La expresidenta andaluza y ex secretaria general de los socialistas del sur no quiere mirar atrás. Ni adentro. Los resultados del 2 de diciembre que le dieron la victoria aritmética al bloque de la derecha son cosa de un pasado sobre el que Susana Díaz asegura haber hecho autocrítica, si bien ahora “no hay tiempo que perder ni llorar por la leche derramada”.

En una entrevista esta mañana en el programa Hoy por hoy, de la cadena SER, Díaz ha sido muy crítica con el nuevo Gobierno andaluz, con su socio "xenófobo Vox" y con "la derechización" de Albert Rivera, pero no ha podido eludir el gran asunto que divide al Partido Socialista desde las elecciones de diciembre de 2015: su alianza parlamentaria con los partidos independentistas.

Contra el 'no es no'

A preguntas de la periodista Lucía Méndez de si le gustaría que Pedro Sánchez reeditará tras el 28 de abril el pacto con los secesionistas que le llevó a la Moncloa en junio pasado, la expresidenta andaluza ha sido extremadamente cauta en su respuesta para no pisar callos orgánicos todavía en carne viva.

No obstante, ha dejado claro qué es lo que desearía y, de modo implícito, ha marcado distancias con el 'no es no' que abanderó Sánchez: "A mí lo que me gustaría es que hubiera una mayoría holgada de Partido Socialista y que el resto de partidos constitucionalistas no pusieran impedimentos a ese Gobierno; para eso voy  a trabajar, y espero que no se dediquen a boicotear ese Ejecutivo".

Un debate crucial

¿Deberían, entonces, PP y Ciudadadanos abstenerse y facilitar la gobernabilidad a Sánchez, para que este no tenga que pactar de nuevo con el secesionismo catalán? Díaz no entró al tentador trapo: "Yo lo que querría es que el PSOE gobernara con una mayoría holgada, porque nosotros somos un partido ganador". Díaz no dijo más pero se la entendió.

Tan vivo, aunque soterrado, sigue ese crucial debate en el PSOE que ayer mismo terciaba en él la diputada crítica con Ferraz Soraya Rodríguez en un artículo en el diario El Mundo: "Desde el primer Comité Federal de enero de 2016, estas diferencias comenzaron a manifestarse. Se centraban en si podíamos intentar una mayoría de gobierno que hiciera recaer la estabilidad de España en los partidos independentistas que habían iniciado un proceso de ruptura interna de nuestro país. Esta era la cuestión fundamental y sigue siéndolo". 

La "espinita" del 2-D

Susana Díaz se mostró confiada en "sacarse la espinita" del 2 de diciembre obteniendo un gran resultado el 28 de abril para contribuir a la victoria de Pedro Sánchez. ¿Habrá problema en la confección de las listas? La líder socialista está convencida de que no: "Yo no estoy para peleas internas", zanjaba elusivamente las preguntas sobre la arremetida de Ferraz contra ella al día siguiente de conocerse los malos resultados andaluces.

Por el contrario, Díaz se mostró muy crítica con la "deriva derechista" de Albert Rivera por aliarse con un "partido xenófobo y machista" como Vox, un partido del que depende el nuevo Gobierno andaluz y por eso PP y Ciudadanos han tenido "una respuesta timorata y cobarde" ante la exigencia de Vox de conocer los nombres y filiación profesional de los trabajadores de las Unidades de Violencia de Género: "Deberían haberle plantaddo cara  a Vox, pero no pueden porque dependen de Voz, por eso miraban para otro lado y silbaban, me parece gravísimo".

Los tres hijos de Aznar

Además de serlo con Vox, también era muy severa con Ciudadanos, mucho más que con el PP, en línea con la estrategia avanzada ayer por el secretario de Organización, José Luis Ábalos, de lanzarse a la conquista del electorado más templado de Ciudadanos: "Sentimos que hay un espacio de centralidad que no tiene una referencia política”, recalcaba ayer el número dos de Ferraz.

Para Díaz, Rivera "se ha derechizado, y en vez de liderar un partido liberal, ha decidido ser uno de los tres hijos de Aznar", y convertirse "en uno de los tres miembros del trifachito".