Tras el revolcón de las primarias y la decepción del 39 Congreso Federal, los socialistas andaluces han decidido no dar puntada sin hilo. Aunque son bien conocidas las diferencias de su secretaria general, Susana Díaz, con el ganador de las primarias, Pedro Sánchez, los andaluces se han juramentado en torno a la presidenta para que esas discrepancias no afloren en el 13 Congreso Regional que comienza el sábado y que el domingo clausurará el inquilino de Ferraz.

Replegados disciplinadamente tras la derrota pero conscientes encarnar la federación más poderosa del socialismo español, no están dispuestos a ser apartados sin más de los grandes debates nacionales, y muy particularmente del debate territorial. Pero, al mismo tiempo, saben que no pueden ni deben hacer ruido interno pues de hacerlo serían de inmediato acusados de desleales con el siempre quisquilloso secretario general.

La selva del sur

‘Andalucía, la fuerza de los socialistas’ es el lema del cónclave que ratificará a Díaz como secretaria general. Sin desmerecer a sus compañeros del otro lado de Despeñaperros, los socialistas andaluces quieren sacar pecho y hacer ver a todo el mundo que, primarias federales aparte, son el pulmón del PSOE, la selva amazónica que bombea la mayor parte del oxígeno que el planeta socialista precisa para sobrevivir.

El lema del congreso es una de esas puntadas con hilo del socialismo andaluz: nadie de fuera puede sentirse directamente aludido, pero nadie puede desconocer su intención y significado. En eso consiste no dar puntadas sin hilo: en actuar calculadamente en provecho propio pero haciéndolo como distraídamente y con cierto sigilo.

El otro lema

Pero el congreso socialista tiene también otro lema, aunque no figure como tal en ninguna parte. Ciertamente, no lo hace como lema pero desde luego que figurar, figura. Vaya que si figura: en el amplio vestíbulo circular del Hotel Renacimiento donde han sido instaladas las mesas y cabinas para los periodistas, arrancando desde el tercer piso se despliegan tres gigantescas banderolas verdes como de unos nueve metros de alto y no menos de uno y medio ancho con la palabra ‘IGUALDAD’ impresa verticalmente en ellas.

Se entiende, ¿verdad? Andalucía –vienen a decir– no solo es la fuerza de los socialistas, sino también el fortín de la igualdad: una igualdad cuyo apellido en estos tiempos no puede ser otro que territorial. Esta es, pues, la segunda puntada con hilo.

Dos fechas

Esas ‘banderolas de la igualdad’ son la versión icónica del núcleo duro de este congreso, referenciado en torno a dos fechas: el 4 de Diciembre de 1977 y el 28 de Febrero de 1980, ampliamente representadas a su vez en la exposición montada para la ocasión con motivo el 40 aniversario de la fundación de la Federación Socialista Andaluza. “Más antigua que el PSC”, recuerdan con malicia algo infantil los dirigentes andaluces.

El 4-D y el 28-F constituyen el más preciado patrimonio de la memoria política de los andaluces y el doble pivote sobre el que el PSOE asienta buena parte de su poderío electoral. 

Si las masivas manifestaciones del 4-D fueron la réplica andaluza a la concentración multitudinaria habida tres meses antes en Cataluña y la votación del 28-F fue la materialización institucional de aquella reclamación igualitarista que llenó las calles andaluzas el 4-D, las banderolas que lucen en el 13 Congreso son el recordatorio gigante –se entiende, ¿verdad?– de aquella doble gesta.

O todos o ninguno

Por eso le rechina y, sobre todo, le inquieta tanto al PSOE-A la dichosa plurinacionalidad que no sin alguna imprudencia el 39 Congreso Federal incorporó a su ideario político. ¿Estado plurinacional? Sí, pero igualitario. O somos todos naciones o no lo es ninguno.

Como habrá ocasión de comprobar este sábado en el discurso de Díaz de apertura del congreso, ni muerto va a renunciar el PSOE a la bandera de la igualdad. Acepta ‘plurinacionalidad’ porque es la posición oficial del partido, pero apela a la “libertad de opinión y pensamiento” para discrepar.

Ganar y perder

Ahora bien, ¿cómo combinar esa rocosa posición con las ansias de singularidad territorial de casi todos los catalanes y de soberanía política de la mitad de ellos? El PSOE andaluz no lo sabe: en realidad, puede que no sepa exactamente lo que quiere, pero sabe muy bien lo que no quiere. De eso mismo, de dejar claro lo que no se quiere, va también este congreso.

Susana Díaz y los suyos no pueden permitirse veleidades territoriales de ningún tipo: Ferraz puede hacerlo porque no tiene nada que perder pero San Vicente no puede porque corre el riesgo de perderlo todo. Escuchando en privado a la nomenclatura andaluza se concluye que la militancia catalanista del PSC tenía buenas razones para dar la espalda a Susana Díaz. Tan buenas como las tuvo la militancia andaluza para darle su respaldo.

Emoción y propaganda

Y para redondear esa voluntad de ‘no dar puntada sin hilo’, el congreso viene escoltado por una potente exposición de fotografías y textos para celebrar los 40 años del PSOE autonómico, de ellos los 35 últimos en el poder por decisión de los andaluces.

Aunque la idea de montar esa muestra debió ser relativamente tardía, cuando el congreso ya estaba encima, su concepción, diseño y montaje combinan eficazmente emoción y propaganda para visualizar el lema algo narcisista que la inspira: ‘Un gran partido para un gran pueblo’.

El otro Alfonso

En los paneles no falta ninguno de los protagonistas de esos 40 años de éxitos electorales, arrancando con el hoy desconocido pero crucial dirigente jiennense Alfonso Fernández Torres –que en los 70 mandaba y mucho– pasando por Escuredo, Borbolla, Chaves y Griñán y concluyendo con Susana Díaz, sin olvidar una mención gráfica a los secretarios generales del partido: Felipe González, Joaquín Almunia, José Luis Rodríguez Zapatero, Alfredo Pérez Rubalcaba y ¿Pedro Sánchez? Sí, también Pedro Sánchez. Su foto no es la más grande ni la que está más alta, pero está. Lo cual, visto lo visto, no es poco.

Otros tiempos

Al menos una de las fotos de la exposición tiene también mucho de puntada sigilosa. Su fecha, hacia 1978. Sus protagonistas: el primer presidente andaluz, Plácido Fernández Viagas, y el presidente de la Generalitat, Josep Tarradellas. La imagen en blanco y negro transmite complicidad, cercanía, cierta igualdad, cordialidad casi. Eran otros tiempos. Tiempos candorosos en los que, al menos en materia territorial, los políticos todavía podían permitirse el lujo de dar alguna que otra puntada sin hilo.