primavera de 2012, IULV-CA no deja de preguntarse lo mismo: ¿contra el PSOE vivíamos mejor? Si antes de las europeas la respuesta a la pregunta era ciertamente difícil pero no había prisa alguna por contestarla, la entrada en escena de Podemos ha acortado dramáticamente los plazos de respuesta, como en esos concursos de la televisión donde el tiempo corre en contra del concursante, que puede perderlo todo si no da su respuesta en unos pocos segundos. LA SOMBRA DE EXTREMADURA Desde el PCE y el PCA se hizo –y se mantiene– el análisis de que la alianza con los socialistas en Andalucía era buena para Izquierda Unida, pues la opción contraria era seguir los pasos de sus compañeros de Extremadura, donde gobierna el PP gracias a IU. Aliarse con el PSOE andaluz tenía sus riesgos, aunque por aquellas fechas, abril de 2012, pocos pensaban que el caso de los ERE fuera a afianzarse en las primeras posiciones en el ranking nacional de la corrupción. Los ERE han tomado tal envergadura política y judicial y alcanzado tal popularidad mediática y ciudadana que para IU resulta extremadamente embarazoso seguir gobernando con el partido responsable de todo ese monumental escándalo. Y, por si ello no fuera bastante, la llegada al sucio convite de la corrupción de un nuevo e inesperado invitado llamado ‘fraude de los cursos formación’ multiplica las incomodidades éticas y políticas del pacto de gobierno, al tiempo que carga de razón a quienes consideran que contra el PSOE vivían mejor. VALDERAS, RODRÍGUEZ Y CORTÉS Dentro de IULV-CA los miembros del Gobierno Diego Valderas, Rafael Rodríguez y Elena Cortés piensan que el pacto fue una buena idea. Si se exceptúa el enojoso episodio de la corrala Utopía –donde los dos socios defienden lo que hicieron pero ninguno volvería a hacer lo mismo–, el Gobierno está funcionando razonablemente bien. En política las cosas solo pueden cambiarse desde dos lugares: desde las instituciones o desde la calle. Valderas, Rodríguez y Cortés son en estos momentos partidarios de las primeras y, por tanto, de que el discurso público de IU priorice los logros de su gestión de gobierno. En esa misma posición estaría el secretario general del PCA, José Manuel Mariscal, y el portavoz parlamentario José Antonio Castro, aunque el papel de éste le exige apretar públicamente las clavijas ‘al socio’. Aunque sin citar a nadie, días atrás resumía esa posición en un artículo el economista próximo a Podemos Juan Torres: “La utilidad y el aprecio social de un partido político no dependen, como parece que hay gente en IU que lo cree, de la radicalidad de sus proclamas y de lo revolucionario que sea su verbo sino de los problemas que resuelve día a día a los seres humanos”. LAS RETICENCIAS DE ANTONIO MAÍLLO La posición del coordinador regional, como la del líder federal Alberto Garzón, es mucho menos condescendiente con el pacto. Antonio Maíllo rara vez da titulares sobre los logros gubernamentales: y no porque no cite tales logros, que lo hace aunque con poca convicción, sino porque siempre añade alguna pulla antigubernamental que, naturalmente, se lleva los titulares. Por lo demás, las relaciones entre Maíllo y Valderas han empeorado significativamente desde que el primero sustituyó al segundo al frente de IU: lo raro, en realidad, habría sido que no empeoraran. En algunos sectores de IU se piensa, en todo caso, que a Maíllo le ha faltado generosidad con Valderas. En realidad, las discrepancias en IULV-CA en torno a la oportunidad y las bondades del pacto con el PSOE no son más que la otra cara de las discrepancias en torno a la oportunidad y las bondades de aliarse con Podemos. Cuando IU sepa qué hacer en relación a Podemos sabrá qué hacer en relación al PSOE y qué hacer en relación a sí misma, pues las tres cosas son en el fondo una misma. UN LASTRE PARA PODEMOS El problema es que Podemos no parece querer saber nada de IU. Su éxito real en las europeas y su éxito virtual en las encuestas los están empujando en una dirección que inicialmente no estaba en su hoja de ruta. Utilizando una imagen futbolística, Podemos quiere ganar la Liga o, en el peor de los casos, quedar entre los tres primeros, y para lograr ese objetivo IU es un lastre. La federación de izquierdas siempre estuvo en el pelotón de los modestos y difícilmente dejará de estar en él: un programa político drásticamente de izquierdas es difícil que sume más allá de un 12-15 por ciento de los sufragios. Para sumar muchos más sufragios el programa tiene que ser otro: por ejemplo, el que empieza a perfilar Podemos. IU se halla en una comprometida encrucijada: si se integra en Podemos podría morir a manos de sí misma, pero si no lo hace podría morir a manos de los votantes. Su único camino tal vez sea seguir siendo lo que siempre fue pues si, espoleado por la codicia electoral, Podemos continúa virando hacia la calculada ambigüedad de no ser ‘ni de izquierdas ni de derechas’, los perfiles de IU resultarán cada día más visibles para ese electorado de izquierdas hoy deslumbrado por las sospechosas habilidades del nuevo jugador recién sentado a la mesa de juego de la política española.