El conflicto que enfrenta al gremio del taxi con las empresas de VTC ha provocado la dimisión en cadena de sus obligaciones del Gobierno de España, de las comunidades autónomas y de los ayuntamientos. Todas estas administraciones intentan sacudirse el bicho de encima como pueden. Nadie quiere pringarse, y los que lo han hecho dicen que no son los más indicados para abordar la solución.

El ministro del ramo le trasladó el marrón a las autonomías y éstas a los ayuntamientos, que piden una norma de referencia que evite la judialización de la disputa y su encallamiento. La ciudadanía, por su parte, asiste perpleja al espectáculo de echarse la pelota unos a otros sin atisbo alguno de acercamiento de posiciones.

La miopía social y política de nuestra clase dirigente aumenta, al tiempo que los promotores de la protesta intentan replicar el movimiento francés de los chalecos amarillos golpeando en algo tan trascendental para todos como es la movilidad.

En este problema, como en otros muchos, se requiere un abordaje lo más colaborativo posible entre los sectores implicados y una visión de futuro que vaya más allá del cortoplacista mandato “el que venga detrás que arree.”

Los taxistas se equivocan si piensan que van a seguir con su régimen de monopolio, se equivocan si piensan que sus competidores son sólo Uber y Cabify en España, y se equivocan si piensan que sus estrategias agresivas van a ser apoyadas por la ciudadanía. El Gobierno central también se equivoca si piensa que echando la patata caliente a las autonomías va a resolver algo, porque eso es romper la unidad de mercado y entorpecer la competencia.

La solución llegará si se asume la realidad de la transformación digital y el protagonismo de las nuevas fórmulas híbridas y compartidas de alquiler, uso compartido y vehículos eléctricos unipersonales. El taxi va a tener millones de competidores y no sólo las miles de licencias de VTC.

Los VTC tendrán que ser más regulados y los taxis tendrán que ser desregulados para tener más flexibilidad y versatilidad a la hora de competir con las nuevas formas de movilidad. Y, para vigilar y controlar el cumplimiento de las normas, taxis y VTC deberán estar obligados a instalar un tacógrafo digital a bordo como ya lo llevan los camiones y los autobuses.