Ante la urgencia de formar gobierno en España hay tres posiciones: quienes creen que existe una mayoría alternativa a la del PP-Ciudadanos (si bien dentro de este grupo hay dos subgrupos: los que lo piensan y lo dicen y los que lo dicen pero no lo piensan); quienes creen que hay que dejar gobernar al PP mediante la abstención (también aquí hay dos subgrupos: los que lo piensan y lo dicen, que son los menos, y los que lo piensan pero no lo dicen, que son los más); y finalmente quienes creen que mejor unas terceras elecciones que un segundo mandato de Rajoy (aquí no hay dos subgrupos, pues ninguno de los que lo creen sinceramente lo dicen abiertamente). Si se pregunta en cuál de las tres posiciones está el Partido Socialista, la respuesta es fácil: en las tres. ¿Y por qué está el PSOE así de indeciso y dividido? En último término, porque no tiene un líder: un líder en el sentido fuerte del término, en el sentido que Tucídides atribuía a Temístocles o a Pericles, alguien con determinación y clarividencia, entendida esta última como la capacidad de “prever, en una situación dada, las ventajas y los inconvenientes cuando todavía son imprevisibles”. [cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]EL NUDO GORDIANO[/cita] Dado que los argumentos a favor del ‘no’ y los argumentos a favor de la abstención están en principio bastante equilibrados dentro del partido, solo un líder fuerte y creíble puede deshacer de un tajo el nudo gordiano que está estrangulando al PSOE. El Comité Federal que se convocará después de las elecciones vascas y gallegas del día 25 debe ser el escenario para que tal cosa suceda. En ese Comité no puede no pasar nada. En ese Comité no pueden no hablar claro quienes tienen la obligación de hacerlo y que son principalmente dos: Pedro Sánchez y Susana Díaz. En ese Comité debería votarse de una maldita vez qué hacer y asumir las consecuencias, todas las consecuencias: el partido las políticas y Pedro y Susana las políticas y las personales. En ese cónclave Pedro debería trasladar con claridad y determinación a sus compañeros que el ‘no’ socialista a Rajoy conduce a las terceras elecciones (salvo que Rajoy se retire de la escena, lo cual es altísimamente improbable) y que esa opción de las terceras elecciones es la menos mala tanto para el partido como para el país. Y, de la misma manera, en ese cónclave Susana debería trasladar con igual claridad y determinación a sus compañeros que permitir que gobierne la mayoría de 170 diputados encabezada por Rajoy es la opción menos mala para el partido y para el país. [cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]LA HORA DE LAS ESPADAS[/cita] Dado que ambos tienen perfecto derecho a liderar el Partido Socialista, ha llegado la hora de que confirmen tal derecho. Y el precio de esa confirmación es la claridad: hasta ahora podían no hablar claro ni mostrar abiertamente sus cartas, pero ese tiempo ha terminado. Ha llegado la hora de desenvainar las espadas: las espadas de verdad y las espadas de la verdad. Sánchez no puede seguir diciendo ‘no’ a Rajoy, ‘no’ a postularse como alternativa y ‘no’ a terceras elecciones, y Díaz no puede seguir insinuando que la salida de este embrollo es la abstención pero sin atreverse a proponerla abiertamente, ni puede seguir poniendo en acento en que Rajoy se vaya cuando todo el mundo sabe que no se irá. Pedro puede permitirse el lujo de no ser claro porque no tiene nada que perder con ello: es más, en ese no ser claro reside su propia supervivencia. A Susana en cambio le sucede más bien todo lo contrario: con su ambigüedad, con su conducta de amagar y no dar está desacreditando las virtudes de determinación y clarividencia que hace solo dos años le atribuía todo el mundo. Esto dice, por cierto, Tucídides de Pericles en su Historia de la Guerra del Peloponeso: “Sostenía, en efecto, Pericles que los atenienses vencerían si permanecían tranquilos y se cuidaban de su flota sin tratar de acrecentar su imperio durante la guerra y sin poner la ciudad en peligro” (II, 65, 7). Justo todo lo contrario de lo que están haciendo los socialistas con Pedro Sánchez al frente y Susana Díaz en la sombra: no están tranquilos, no están cuidando de su flota, están intentando acrecentar su imperio en plena guerra y no están cuidando de la ciudad.