Las estadísticas comparativas nos indican que nuestros universitarios están por debajo de las medias europeas y mundiales. Factores hay que ayudan a esta mala clasificación que nos ponen de acuerdo a muchos cuando se enumeran. Pero he de confesar que, a raíz de leer una noticia en ABC sobre una frase de D. Joaquín Urías, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla, supuestamente pronunciada en un coloquio sobre la Constitución del 78, añadí otro factor más: la tergiversación de la realidad. La supuesta frase: "La Constitución del 78 la aprobaron las Cortes franquistas". Uno siempre ha sido partidario de la libertad de cátedra, del respeto a todas las opiniones, de la democracia, de la libertad en fin. Pero tengo que reconocer aquí y ahora, que mi indignación era pareja a la comprensión de los formados en algunas clases de la Universidad y en algunas Universidades. He querido contrastar la opinión del Sr. Urías antes de decidirme a escribir. Una vez leídas las dos partes no me atrevo a inclinarme por cualquiera de ellas. Ni vi el debate en la televisión local donde se emitió ni he podido constatar todo lo publicado en ABC. Pero después de leer al citado Sr. Urías en ‘Historia de una difamación’ y ‘El fin del régimen de 1978’, publicados en Andalucesdiario.es, aunque esboza especiales circunstancias, entiendo que no solo tergiversa la realidad, es que la ignora, y esto, en alguien relacionado con la Constitución, y más como profesor de Derecho Constitucional, es signo evidente de que al Sr. Urías le tocó estar en las pobres medias españolas universitarias, o que se ha deformado (quizás a propósito) y no ha resuelto ampliar su formación. A los que defendimos en el 78 aquella Constitución, a los que entonces fuimos modestamente representantes, siempre democráticamente elegidos, ilusionados, sin provenir de ninguna representación del régimen anterior, o sí –que los hubo, como Vd. debe saber– "nos concitó" –nos concita– todavía entusiasmo y somos bastante gente" (frase que utiliza en otro sentido en uno de sus escritos). ¡Claro que muchos somos partidarios de la reforma de la Constitución! En algún caso en algo que Vd. no menciona. Pero siempre democráticamente, con su base, y sobre todo, consensuada. Negar, o no indicar, que esta Constitución –la más duradera de nuestra España– que nos ha permitido con sus defectos y virtudes que los que ahora peinamos canas, pocas, nos sintamos constitucionalistas es casi una difamación. Y lo digo, se lo aseguro, sin celos ni egos. Alguna debilidad humana suelo tener, lo confieso. Y sin entrar en detalles constitucionales ni ánimo de polémicas, creáselo.