El pánico ha cambiado de bando. Si cuando Susana Díaz decidió en enero adelantar las elecciones el pánico militaba en Izquierda Unida por la irrupción incontenible de Podemos, ahora lo hace en las filas del Partido Popular, donde ya no se contempla como una extravagancia demoscópica quedarse por debajo del 25 por ciento de los votos. ¿La razón? Ciudadanos, naturalmente. El vertiginoso, inesperado y para muchos inexplicable ascenso del partido de Albert Rivera es un síntoma más de la descomposición del bipartidismo tal como lo hemos venido conociendo desde la restauración democrática. Recordemos que hace solo dos meses Ciudadanos prácticamente no existía en las encuestas andaluzas, un mes después empezó a asomar tímidamente, hace quince días obtenía un 6 por ciento en la encuesta del CIS y una semana más tarde remontaba hasta el 10. ¿Seguirá subiendo?, se preguntan en el PP. Y no ya en el PP de la calle San Fernando de Sevilla, sino en el PP de la calle Génova de Madrid. Si cae Andalucía, su menor problema será que ha caído Andalucía porque quien vendrá después será España. Durante toda la jornada de ayer los populares estuvieron exprimiendo el debate televisivo de Díaz, Moreno y Maíllo. La presidenta no estuvo bien: y no porque interrumpiera a su oponente conservador, sino porque lo interrumpió demasiadas veces y con un tono demasiado mandón; ambas cosas afearon la imagen de la líder socialista. Por fortuna para ella, a debatir en televisión se puede aprender; hay, sin embargo, talentos que Díaz tiene y Moreno no. De nuevo: no es que Moreno ganara en TVE, pero pocos dirían que perdió, y eso es lo decisivo para un aspirante. EL DOBLE ÉXITO DE PODEMOS Y C'S Mientras tanto, en Podemos y Ciudadanos están encantados de haberse conocido. Las direcciones de ambos partidos están eufóricas, aunque procuren disimularlo. Los dioses de la demoscopia les son propicios, y lo son por las razones de siempre: menos por méritos propios que por deméritos ajenos. Da lo mismo, los dos partidos están seguros de que serán decisivos en la configuración del futuro Parlamento, aunque todavía no sepan contestar a la pregunta de decisivos para qué. En IU las cosas están algo más calmadas que hace un par de semanas. Los estados de ánimo cambian a veces por cosas nimias: a Antonio Maíllo le dio ánimos su buen papel en el primer debate a tres y eso se le notó en el segundo y se le ha notado durante toda la semana. Al candidato de Lucena se le ha visto más seguro de sí mismo, más confiado en sus posibilidades. Ciertamente, IU no puede aspirar a repetir los 12 diputados, pero si conserva una presencia parlamentaria digna y hace buen uso de ella puede quedar IULV-CA para rato. Además, han logrado convencer a Julio Anguita de que hoy dé su primer mitin desde que se retiró de la política institucional. El antiguo coordinador tiene predicamento no solo entre los votantes clásicos de IU, sino entre los simpatizantes de Podemos. Lo que diga hoy en Málaga se espera con expectación. En el Partido Socialista todo son cautelas. Se saben ganadores pero no por cuánto. No piensan tanto en la mayoría absoluta, muy lejos de sus posibilidades, como en un primer puesto holgado que les dé autoridad para gobernar en solitario. ¿Pactos? Ya veremos. Quienes auguran una legislatura difícil para Díaz estarían encantados de estar su lugar. La cautela y la prudencia socialistas tienen que ver con la dichosa volatilidad de las encuestas. ¿Darán una sorpresa las urnas el día 22? En 2012 ya la dieron, aunque en aquella ocasión la sorpresa fue a favor del PSOE, que mejoró sensiblemente a las encuestas al tiempo que el PP las empeoraba. ¿Puede haber el 22M una sorpresa a favor de Podemos y Ciudadanos? Los expertos más serios admiten que todo es posible el domingo.