El presidente del Partido Popular de Andalucía ya se curó en salud meses atrás al advertir que su batalla no eran las municipales de 2015, sino las autonómicas. Precaución inútil la de Juan Manuel Moreno Bonilla: si las municipales salen mal para el Partido Popular en Andalucía, no podrá eludir la responsabilidad que siempre ha de caberle en ello a quien es líder de un partido. En política, la culpa siempre se le echa al que está ahí, tenga o no tenga la culpa. Durante 2014 no ha logrado Moreno Bonilla afianzar su liderazgo en el Partido Popular: y no porque su presidencia esté puesta internamente en cuestión, que si lo está es en voz muy baja y con un alcance orgánico muy minoritario, sino porque no ha logrado despertar el entusiasmo de los suyos. Ciertamente, no se trata de una dolencia irreparable (¿a cuántos entusiasmaba Chaves en 1990 o Aznar en 1993?), pero si el presidente del PP y su equipo no toman notan de ello su manato está condenado al fracaso. DOS AÑOS DE ORFANDAD El PP andaluz no ha logrado recuperarse de la orfandad en que lo dejó la marcha, esta vez definitiva, de Javier Arenas en 2012. La designación de Juan Ignacio Zoido como sustituto de Arenas fue un error que nadie en el partido entendió nunca muy bien, y el que menos de todos quizás el propio Zoido, pero la llegada de Moreno Bonilla en marzo de 2014 no ha logrado diluir esa persistente sensación de transitoriedad que mantiene agarrotado al partido, como si fuera incapaz de volar solo y escapar del campo magnético con carga negativa de una dirección nacional lastrada por las evidencias del caso Gürtel y la exasperante lentitud de la recuperación económica. Zoido, en cualquier caso, supo ver muy pronto que para un alcalde de Sevilla la presidencia del partido era una jaula de oro que le restaba margen de maniobra y lo convertía en un blanco fácil para sus adversarios. Por eso lo dejó: formalmente en marzo de 2014, pero materialmente mucho antes. DEBATES DESAPROVECHADOS En los grandes debates nacionales que ha vivido, y sufrido, el Partido Popular a lo largo de 2014, su presidente andaluz no ha estado presente. O si lo ha estado, no se ha notado que lo estaba. Los ha eludido deliberadamente, y muy en particular el debate del aborto, en el cual el líder andaluz no dio pista alguna, ni a favor de las tesis del ministro Gallardón ni en contra de ellas. Moreno tal vez calculó que entrar en un debate tan espinoso y transversal podía perjudicarle, pero lo que quizás no calculó es que no entrar en él le hacía perder una ocasión de oro para afianzar su perfil, remarcar su autonomía, mandar a su gente un mensaje de que el líder del partido en Andalucía tenía opinión propia en un asunto –social y políticamente crucial– que mantenía dividida a la propia organización. NO RESTAR, PERO TAMPOCO SUMAR No es que Moreno Bonilla le reste a su partido, es que no le suma. Ni le suma ni le resta, y ese es justamente el problema. Moreno no parece haber comprendido que si no arriesga, si no exhibe una cierta audacia que vaya más allá del argumentario oficial del partido no logrará movilizar votos andaluces en su favor. No se trata de pretender que Moreno Bonilla sea la versión andaluza de Esperanza Aguirre, pero tal vez debería imitarla de vez en cuando. Aguirre no es que sea un verso suelto, es que ella sola todo un poema escrito en verso libre. Moreno no puede ni debe ni tiene trayectoria suficiente para emular a la desahogada dirigente madrileña, entre otras cosas porque a Moreno le 'regaló' el cargo Mariano Rajoy y ese pecado original es un lastre para afianzar su autonomía frente a Génova: no contra Génova, naturalmente. UNA SOLA CARA, NO MUCHAS ¿Qué hacer? A Moreno y a muchos alcaldes andaluces puede ocurrirles lo que les sucedió a sus homólogos socialistas en los comisiones locales de 2011, que paguen la penitencia por pecados que han cometido. Es una posibilidad que las cosas ocurran así. La única baza de Génova y la Moncloa es la recuperación económica y la gente todavía no la ve a su alrededor ni la nota en sus bolsillos. Ni tampoco la siente en su ánimo. En ese escenario, Moreno está obligado a sumar, no puede seguir como hasta ahora, ni sumando ni restando. Los alcaldes del PP tienen miedo a perder y alguien debe amortiguar su miedo: ese alguien solo puede ser el líder regional del partido. La incompatibilidad de los cargos de alcalde y parlamentario dejó cojeando el grupo parlamentario con la salida de Dolores López Gabarro, que regresó finalmente a su alcaldía de Valverde del Camino pero que tardó tanto tiempo en hacer que dio la impresión de que el partido –es decir, su líder– no sabía muy bien cómo gestionar esa situación. Por lo demás, en el PP andaluz sigue habiendo demasiadas caras públicas cuando, dada la delicada situación de Moreno, debería haber una sola: la suya. Aunque es verdad que en política no solo hay que salir mucho, sino que cuando se sale hay que decir cosas distintas para hacerse oír. O las mismas cosas, pero con otra entonación. Bonilla aún no ha encontrado su propio e inconfundible tono.