Y dale Pablito con la mochilita. Que no, augustos y desahogados dirigentes de Podemos, que Izquierda Unida no es una mochila. Esa es la palabra con la que, repetidamente, Sergio Pascual y Carolina Bescansa se han referido a la federación de izquierdas, que en su parecer sería la mochila cuyo peso muerto lastra el futuro de Alberto Garzón, a quien la formación morada ha intentado convencer de que él y sus más cercanos se integrasen en las listas de Podemos para las generales. Obviamente, Garzón no podía hacer tal cosa: habría sido su muerte política y su descrédito civil. Más allá de resultar más o menos injusta, como piensan muchos militantes, o más o menos ofensiva, como sugiere Gaspar Llamazares, la utilización reiterada por parte de Podemos de la palabra ‘mochila’ para referirse a IU es todo un tratado de ciencia política. Es como una de esas fotos que, milagrosamente, resumen una época y resumen también al propio autor de la imagen. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]PODEMOS Y VALLE; IU Y GALDÓS[/cita] El hecho de que dos dirigentes distintos como Bescansa y Pascual hayan utilizado la palabra indica que ‘mochila’ no es una anécdota sino una categoría, que es parte de la doctrina y del pensamiento de Podemos sobre Izquierda Unida, que para la formación morada sería ideológicamente una antigualla, estratégicamente un estorbo y electoralmente un lío. Haber llamado mochila a IU es ingenioso, es despectivo y es injusto. La parte que tiene de verdad le viene de lo primero, no de lo segundo ni lo tercero. Cuando Podemos llama ingeniosamente mochila a Izquierda Unida es como cuando Valle Inclán llamó, todavía más ingeniosamente, garbancero a Galdós: el adjetivo era sin duda despectivo y era sin duda injusto, pero como también era ingenioso –diabólicamente ingenioso, en realidad– la memoria literaria ha tenido a bien salvarlo del olvido. ¿Salvará la memoria política el término ‘mochila’ asociado a IU? No es probable, pero lo que importa no es si salvará el término, sino si salvará la idea que lo sustenta, la doctrina según la cual IU sería, por decirlo de manera rápida y brutal, un peso muerto. La respuesta a esa pregunta nos la dará, en todo caso, el 20 de diciembre. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]PROCLAMAR, DECIR, SOSPECHAR[/cita] Ahora bien, ¿por qué ha dicho Podemos que no a los múltiples ofrecimientos de Alberto Garzón para concurrir a las generales las dos formaciones juntas? ¿Por razones filosóficas, estratégicas o meramente electorales? Podemos proclama en público que es por lo primero, dice en privado que es por lo segundo y sospecha íntimamente que es por lo tercero. Podemos calcula que el 20-D Izquierda Unida sería para ellos una pesada mochila y por eso no quiere coaligarse con ella. La razón nuclear de su decisión es esa, aunque luego el partido morado haya colgado de ella otras razones subalternas y más bien sobrevenidas que nadie se cree demasiado. En todo caso, corre muchos riesgos Podemos al rechazar a IU. El más grave y principal, este: que el 20-D obtenga unos resultados lo bastante mediocres como para que el portazo –Maíllo dixit– dado a IU se le vuelva en contra. Si Podemos obtiene ese día unos pobres resultados, eso significará que IU ha salvado no ya los muebles, sino algo mucho más importante: el pescuezo. En ese –no del todo improbable– escenario Izquierda Unida y Podemos tendrían que sentarse de nuevo y empezar a hablar de todo: de ideas, de programas, de estrategias y, cómo no, de mochilas.