Izquierda Unida está a punto de pasar a la historia por ser el primer partido que se destruye a sí mismo por haber interpretado mal unos resultados electorales. Sucedió hace un año. Fue celebrarse las elecciones europeas de 2014, comprobar estupefacta cómo Podemos le comía el terreno y ponerse a toda velocidad a la fatídica tarea de parecerse a ellos. Se buscó un líder parecido a Pablo Iglesias, apartó de la escena a los dirigentes viejunos, infiltró a sus militantes en las asambleas de unidad popular, improvisó unas primarias en las que no creía y se ofreció a Podemos para que hiciese con ella lo que estimase oportuno. El problema es que, tras proclamar IU a los cuatro vientos ‘Soy vuestra esclava, haced conmigo lo que os plazca’, Podemos no hizo nada: se limitó a rechazarla con gesto displicente, como hacían en el pasado los muchachos de buena familia que bailoteaban un poco con la chica guapa pero pobre y finalmente la dejaban plantada para buscarse un partido mejor. Cuando eso sucedía entre las parejas de antaño, al menos la chica abofeteaba al calavera en medio de la pista: Izquierda Unida, ni eso. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]IU NO ERA UN BUEN PARTIDO[/cita] Fue públicamente desairada por Podemos pero prefirió no darse por enterada. Todo lo contrario, más bien pareció acentuarse su ansia de fundirse en un abrazo y ser una con el partido morado, pero el partido morado ni quería fundirse ni quería ser uno con ella. Estaba en otra cosa. No quería poner en riesgo un futuro que todos auguraban prometedor ligando su flamante estirpe a una chica guapa, sí, y muy honesta, desde luego, pero a qué engañarnos, un poquito ajada, ¿no? Podemos entendía, por resumir un poco brutalmente, que IU no era un buen partido. Podemos no le hacía caso y la federación de izquierdas no sabía qué hacer para que se lo hiciera. Lo último que se le ocurrió, y al principio no parecía mala idea, fue inventarse una cosa llamada Ganemos en Común para parecerse todavía más a los de Pablo Iglesias, pero la idea ha salido mal. Ganemos en Común es Izquierda Unida pero sin serlo, es IU pero con otro nombre que lo único que hace es añadir más confusión a un electorado de izquierdas ya bastante confuso con tanta extraña marca donde el abuso de los verbos ganar, poder y participar ha desembocado en una selva de nombres y frases en la que cada día es más difícil orientarse. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]Y EN ESTO LLEGÓ EL 27S[/cita] Y en esto que llegó el 27S. Las elecciones catalanas han destruido el sueño de Podemos de adelantar al Partido Socialista por su izquierda. El partido de Iglesias no parece que pueda aspirar en las generales de diciembre a mucho más que a quedarse con el electorado de IU de toda la vida y arañar una porción al del Partido Socialista. El PSOE va a pelear por lo suyo pero IU le entregado el campo a Podemos. El 20D se reproducirá el viejo adagio electoral, que Artur Mas conoce tan bien, de que si hay que elegir entre el original y la copia, la gente prefiere el original. En las generales de diciembre Podemos será el original y Ganemos en Común la copia. No es que la idea de IU de fundirse con Podemos fuera como tal una mala idea: era buena para ejecutarla a medio plazo, jamás a corto plazo, jamás ya mismo, que es lo que han hecho sus nuevos dirigentes. Desde las europeas de 2014, todo en la estrategia de IU ha sido táctica, ligereza, precipitación, todo ha sido, como diría Carlos Saura, ‘Deprisa, deprisa’. La paciencia estratégica del viejo PCE ha sido devorada por la urgencia de los telediarios. El problema no es que IU quisiera converger con Podemos, el problema es que lo dijo, lo publicó, lo proclamó y con ello quedó –como en ‘Crueldad intolerable' de los Coen– “expuesta”, se situó en una posición de debilidad de la que no ha logrado recuperarse. La convergencia con Podemos no era, como creía IU, una batalla de amor: era una batalla campal, que es lo que son todas las batallas políticas. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]'DÓNDE VAS, TRISTE DE TI'[/cita] Ahora quedan nueve semanas y media hasta la cita electoral e IU no puede cambiar de rumbo: ni le da tiempo ni quiere. Los políticos de izquierdas son en esto como los derechas y estos como todo el mundo: cuando se equivocan no quieren reconocerlo; suelen tardar años en hacerlo, cuando ya el reconocimiento de los errores no hace daño al amor propio. Ahora que, tras el 27S, Podemos está en horas bajas y que sería el gran momento de Izquierda Unida, la federación no está en condiciones de competir para recuperar el terreno cedido. Sigue buscando a Podemos. Sigue atrapada en las redes de una pasión noble y pura pero no correspondida. Se lo jugó todo a la carta de un pretendiente que no la quiso y ahora el pueblo canturrea sin piedad la antigua copla: '¿Dónde vas, Izquierda Unida, / dónde vas, triste de ti? / Voy en busca de Podemos / que ayer tarde no lo vi'. Ni lo verá. Bastante hará, llegado al 20D, con verse a sí misma. Si lo consigue, será el momento –como diría ya no Saura o los Coen, ay, sino Garci– de volver a empezar.