Si la legislatura andaluza fuera una partida de juego cabría decir que Podemos ha perdido la primera mano. Podría decirse lo mismo del Partido Popular o de Izquierda Unida, pero la comparación no valdría por una diferencia crucial: IU y PP tenían de entrada muy malas cartas, mientras que Podemos las tenía muy buenas. A los dos primeros partidos el electorado andaluz que repartió el juego el pasado 22 de marzo los castigó sin piedad –el uno perdió 17 diputados y el otro siete– mientras que a Podemos lo premió con 15 escaños teóricamente cruciales: tan cruciales que, bien administrados, le permitirían imprimir su sello morado a las políticas sociales y las estrategias regeneracionistas que sin duda van a definir esta décima legislatura. Las cartas obtenidas por Podemos el 22 de marzo ¿eran acaso demasiado buenas para una jugadora poco experimentada en esta clase de partidas como Teresa Rodríguez? O formulada la pregunta de otra manera: ¿está Rodríguez satisfecha del desenlace que han tenido las negociaciones para la investidura de Susana Díaz? Si bien su cara del martes al término del tenso encuentro con la presidenta en funciones parecía decir lo contrario, lo previsible desde hace varias semanas era que la estrategia de negociación de Podemos con el PSOE acabara como ha acabado, sin acuerdo alguno. Puede que Rodríguez esperara en esa reunión algún gesto de Díaz que posibilitara la abstención de Podemos en el pleno de hoy, pero si era así estaba muy equivocada. La socialista ya tenía amarrado el sí de Ciudadanos y no le era necesaria la abstención de nadie más. LA LARGA SOMBRA DE LOS AÑOS 90 ¿Está el Podemos de Teresa Rodríguez en las mismas claves estratégicas que estaba la Izquierda Unida de Julio Anguita durante la década de los 90, cuando el entendimiento con el PSOE no solo no fue posible, sino que ni siquiera era deseable para ninguna de las dos formaciones, hasta el punto de que la derecha lograba en 1991 y sobre todo en 1995 importantes alcaldías que la suma de PSOE e IU podría haber conservado para la izquierda? ¿Está, por su parte, el PSOE de Susana Díaz en las mismas claves anticomunistas que estuvo el PSOE de los 90? Ambas partes aseguran que no, pero lo cierto es que parece lo contrario. La legislatura que –no formalmente pero sí materialmente– comienza esta tarde con la investidura de Susana Díaz nace bajo la inspiración del entendimiento del PSOE con Ciudadanos, cuyas 70 medidas más bien lo convierten en un verdadero pacto de legislatura más que en un simple acuerdo de investidura. Parece tratarse, pues, de una alianza que va más allá del hecho puramente coyuntural de facilitar una investidura cuyo bloqueo existía precisamente porque Ciudadanos había decidido que existiera… hasta esta semana, en que, como se sabe, Albert Rivera ha decidido que dejara de existir. UNA FLEXIBILIDAD INQUIETANTE Ciudadanos ha demostrado en el tramo final de la negociación, cuando ya se habían celebrado las autonómicas y municipales, una flexibilidad que para muchos puede resultar inquietante, al haber acomodado en un santiamén y con sospechoso desahogo sus altas exigencias regeneracionistas a sus bajos intereses electoralistas. Lo importante, en todo caso, es que esa alianza parece sólida y con voluntad de durar, lo cual puede dejar a Podemos sin espacio para alcanzar acuerdos con el PSOE y, de esa manera, hacer valer sus cerca de 600.00 votos, de los cuales un 73 por ciento –según la encuesta del CIS– vería con buenos ojos un pacto con el PSOE. Ese es un dato crucial de cuya gestión depende el futuro mismo de Podemos en Andalucía. El porcentaje del CIS significa lisa y llanamente que el grueso de los votantes andaluces de Podemos no son votantes antisocialistas, mientras que una buena parte de los 15 diputados de Podemos sí lo son o tienen la tentación –o la costumbre– de serlo. Combinar de manera equilibrada la pulsión izquierdista de su grupo parlamentario y las aspiraciones pactistas de su electorado es la tarea –tan trascendental que si fracasa en ella Podemos puede convertirse en una fuerza irrelevante– que Teresa Rodríguez tiene por delante. DÍAZ ESTÁ ¿DEMASIADO? CÓMODA Para Susana Díaz el pacto con Ciudadanos resulta mucho más cómodo de lo que habría resultado un pacto con Podemos, cuyo perfil en Andalucía parece situarse más a la izquierda que el de Madrid. Díaz parece preferir a Ciudadanos, pero con ese pacto el PSOE, como auguraba ayer el coordinador de IU Antonio Maíllo, puede caer en la tentación de tumbarse a la bartola y desatender su flanco izquierdo, lo cual sería fatal. Socialistas, Podemos e Izquierda Unida deberían, por la cuenta que les trae a los tres, olvidar el pasado, reparar los puentes destruidos en la batalla preelectoral, electoral y poselectoral y buscar alguna clase de complicidad. Ciertamente y aunque la aritmética electoral lo permita, si el pacto del PSOE con Ciudadanos es tan sólido como parecen indicar las 70 medidas que contiene, el número y alcance de los guiños y las alianzas entre el PSOE y su izquierda será muy limitado. En ese sentido, una abstención de IU y Podemos en la investidura de hoy habría dejado abiertas muchas puertas que ahora mismo están cerradas. ¿Querrán o podrán Díaz, Rodríguez y Maíllo abrirlas en el futuro? Puede que ni ellos mismos lo sepan. Regresando a la pregunta inicial: ¿ha jugado Podemos Andalucía bien sus cartas hasta ahora? El grueso de su dirección diría que sí, pero el grueso de sus electores tal vez diría que no. Cohonestar ambos puntos de vista es responsabilidad de Teresa Rodríguez: a fin de cuentas, la partida no ha hecho más que comenzar.