Walther Bernecker, investigador alemán de la Universidad de Erlangen-Nuremberg, ha participado en el IX Encuentro Internacional de Investigadores del Franquismo, celebrado recientemente en la Universidad de Granada. Su conferencia sobre 'Memoria histórica y superación del pasado en la búsqueda de similitudes entre España y Alemania' le permitió arrojar conclusiones sobre la analogía de los crímenes de exterminio que se vivieron en ambos países, aunque en guerras muy diferentes. Decía Mario Benedetti que el olvido está lleno de memoria. ¿Qué ha pasado en España para que hayamos tardado tanto en reconocer nuestro pasado? En España la sociedad haya empezado muy tarde a ocuparse críticamente de su pasado de guerra y dictadura se debe en primer lugar a la larga duración del régimen franquista, en el que no era posible un análisis serio y crítico de la política de los vencedores de la Guerra Civil, y al tipo de democratización después de 1975, cuando había que hacer muchos compromisos con los “poderes fácticos” y se prefirió prescindir (en la sociedad y la política) de un tratamiento demasiado estricto de la guerra y la dictadura para no hacer peligrar la transición a la democracia. ¿Qué culpa tiene la ciudadanía? Yo no hablaría de “culpa”, y mucho menos de culpa de la ciudadanía, pues siempre hay que considerar el contexto en el que acontece algo, y este contexto fue muy adverso a un acercamiento crítico al pasado. Pero sí es verdad que los políticos podían haber avanzado más en este tema tan difícil y espinoso ya en la primera fase después de la muerte del dictador y, ante todo, después de 1982, cuando la democracia ya estaba plenamente establecida. Después del fracaso de las políticas de memoria, ¿diría que en este país perviven las dos Españas? Esa imagen de las 'dos Españas' enfrentadas, que viene del siglo XIX y fue tantas veces utilizada en el siglo XX, sugiere dos Españas antagónicas que incluso están decididas a enfrentarse bélicamente para conseguir cada una sus fines. En este sentido radical del término, naturalmente ya no existen las dos Españas de antaño. Pero sí llama la atención que hasta hoy no se haya llegado –ni en la sociedad ni en la historiografía- a una especie de consenso básico sobre cuestiones tan importantes para la historia del país como la responsabilidad primaria para el comienzo de la Guerra Civil. En este sentido, la sociedad española y los estudiosos siguen muy enfrentados. ¿Qué diferencia existe con el proceso de reconocimiento de las víctimas en Alemania? La diferencia más grande es el tipo de guerra que se ha librado: en España se trata de una guerra civil en la que se enfrentaron españoles con españoles; en Alemania, se trata de una guerra internacional, en la que (primero) muchos alemanes creían que tenían que enfrentarse a la agresividad del exterior. Más tarde, cuando ya no había lugar a dudas de la responsabilidad sobre la Segunda Guerra Mundial, el debate se deslizó hacia la cuestión del Holocausto, y desde finales de los años sesenta (procesos de Auschwitz) se puede decir que la sociedad alemana ha asumido la responsabilidad del régimen nazi acerca de los horrores de la guerra y ante todo del Holocausto. Como en España en la guerra hubo víctimas inocentes en ambos lados de la contienda, el reconocimiento de las víctimas era (y es) más difícil, por lo menos en lo referente a la Guerra Civil. Después de 1939, no hay dudas sobre quién fue víctima y quién victimario. ¿El dato clave podría ser, sencillamente, que Hitler perdió la guerra y Franco la ganó? Este es un elemento crucial, pero hay que mencionar otros, pues el régimen nazi no solo perdió la guerra militarmente, sino también moralmente, lo que salió a la luz del día poco a poco, según se iba descubriendo toda la atrocidad de los crímenes nazis. Fueron los aliados los que empezaron con un proceso de “desnazificación” y después siguieron durante décadas (hasta hoy) procesos contra criminales de guerra. La victoria de Franco en la Guerra Civil impidió todo tipo de penas judiciales y de debates político-morales, incluso (debido a las leyes de amnistía) después de la muerte del dictador. ¿Le sorprende como europeo el hecho de que la derecha española no condene con rotundidad la dictadura y sus crímenes? A la altura del año 2016, sí es extraño que ciertos círculos derechistas sigan teniendo problemas con aceptar la realidad, cuando la inmensa mayoría de los españoles de hoy por motivos biológicos no tiene y no puede tener responsabilidad personal de nada de lo que ha ocurrido hace ochenta años. La única explicación reside en que se trata de una “derecha sociológica” cuyos representantes proceden (en parte) del franquismo y quieren aglutinar todos los votos de la derecha cuyo imaginario es tan adverso a todo lo que podría llamarse “izquierda” que no están en condiciones de diferenciar. La cantidad de archivos y documentación del holocausto ha ayudado a superar mejor esta etapa. ¿Cree que es uno de los problemas que ha habido en España, esa falta de acceso y de erradicación de huellas? Indudablemente, la restricción en el acceso a archivos ha sido un impedimento agravante para los historiadores. Pero hoy en día, prácticamente ya no hay lagunas en el conocimiento de la guerra y sus secuelas dictatoriales. Si sigue habiendo posiciones ferozmente enfrentadas sobre problemas cruciales de la historia de España en el siglo XX, no es por desconocimiento de las fuentes o por lagunas en la investigación, sino por ceguera ideológica que no quiere aceptar los resultados de la investigación histórica. ¿Qué opinión le merecen las actuaciones que se llevaron a cabo contra el juez Garzón cuando comenzó a investigar los crímenes franquistas? Como alemán que ha vivido en su historia procesos como los juicios de Nuremberg, ¿lo ve una barbaridad? Si bien en un sentido formalista-jurídico Garzón posiblemente haya traspasado sus atribuciones, no hay duda que relevarle de su puesto e impedir que siga investigando los crímenes del franquismo fue una decisión política con la intención de impedir que saque a la luz jurídica del día lo que historiadores ya sabían y habían publicado. Este tipo de conducta consistente en impedir la acción libre e independiente de un juez no es digna de un Estado europeo en el siglo XXI. Los historiadores españoles y expertos memorialistas hablan de genocidio franquista y de crímenes de lesa humanidad. ¿Se pueden comparar las atrocidades vividas en su Alemania natal a las vividas en España? Se pueden comparar, pero no igualar. No hay ninguna duda sobre las atrocidades cometidas en la Guerra Civil y después, pero el Holocausto fue el intento de exterminio “industrializado” y sistemático de todo un pueblo de la faz de la tierra. Decir que los crímenes masivos del franquismo no fueron lo mismo que el Holocausto, no quiere decir –que quedo esto claro- que fueron menos atroces e inhumanos. ¿Qué diría a los políticos que se debe hacer para superar el pasado y asumir la memoria? En primer lugar, hay que ver este tema como lo que es: un aspecto importantísimo para la sociedad española de “higiene memorialística” (como lo es para todas las sociedades con un pasado tan violento como la española). No se debe obstaculizar en ningún momento la labor de la memoria histórica y de las asociaciones que recuperan estas memorias históricas. Muy al contrario, hay que fomentar esta labor. Lo mejor para una sociedad es asumir todo su pasado, sin restricciones mentales, y el mejor método para lograr esto es continuar el debate sobre qué clase de memoria preservar (ya que nunca será posible lograr una homogeneización de las diferentes memorias históricas), sobre cómo hacerlo, en nombre de quién y con qué finalidad. No puede ni debe haber un “punto final”, igual que no puede haber una simple y única narrativa sobre el pasado. Actualmente se está tramitando el proyecto de ley de la Memoria Democrática en Andalucía, donde habrá multas para las instituciones que no quiten los símbolos del régimen de Franco de las zonas públicas ¿cómo valoraría este tipo de medidas? ¿Y la llegada a las aulas de contenido como la memoria histórica? La exaltación de un régimen dictatorial que ha cometido crímenes masivos, es inaceptable en una sociedad democrática que se basa en valores humanísticos. Por lo tanto, lo que hay que hacer es implementar la Ley de Memoria Histórica del año 1977. Y que finalmente lleguen contenidos como memoria histórica a las aulas es algo absolutamente necesario que debería haber ocurrido ya hace algunas décadas. ¿Cómo valoraría el problema de que los jóvenes españoles no conozcan apenas lo que ocurrió en su país hace 80 años? ¿Qué importancia tiene en Alemania conocer la dura etapa del nazismo entre las nuevas generaciones? El desconocimiento del pasado no es solamente un fenómeno de los jóvenes españoles. Me atrevería a decir que es un fenómeno generalizado, por lo menos en Europa. Hay quien minimiza esta interpretación crítica diciendo que la postura de los jóvenes de no interesarse por el pasado es muestra de vida “normal” en un Estado democrático que no ven amenazado por riesgos dictatoriales, pero éste me parece ser un argumento peligroso, pues tendencias autoritarias pueden resurgir muy fácilmente –también en Europa, como se está viendo últimamente. Y en cuanto a los jóvenes alemanes, la respuesta tiene que ser diferenciada: en las aulas escolares, el tiempo del Tercer Reich, la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto son temas que se tratan detallada y extensamente, pero en muchos casos el interés decae después de los años escolares y los conocimientos también son reducidos.