Andando como andamos hacia arriba, por la Cuesta de Enero y por la pendiente Constitucional, no nos queda otro remedio que la resignación para remontarlas con la mínima solvencia: hemos de resignarnos para hacer frente a sendas cascadas paralelas, solo que al revés, la de las facturas navideñas y la de los señalamientos del calendario sociopolítico constitucional, regional y nacional y, por si fuera poco, los del judicial. Tanto es así que nos estamos volviendo culibajos y se nos van a poner los glúteos y los bíceps inferiores como morcones de Huelva por lo mucho hincar los talones en la pendiente, apretando el compás del paso, para ejercitar el arte de la remontada. Es como nadar contra corriente en las cataratas de Niágara o en las de Iguazú, sin lugar para el desaliento, eso sí, pero tampoco para la autocomplacencia, porque la mies es mucha, los operarios pocos y las adversidades infinitas e incontables: cuando no nos crecen los enanos se nos engurruñan los gigantes, se nos solidifica el vino y se nos licúa la fuerza de voluntad con la que hemos de hacer frente a las adversidades de este Laberinto de Fortuna en que andamos inmersos mientras nos sube otra vez desaforadamente, no la bilirrubina sino la prima de riesgo, se empercude hasta lo impensable el conflicto catalán, se embrolla en tierras Baleares la vista judicial del caso Nóos, en las madrileñas el caso Arena y en las malagueñas el de la recalificación urbanística dolosa de los terrenos del chalet de Sean Connery, el mejor de los 007, que acabó cayendo en las propias redes de la corrupción urbanística marbellí merced al talento de Juan Antonio Roca y de un Julián Muñoz muy demacrado y abandonado ya a su suerte por la Pantoja, mientras que el actor escocés se ha sacudido la acción de la Justicia cargándosela a su pareja y consiguiendo para su causa nacionalista la realización de unas consulta independentista a la británica, en cuya votación ganaron todos demostrando no ser tan fiero el león del separatismo como lo pintaban ni tan mameluco el gobierno central como lo concibe nuestro Presidente español y su ministro del Interior, que solo piensa en la Guerra Civil y en la milicia y "Fuas y Cueros de Segrdad del Estao" [dicho así] para contentar las ansias centralistas del franquismo redivivo. Como si en Escocia hubieran encerrado a toda su población nacionalista en la Torre de Londres y la hubieran puesto a tocar lamentos líricos con las sus gaitas gallegas, de esas que le endulzaban el volunto nostálgico a Fraga y ahora a Rajoy. Y todo ello nos dibuja un panorama de agujero negro en la barriga, una sima insondable, un hueco frío y doloroso cuya huella nos inmoviliza y entontece más de lo que ya lo estábamos de por sí y de por nos, mientras pensamos en que Pachi López, que tanto triunfó en Euskadi como lehendakari con el apoyo tácito del PP, pueda pastorear a los diputados levantiscos y vencer por consunción a los almogávares mediterráneos contra los que hasta ahora nos ha ido tan bien toreándolos a la gallega, con la política aznarista del palo y la zanahoria y de hablar catalán en la intimidad. "¡Arriba España y Cataluña!" como diría Dolores López, la senadora y ex-alcaldesa de Valverde del Camino y secretaria general del PP andaluz, metiendo los botos hasta las ingles y alcanzando un récord maestro de la estulticia política y otro transparente de vérsele los pinreles, el culo y las intenciones. ¡Arriba! Y según van las cosas, no habrá mejor marco que el de los ya inminentes Carnavales para definir, como en Cádiz, la situación nacional e internacional: ¡Chevichev, Chevichev! / Chevichev te quiero: / tú trajiste la ilusión / de la Copa de fútbol / a este Cádiz pinturero. Eso mismo les cantaremos a nuestros políticos, jueces y fiscales más consecuentes con la filosofía del buen pactar (no "pastar", claro) desde Granada, cuna y sepultura de aquel Martínez de la Rosa, hombre de pactos y de letras a quien se apodaba en esta su ciudad natal Rosita la Pastelera, reflejando la cualidad de tener tan buena restauración de dulces y confites en esta tierra que riegan Darro y Genil de consuno, o sea de común acuerdo. Y si no, para ilustrar este hueco ancestral y su sonido, ahí está la teoría del ruido que pueden acabar haciendo las ondas gravitacionales que, para Einstein, reproducirían el ruido cósmico de la colisión entre dos agujeros negros: el de la doctrina de FAES y el de el cacumen esdrújulo de Rajoy, según tiene convenientemente explicado y predicho el Pequeño Nicolás.