El Estado Islámico (no sé por qué ahora todo el mundo lo llama y lo escribe E.I.) se ha cubierto de gloria con esa ejecución masiva televisada de más de un centenar de cristianos coptos pensando vengarse de la muerte de algunos de sus simpatizantes que se habían empeñado en meternos a los occidentales y, de camino, a los judíos la peste en un canuto. Conozco, por casualidad, el barrio copto de El Cairo y no he visto jamás nada tan aparentemente urbano pero más cutre y antediluviano dentro de una ciudad hoy musulmana aunque ya sé yo que muchas cosas más: entre otras, esa población paleocristiana invadida por los musulmanes en el siglo VII y ahora martirizada por los islamistas en nombre de una intransigencia fundamentalista que, entre religiones hermanas, vecinas y monoteístas, no entenderé jamás, a menos que se deba a cuestiones nada espirituales y sí muy materiales como pueden ser las que se dirimen en el caso que nos ocupa. Por eso pienso que los ejecutores no han podido ser más crueles ni menos previsores al aplicar la lógica exhibicionista del terror que, aunque les hace ganar puntos atemorizando a quienes consideran enemigos, acabará por hacerles perder muchísimas simpatías entre amplios sectores de la población mundial. Así que caminamos hacia el tratamiento de la presencia extranjera en nuestras sociedades respectivas, no solo como un hecho derivado de los flujos normales de inmigración, sino también como la presencia en nuestro territorio de minorías potencialmente terroristas que protagonicen acciones aisladas de resultados muy dañinos para la seguridad y la convivencia nacionales. Tras algún tiempo de relativa tranquilidad se han producido recientemente los atentados en Francia y en Dinamarca contra dos polos, el de la cultura y el de la construcción misma de la sociedad civil. El informativo literario está representado por el humor gráfico e implica el ataque más radical al pilar democrático de la libertad de expresión en los medios informativos y el otro tiene que ver con el dibujo de la diversidad étnica y cultural y con la convivencia pacífica entre minorías hebrea y musulmana donde se entrecruzan muy complejamente gran cantidad de elementos étnicos, culturales, sociopolíticos, geopolíticos, económicos y religiosos resultando que no son todas las contradicciones que están ni están todas las que son. Y es que , en lo que respecta a cuestiones insertas en el tablero internacional, aunque se manifiesten en los ámbitos nacionales, parece como si las reglas del juego pasaran del parchís al ajedrez y lo que son torpezas en el enfoque "interior" se transformasen en cautelas en el "exterior" o viceversa. Veamos, como ejemplo, el del caso del posible cierre de la flamante sede del Instituto Cervantes en Gibraltar, inaugurada en 2011 por iniciativa del ministro Moratinos y de la que ahora quiere desentenderse el ministro de Exteriores García Margallo por considerarla poco rentable al asentarse en una zona de castellano-parlantes que no la necesitan. Craso error que desconoce la Sociolingüística y la Geolingüística de idiomas en contacto en ámbitos coloniales y su papel en la desactivación de conflictos internacionales como el que sobre Gibraltar mantienen el Reino Unido y España. Se ve que el actual Gobierno ultraconservador de España aplica en este caso (como en el del cine) criterios exclusivamente económicos y no culturales o políticos para regular su funcionamiento y status y esto lo lleva a desentenderlos profunda y torpemente y a hacer posible que de tantos polvos deriven tantos lodazales como seguramente serán los que nos aneguen en tiempos mucho más próximos de lo que se piensa. Solo nos queda, desentender también la importancia del hecho de la presencia estadounidense en las bases militares, sobre todo andaluzas, o el asunto de la titularidad de la mezquita- catedral cordobesa para componer las tres o cuatro patas de una mesa seguramente letal y de consecuencias insospechadas. Ojo al parche en los próximos comicios electorales y en el desarrollo de sus respectivas campañas.