En la controversia sobre la pertinencia de las asignaturas de religión en la escuela, a menudo se sobrentienden sus contenidos, métodos… en definitiva, lo que constituye los currículos, sin examinarlos. Creo que es conveniente este examen para poder ofrecer una opinión bien informada. Comentaré por ello los currículos aprobados para Primaria, centrando la atención en si hay aspectos que pueden perjudicar el desarrollo infantil. Primero examinaré el de religión islámica, después los de religión católica y evangélica, y finalizaré con unas conclusiones globales. El BOE del 1 de marzo de 2014 recoge el Real Decreto 126/2014, de 28 de febrero (http://goo.gl/SwciBf), por el que se establece el currículo básico de la Educación Primaria (niños y niñas de 6 a 12 años). La Disposición adicional segunda se refiere a las «Enseñanzas de religión», y dice en el apartado 3: «La determinación del currículo de la enseñanza de religión católica y de las diferentes confesiones religiosas con las que el Estado español ha suscrito Acuerdos de Cooperación en materia educativa será competencia, respectivamente, de la jerarquía eclesiástica y de las correspondientes autoridades religiosas.» Ese currículo ya ha sido presentado por las confesiones evangélica, católica e islámica para la Educación Primaria, pero no se olvide que las «enseñanzas de religión» comienzan en Infantil y continúan en Secundaria. Empezaré analizando el currículo islámico, menos conocido por haberse presentado hace muy poco tiempo.  CONFLICTOS CON LA RACIONALIDAD Y LA CIENCIA Como puede comprobarse (http://goo.gl/jsz7tu), el currículo de Religión islámica para Primaria, establecido por la Comisión Islámica de España y publicado en el BOE el 11-12-2014, habla del desarrollo de todo tipo de competencias en apariencia irreprochables, pero es conveniente analizar con cierto detenimiento sus contenidos. Al hacerlo, nos encontramos con posibles conflictos con la racionalidad y la ciencia. Recordemos que en ésta ocupa un lugar preeminente el evolucionismo para dar cuenta de la diversidad de los seres vivos, incluyendo, por supuesto, a los humanos. Ya en 2006, las academias de ciencias de 67 países, incluyendo algunos como Egipto, Pakistán, Marruecos, Palestina, Irán, Indonesia y Turquía, emitieron un comunicado en defensa de la enseñanza del evolucionismo frente a las pretensiones creacionistas. En el islam parece haber controversia sobre este asunto, de manera que, aunque sean minoría, hay musulmanes que aceptan el evolucionismo científico. En el currículo islámico de Primaria aparece, sin embargo, un creacionismo estricto: «Al-lah, Creador del Universo, de todos los seres vivos y Único Dios adorado». (De paso, como vemos, niega que nadie adore a otros dioses, lo cual es una falsedad palmaria.) Además se concreta: «Al-lah creó a los animales» y «A-lah creador del hombre y la mujer». Un creacionismo que, al querer mostrarse bienintencionado, remacha su incompatibilidad con el conocimiento científico sobre la evolución humana: «Razona que todas las personas somos hermanos porque provenimos de los mismos padres Adán (P) y Eva, evitando el lenguaje sexista tanto oral como escrito». Siendo así, tal vez se evite relatar la creación de Eva como secundaria a la de Adán, según lo cuenta el Génesis. En todo caso, en ningún momento se habla en el currículo del mito de Adán y Eva como tal mito, leyenda o alegoría. Por otra parte, todo el currículo está impregnado de una fe incondicional en los dogmas islámicos (sobre todo, el Corán como palabra de Al-lah), lo que se opone, en mi opinión, al desarrollo del pensamiento crítico y a la consideración del método científico como la mejor herramienta de que disponemos para acceder a la descripción y comprensión objetivas del mundo natural. En este método es esencial la duda, el aporte de pruebas contrastables, la racionalidad, la apertura a la rectificación, y todo tipo de mecanismos para evitar errores y fraudes. Es un método, en definitiva, esencialmente antidogmático. Cualquier enseñanza basada en dogmas —como la aquí analizada— es, por consiguiente, anticientífica. SEXISMO Y HOMOFOBIA  La antes comentada referencia a los primeros «padres Adán (P) y Eva» es llamativa en otro aspecto, que haré más evidente señalando que en el currículo se menciona a «los cinco profetas más importantes: Adam (P), Noé (P), Abraham (P.B.), Jesús (P) y Muhammad (P.B.)», y por otro lado a las «Musulmanas que son un modelo a seguir: Jadíya, Aisha, Asia, Hayar y Um Salama». Salta a la vista que a los grandes hombres se les distingue con «(P)», "con él sea la paz" o «(P.B)», “paz y bendiciones”, pero a las mujeres no, por modélicas que sean. Paradójicamente, mientras se habla de evitar «el lenguaje sexista» y de «conocer las aportaciones de hombres y mujeres, valorándolas por igual». Como, por otra parte, se hace mucho hincapié en «el Corán como el libro que contiene las palabras de Al-lah y que nos guía por el buen camino», lo de evitar el sexismo no queda tan claro. El Corán, como es notorio, no es precisamente un modelo a seguir respecto a la «educación para la igualdad de género» que se proclama en el currículo. Muy conocidas son las dificultades que ofrece a quienes luchan por la igualdad de sexos sin apartarse de la ortodoxia islámica. No olvidemos que el Corán dedica la sura 4 a «Las mujeres», pero el texto se dirige a los hombres, y, ni en las traducciones que comienzan la célebre aleya 4.34 (o 38, según la versión) con «Los hombres son responsables del cuidado de las mujeres» o «Los hombres son protectores y proveedores de las mujeres» en vez de «Los hombres son superiores a las mujeres», quedan estas en situación de igualdad en el conjunto del texto, sino que resultan claros sus menores derechos. En algunas traducciones reputadas, esta misma aleya termina diciendo que, a las mujeres de quienes se tema animadversión, «las azotaréis» o «pegadles», pero que termine la recriminación cuando obedezcan. Incluso en las interpretaciones más benévolas de la aleya, la posición dominante del hombre (y sumisa de la mujer) es evidente. La «igualdad de género» no consiste en que los hombres sean patriarcalmente benevolentes con las dóciles mujeres: «Sus mujeres son para ustedes como un campo de labranza, por tanto, siembren en su campo cuando quieran.» (Corán 2:223). La discriminación aflora también en las herencias: «al varón le corresponde el equivalente a la porción de dos hembras» (Corán 4:11). Añadamos al sexismo la homofobia presente en algunas suras (Corán 7:80-84, y 26:160–175), y la muy violenta represión de las relaciones sexuales fuera del matrimonio (Corán 24:2). Algo similar a lo comentado sobre el Corán cabe decir al considerar «El profeta Muhammad, el elegido: un ejemplo a seguir», con el objetivo de «aprender normas adecuadas de conducta tomando como ejemplo la vida del Profeta y sus compañeros». No estoy capacitado para entrar en las controversias sobre la biografía de Muhammad, pero si hacemos caso del propio currículo, «La Sunna son las enseñanzas del Profeta», «es la segunda fuente de conocimiento» y «está compuesta por hadices». Pues bien, al acceder a las colecciones de hadices propuestas en el currículo, o a otras fuentes islámicas muy acreditadas (véase, por ej., en webislam, Muhammad: Su vida basada en las fuentes más antiguas, de Martin Lings), nos encontramos con que Muhammad desposó a Aisha cuando esta tenía 6-7 años (alguno más en ciertas fuentes), que consumó ese matrimonio dos o tres años después, y que el número de sus esposas fue de 12 o 13. Unos datos biográficos que difícilmente hablan a favor de unas relaciones igualitarias. Algunos hadices también dan cuenta de la mayor presencia de mujeres en el infierno, y de su menor inteligencia, según Muhammad. El desprecio de Muhammad a los homosexuales es claro, y así, por ejemplo, leemos en Al-Bujari: «El Profeta (B y P) maldijo a los hombres afeminados y a las mujeres que quieren ser como hombres; y dijo: “Sacadlos de vuestras casas”.» INTOLERANCIA  ¿Qué encontramos sobre la tolerancia con quienes no profesan las creencias islámicas, sobre todo si no creen en Dios alguno? No hay más que empezar a leer el libro-guía del propio currículo, el Corán, para percatarse de su dureza contra los «infieles», quienes no creen en el islam, pues «tendrán un castigo severo» [o, según las traducciones, «tremendo», «cruel», o un «tormento inmenso»…] (Corán II, 4 o 6), que en algún pasaje se concreta en «el infierno». Este tipo de advertencias y amenazas abundan en el Corán —si bien con ocasionales atisbos de tolerancia religiosa aquí y allá—, por lo que (im)poner este libro, y sin abundantes avisos precautorios, como guía para la vida es, en mi opinión, poco compatible con el desarrollo de los encomiables objetivos de «el respeto y la tolerancia con el resto de culturas» que se enuncian en el currículo. Los niños estarán en clase con compañeros “infieles”; ¿les parece conveniente que se les (im)ponga como guía un libro que incita al menosprecio, al rechazo e incluso al odio a esos infieles desde la primera sura? Al acceder de nuevo a las colecciones de hadices que el currículo recomienda para conocer la vida de Muhammad, y a las otras fuentes islámicas acreditadas, leemos que Muhammad fue un jefe guerrero que, entre otras cosas, dio el visto bueno a la decapitación, por orden de Saad ibn Muadh, de cientos de hombres judíos Bani Qurayza, mientras que las mujeres y los niños fueron hechos esclavos. (No entro aquí ni en la realidad de los hechos ni en las justificaciones que se proponen). ¿Es posible que pueda ofrecerse el acceso a episodios de este cariz a los niños, y sin posibilidad real de objeción por tratarse de textos y personas “sagradas”, como «ejemplo a seguir» para «la tolerancia», «la paz y la convivencia», el rechazo «de cualquier tipo de violencia» y la «igualdad de género»? En definitiva, entiendo que lo que el currículo islámico para Primaria ofrece es un plan de adoctrinamiento infantil revestido de buenas palabras (desarrollo de numerosas competencias) y no niego que de buenas intenciones, pero que, en mi opinión, son difícilmente compatibles con el dogmatismo, sexismo e intolerancia que aflora en los contenidos y, sobre todo, en las fuentes. Conviene ahora contemplarlo en perspectiva con los currículos ya aprobados de otras religiones (la católica y la evangélica) y con las normas que rigen el conjunto de la educación primaria. (Mañana, segunda parte: Los currículos cristianos)