La pregunta de si está quemada recorre sigilosamente las conversaciones de muchos militantes del PSOE andaluz que ven con inquietud cómo ha ido engordando de forma imparable una cierta ‘leyenda negra’ que, aunque lastrada por no pocos prejuicios machistas, concentra en Susana Díaz lo peor de lo peor: intrigante, ambiciosa, ventajista, conspiradora, vengativa, implacable…

Lo que ahora se conoce como ‘el relato’ perjudica claramente a Díaz, que no ha logrado –o incluso no ha intentado– contrarrestar la extendida narración de la crisis socialista que la sitúa como muñidora en la sombra tanto de la abstención ante la investidura de Mariano Rajoy como del acoso y derribo del secretario general elegido en primarias pero al que ella misma contribuyó a sentar en el sillón de Ferraz, hoy dramáticamente vacío.

Juliana, Ramoneda, Gabilondo...

En efecto, además de no hacerlo en el juicio de sus adversarios políticos, Díaz tampoco sale bien parada en los análisis y comentarios de la mayoría de observadores de la vida política, entre ellos nombres como el de Iñaki Gabilondo, referente de muchos simpatizantes socialistas, o como los de los catalanistas Enric Juliana o Josep Ramoneda que, aunque en posiciones ideológicas distintas, comparten la certeza de que la presidenta andaluza estaría queriendo forzar la ruptura del PSC para dejar fuera de unas virtuales primarias a los más de 15.000 militantes socialistas de Cataluña cuyo voto podría serle adverso. Más allá de que tengan o no razón, y en puridad es imposible saberlo, lo relevante es que ese juicio, muy extendido en los medios catalanes y en el propio PSC, contribuye significativamente a cebar la 'leyenda negra' de Díaz.   

En todo caso, ese negativo perfil tan extendido en la opinión pública se ha ido asentando gracias también al silencio deliberado de la presidenta, cuyos efectos habrían acabado siendo los contrarios de los pretendidos: Díaz no ha querido hablar para no quemarse, pero al final se está quemando por no hablar.  En realidad, hace meses que Díaz no se somete a una entrevista periodística: sus declaraciones a los medios no han pasado de esos rápidos ‘canutazos’ donde el político siempre suele jugar con ventaja. 

Un órgano colegiado, no personal

Personas del entorno de la presidenta andaluza consideran que ese relato negativo no le hace justicia. Aunque no niegan que aspire a competir por la secretaría general del partido, juzgan inverosímil el sabroso capítulo de la leyenda en el cual se narra que Díaz habría puesto a Sánchez en Ferraz para guardarle la silla.

Lo que ocurrió en verdad, alegan esas fuentes en su defensa, es que Sánchez no estuvo a la altura del cargo ostentado ni entendió la naturaleza colegiada del mismo: un secretario general debe dialogar, consensuar y tejer complicidades con los dirigentes territoriales, y “Pedro no lo hizo, ni con Susana ni con nadie”. Y añaden: “Si Pedro hubiera sido el secretario general que debió ser, el que todo el mundo esperaba que fuera, todos habrían estado con él, y Susana la primera”.

Esperando el tren

Pero lo que de verdad podría preocupar a la secretaria general del PSOE-A es perder el apoyo y el cariño, hasta ahora casi unánimes, de los más de 45.000 militantes andaluces. En gran medida, fue ese respaldo abrumador lo que en la primavera de 2014 desaconsejó a Díaz subirse al tren que conducía Ferraz. En pocos meses, el convoy parará de nuevo ante su puerta pero esta vez no habrá alfombra roja para llegar plácidamente hasta él entre vítores y aplausos: esta vez será un tortuoso camino lleno de trampas y cercado de francotiradores dispuestos a impedir que a toda costa que Díaz sea la nueva secretaria general.

Ha sido precisamente ese fundado temor a perder la confianza de una militancia andaluza alineada con el ‘no’ a Rajoy lo que ha retraído a Díaz a la hora de defender la abstención, que, aun desagradando a casi todos, ya en julio pasado se perfilaba como la única salida del PSOE para evitar el más que previsible desastre de unas terceras elecciones. Desde luego, a Susana Díaz nadie va a encontrarle en las hemerotecas ninguna declaración en defensa de la abstención, aunque en casi todas ellas se ocultaba el mensaje implícito de que el partido iba directo al precipicio si no se abstenía.

'Pedro el vampiro'

Pero, aunque no haya defendido abiertamente la abstención, el talón de Aquiles orgánico de la presidenta es justamente ese. Así lo cree sin duda Pedro Sánchez, que ya navega bajo la bandera del ‘no’ rumbo a la batalla de las primarias, cuya fecha está todavía por determinar pero que no será tan pronto como desearía Sánchez… ni, tal vez, tan tarde como preferiría Díaz.

¿Significa eso que los militantes andaluces preferirían, llegado el caso, a un Sánchez abanderando el ‘no’ que a una Díaz amarrada a la abstención? Así responde una ingeniosa votante socialista: “No, no, Pedro cree que la gente del partido lo apoya a él, pero lo que les gusta de verdad es el ‘no’ a Rajoy. Pedro es ahora mismo un vampiro que vive alimentándose del no es no, y después de las cosas que dijo en la entrevista a Évole, mucho más”.

Chamuscada, no quemada

Sea como fuere, la pregunta inicial de si Susana Díaz está quemada no tiene todavía respuesta. Desde luego, que está chamuscada (Chamuscar: “Quemar una cosa por la parte exterior”) nadie lo duda, pero de ahí a la urgencia de ingresarla en la unidad de quemados va un largo trecho.

Sus heridas, piensan en su entorno, son superficiales. Solo hace falta tiempo para curarlas. Y la Gestora que preside Javier Fernández, está dispuesta a darle a Díaz ese tiempo de obligada convalecencia. Si logra reponerse del todo, y es obvio que ahora no lo está, se aprestará a acudir a la batalla. Si finalmente no lo hiciera, decepcionaría a demasiada gente: algo que a estas alturas tal vez ya no pueda permitirse.