Fue un buen partido donde no ganó nadie pero golearon todos. El choque quedó en un empate entre los tres, aunque durante el debate hubo sucesivas ventajas parciales que los perdedores supieron neutralizar a tiempo para alcanzar un digno cómputo final. Por una vez no vencieron las rígidas reglas que los contrincantes habían pactado previamente, pero que ellos mismos se saltaron más de una vez y más de dos interpelándose lo suficiente como para que el debate ganara en viveza y frescura. El papel más difícil era el del candidato de Izquierda Unida, Antonio Maíllo, porque necesitaba con urgencia hacerse un hueco entre los dos colosos electorales que representaban Juan Manuel Moreno y Susana Díaz. Le costó pero lo consiguió. Y no era fácil porque durante la primera mitad Díaz y Moreno se comportaban como si no hubiera un tercer combatiente en el plató. MAÍLLO: BUSCANDO EL CUERPO A CUERPO Hasta el minuto 25 no se le escuchó a Maíllo el primer reproche debidamente agrio a Susana Díaz, aunque la presidenta no se dio por aludida: era obvio que la estrategia socialista pasaba por ir al choque con el PP y por eludirlo con Izquierda Unida, cuyo tenaz candidato buscó una y otra vez el cuerpo a cuerpo, al principio del combate más con Díaz que con Moreno y en la segunda parte más con el líder del PP a la vista de que la presidenta andaluza se hacía la sueca una y otra vez. Maíllo no ganó el debate por casi por definición no podía ganarlo, pero Izquierda Unida y él mismo salieron claramente reforzados. ¿Tanto como para hacerle sombra a Podemos? Bueno, no, tanto no, pero Maíllo logró colocar sus mensajes, reivindicó con firmeza el papel de IU en el Gobierno, logró en algún momento irritar a Díaz y a Moreno y, lo principal, fue quien salió mejor parado en el bloque sobre corrupción, sin duda la parte del debate más interesante y encendida de la noche. DÍAZ: MEJOR ATACANDO QUE DEFENDIENDO La presidenta Susana Díaz estuvo pasable en defensa y mucho mejor cuando se fue arriba a marcar goles al PP, cuya escuadra tenía muy desguarnecida la zona del campo defendida por Mariano Rajoy. La presidenta sabía que el flanco más débil del PP son las políticas del Gobierno central y se aplicó una y otra vez a entrar por esa banda. No obstante, no vimos anoche a la mejor Susana Díaz, que estuvo más seria y menos desahogada que de costumbre. Técnicamente fue superada por Moreno, que siempre miraba a la cámara para dirigirse así a los espectadores, mientras que Díaz miraba más a Moreno que a la cámara y por eso sus mensajes llegaban en escorzo y no de frente. La parte más comprometida para ella del debate era la de corrupción y logró salir airosa. Moreno y Maíllo habían atacado con eficacia y determinación, pero no consiguieron que Díaz se enredara en la defensa de Chaves y Griñán, cuya imputación/no imputación dio mucho juego a sus adversarios, que reprocharon a Díaz no haber cumplido su promesa de pedirles el escaño si eran imputados. CUATRO PREGUNTAS INCÓMODAS Aun así, aun no perdiendo esa parte del debate, la presidenta no dio respuesta a importantes interpelaciones de sus adversarios: ni a la de Maíllo cuando repitió que IU había puesto el contador de la corrupción a cero cuando entró en el Gobierno ni a la de Moreno cuando por dos veces quiso saber qué había hecho la presidenta ante un informe de la Intervención de la Junta que supuestamente ponía de manifiesto las irregularidades en la gestión del dinero de la formación. El momento más matador de la candidata llegaba minutos después. Tuvo lugar cuando acorraló a Moreno Bonilla con cuatro preguntas que el presidente del PP no pudo contestar: si el PP llevaba imputados en sus listas electorales; si iba a presentar su contabilidad ante la Cámara de Cuentas como ha hecho el PSOE; si estaba seguro de que nunca había cobrado sobresueldos, ya fuera en A o en B; y, finalmente, si iba a mostrar su declaración de la renta de 2013 y por qué no había hecho hasta ahora. El otro gran momento de la noche para Díaz fue cuando comparó las políticas educativas y sanitarias de Andalucía, por una parte, y Murcia y Castilla-La Mancha por otra. Prudentemente, Moreno no contestó. BONILLA SALIÓ MEJOR DE LO QUE ENTRÓ Era una noche muy importante para el líder del PP. Su primer enfrentamiento público con la presidenta de la Junta. Perderlo habría sido letal para el presidente popular, al que le está costando más de lo esperado afianzar su liderazgo en el partido. Pero no lo perdió. Su empate le supo a victoria. Díaz lo puso en apuros pero también él la puso a ella combinando sus ataques a las políticas socialistas con dulces apelaciones al pacto, el entendimiento y la necesidad de un cambio tranquilo y sin estridencias en Andalucía. Moreno sabe que el electorado andaluz, según todas las encuestas, sitúan al PP muy a la derecha del espectro político y quiso dar la imagen de un hombre tranquilo, moderado y de familia humilde que tuvo que emigrar. “No entiendo cómo puede ser usted de derechas siendo hijo de emigrantes”, le espetó con desahogo Antonio Maíllo descolocando un poco a Moreno. Al contrario que sus contrincantes, el candidato popular fue bien pertrechado de fotos y carteles que exhibió con habilidad. Sus mejores momentos fueron cuando sacó la foto de Chaves y Griñán con Susana Díaz para afearle a ésta su pasado y sus padrinos y cuando, gráfico, en mano le pidió a la presidenta que explicara por qué Andalucía había dejado de gastar 809 millones de euros en 2014 en políticas de empleo. Díaz dijo que el dato era falso, pero no lo rebatió de manera convincente. El lunes próximo los tres se verán de nuevo las caras, en Televisión Española.