Esta noche estaré en la calle en la protesta convocada por los sindicatos contra la reforma laboral y los recortes. Me sobran los motivos para sumarme a la movilización contra una medida regresiva y agresiva contra los trabajadores y contra una sacralización del déficit público que está dando pie a ajustes brutales en unos servicios públicos que garantizan la igualdad de oportunidades.

Nos venden desde el Gobierno de Rajoy que el decretazo es una pócima mágica para solucionar el problema más grave que tiene este país: el paro. Y para conseguir ese objetivo compartido por todos les da todo el poder a los empresarios y despoja de sus derechos al proletario (expresión en desuso y de otros tiempos como es una reforma que nos retrotrae al comienzo de la Transición). Despidos fáciles y baratos, la imposición de condiciones salariales y laborales al arbitrio del patrón y anula la negociación colectiva. ¿Cómo podemos tolerar semejante agresión sin manifestar nuestro descontento? Si  estamos en momentos de recesión, una reforma laboral que abarata el despido es la excusa perfecta para poner a más gente en la calle.

Con despidos más baratos, con menos ayudas a los desempleados, con menos educación y sanidad públicas, con más impuestos y con futuros contratos con salarios más bajos, los trabajadores y las clases medias seremos cada día más pobres. Ése es el horizonte negro que nos espera si aceptamos sin más las medidas del Partido Popular. Su cambio es a peor, hacia atrás, un retrocambio.