Este año el verano se está despidiendo por todo lo alto y, con esto de la mejora en el tino de los pronósticos meteorológicos, hemos estado viendo venir la prolongación de la canícula y la profundización de los ahogos hasta límites propios de las calderas de Pedro Botero, estando ya como estamos a mediados de septiembre. He dicho ahogos y no bochornos porque ahogos son más  que asfixiantes los que hemos acabado teniendo que soportar, sobre todo en Andalucía, con temperaturas nocturnas que pasan cumplidamente de los treinta grados y diurnas que rondan los cincuenta. Habráse visto cosa igual en los tiempos a los que alcanza nuestra memoria, con las criadillas duras como peñones por el recocimiento padecido y las seseras friticas, con más tropezones que el puré de berengenas de tanto soportar las fogaradas inmisericordes de Lorenzo. Desde luego esto es el acabóse y no sabemos hasta dónde vamos a llegar de tan rustidos y recalentados como andamos. Y lo peor de todo es que se nos anuncia la extremosidad del meteoro y nos obligan a vérnoslas venir con pelos y señales: cuchar esto, velaylo, porque es que no podemos ni respirar, ahogaicos como andamos por la noche y por el día; habránse visto mayores sofocones. Son solo comparables con el sonrojo que sentiría el Presi en funciones si tuviera la vergüenza torera mínima necesaria para seguir limpiamente en el cargo o para dejarlo diciendo que ni Jesucristo pasó de la cruz ni él (don Mariano) pasa de aquí. Con lo que le ha caído con el affair giratorio del caso Soria, que ha entrado en su partido como un cuchillo caliente penetra en un bloque de mantequilla, hasta lo hondo y con todos los varones y baronesas mirando a otro lado y echando balones fuera. No se puede ser más cínico e insensible ni agarrarse más ni mejor a las ubres vacunas del Estado, con el calendario judicial inminente y las elecciones vascas y gallegas a la vuelta de la esquina. ¿Cómo pueden tomarnos a las personas normales por ciudadanos tan tontos del haba? ¿Cómo pueden irse a la cama creyendo saber que nos engañan? Eso nos pasa al pueblo español por haber hecho dejación de nuestro deber de autonomía democrática y política en favor del dictador y por no haber logrado ejercer la educación y la soberanía nacional hasta que Franco murió en su cama tan tranquilo y como si no hubiera sido el criminal y el traidor que fue y que también ejerció de gallego y logró que prevaleciera como legal su política de hechos consumados. ¿Es que eso no les recuerda a nada  ni a nadie? Y en vez de acabarse la diversión por haber llegado el Comandante y haber mandado apagar, como pasó en su tiempo en Cuba, según nos trovaba Compay Segundo, aquí hemos pecado de buenistas y hemos supuesto en 1978 a los restos dispersos y perplejos del bloque nacional católico menos fuerza y mejor voluntad de la que tenían y estos han sido y están siendo los resultados: seguimos estando en el cuento de nunca acabar, continuamos tejiendo y destejiendo sine die el famoso velo de Penépole, incluso cuando ya ha regresado Ulises, porque no hemos tenido la fuerza ni la oportunidad de juzgar y condenar a sus acosadores. ¡Ay que faltica nos hubiera hecho en su tiempo una buena ruptura! Y así no tendríamos este perpetuo sin vivir, esta eterna desazón constitucional permanentemente usada por la galleguidad real o metafórica que continúa aprovechándose del pragmatismo cazurro que tanta sangre y lágrimas nos viene costando desde el primer tercio del siglo XX. Ese es el verdadero nudo gordiano que habría que cortar a cualquier precio para conseguir el auténtico acabóse y librarnos de la hipoteca de nuestra historia reciente. A ver entre cuántos y entre quiénes conseguimos ponerle el cascabel al gato y llevamos a los tribunales al primer cura u obispo, periodista o maestro que opine anti constitucionalmente y encima se ufane de ello y a ver cuánto le cuesta comprobar que vive en un país libre y sometido al imperio de la ley. Y no este Presidente en funciones que, si fuera torero y lidiara mirando al tendido, lo haría a sol y al callejón de sombra al mismo tiempo, como quien no quiere la cosa, o por lo bajini, sin que el resto de la bancada opositora se diera cuenta de lo que hace y, cuando se diera, ya fuera suficientemente fuerte para rectificar. Qué tío y qué tíos más fulleros. Son el acabóse de la hostia… consagrada. Aunque el más verdadero acabóse fue el que me contó mi amigo Miguel Girela, el Curica, que ocurrió entre Víznar y Alfacar, el aniversario de la noche del pasado agosto en que asesinaron a Lorca, cuando los asistentes, callados, en silencio, vieron a un bailaor danzar a su aire, bailar solo, sin música ni compás o, si acaso, al compás de la música silenciosa de su corazón, en honor y en recuerdo de Federico, el mártir de nunca acabar, de cuya muerte se cumplía un año más sin encontrarlo ni  repararlo y sin tener a quiénes acabar de echarles oficialmente la culpa. Eso.