Me dice Montse, mi acupuntora personal, que me encuentra demasiado obsesionado con la Iglesia Católica y con su actual problemática; que es mejor dejarla, como si no existiera, que ella sola se vendrá abajo, cuando toque y por su propio peso porque, si la mencionamos mucho, aunque sea para criticarla, le estamos haciendo un inmenso favor. Y yo la entiendo, pero no comparto su opinión por varios motivos. Se ve que a ella no la agredieron los Maristas (ni las Ursulinas) aunque tenga bien marcadas las huellas de la fe y del nacional catolicismo, como buena pamplonica que es, en su variante navarra del gen vasco. A mí en cambio, me dieron un bachillerato de aúpa y se lo siguen dando al conjunto del pueblo español, aunque yo haya conseguido poner pies en polvorosa y ya no me afecten sus jugarretas lo más mínimo. En cambio, me sigue afectado el doble lenguaje eclesial que hoy mantiene la Iglesia en el mundo y en nuestro país. Así, es evidente que el Vaticano habla por boca del Papa Bergoglio pero en España, también resulta patente la resistencia numantina que le están presentando los sectores eclesiales más reaccionarios, encabezados por el cardenal emérito de Madrid, don Antonio María Rouco Varela, gallego de Villalba, como Fraga, y hermano de leche de Paquito Clavel, a juzgar por el gran parecido físico que hay entre ambos aunque, en cuanto al químico, son como el día y la noche, uno tan simpático y otro tan atrabiliario y avinagrado. Vaya, que el gallego se ha resistido a dejar su residencia oficial de titular de la sede de Madrid-Alcalá, aun cuando ya no es más que emérito y ex Presidente de los obispos y, por tanto, figura decorativa. Sabida es su actividad sectaria y su proximidad a la Asociación de Víctimas del Terrorismo (sector carca) y a todas las asociaciones pro-vida, en cualesquiera condiciones, de los nascituri, que ahora están dando la batalla en Chile contra un Gobierno tan socialdemócrata y tan tibio al respecto como el de Bachelet, en vez de apoyar a los gobiernos centroamericanos para aclarar la muerte de monseñor Romero y detener a sus asesinos. Diríase que no hay trinchera religiosa ni, por tanto, sociopolítica en el orbe católico donde los curas reaccionarios no estén eso, procurando entorpecer el mensaje semi-aperturista del Papa argentino. Y esto surte efecto negativo en la Iglesia porque empuja al Pastor a reequilibrar las fuerzas y a reposicionarse en defensa de las ovejas de modo más dubitativo en el tablero internacional dando rienda suelta a su populismo también reaccionario como se ha visto a propósito de la anécdota de la legitimidad del puñetazo a quien insulte a tu madre o en la posición firmemente antiabortista en el caso chileno. El dilema de Bergoglio consistirá cada vez más en decidirse por las posiciones eclesiales más abiertas y progresistas o en retroceder hacia el pasado vaticano inmediato, tan lleno de Papas colaboracionistas y "pro-occidentales", alejados de las masas de ovejas maltratadas por los lobos poderosos, como cabe inferir de los tintes acríticos y socialmente tibios de su reciente viaje a Filipinas. Hoy mismo (viernes) la prensa se hace eco de una carta papal a todos los sacerdotes católicos instándoles a vigilar la moral eclesiástica y, en especial, en todo relacionado con el sexo y ha llegado a decir que "no hay sitio en la Iglesia para la pederastia": A buenas horas, mangas verdes o a buenas horas dijo el rey ¡gachas!, que vienen a ser expresiones "sinagogas", como decía aquel, porque es evidente que lo hubo, lo ha habido y lo seguirá habiendo si no se espabilan mucho el Papa y sus más íntimos colaboradores a quienes no negamos el beneficio de la duda pero recordamos que una cosa es predicar y otra poder dar trigo. Mucho tiene que cambiar la Iglesia para expulsar de sus filas y de sus templos y conventos a esa plaga de la pederastia que corre pareja con todos los abusos de autoridad que vienen ocurriendo desde tiempo inmemorial allí donde la autoridad era absoluta y no tenía trabas ni control democrático.