En las sesiones de control a la presidenta Susana Díaz, el líder del PP de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, vuelve una y otra vez sobre un debate que difícilmente podrá ganar: la investidura de Mariano Rajoy. En el Pleno de este jueves Moreno ha vuelto a perder en el cruce dialéctico con Díaz por la misma razón que perdió en los anteriores, donde el líder del PP también reclamó a Díaz que utilizara su influencia en el Partido Socialista para desbloquear la investidura de Rajoy con su abstención: la presidenta se limitó a recordarle a Moreno cuál había sido el comportamiento del PP hace un año y medio, cuando con una abstención que a nada le comprometía tuvo en su mano evitar el bloqueo durante 80 días de la investidura de Díaz. El PP le negó entonces a la candidata esa luz verde en forma de abstención que tan apuradamente reclama ahora a los socialistas. En la sesión de este jueves Díaz profundizó en la herida popular desvelando que el 24 de abril de 2015, apenas un mes después de las autonómicas andaluzas, llamó al presidente Rajoy para pedirle que el PP se abstuviera en su investidura dado que ella era la única opción viable de gobierno en Andalucía. Según Díaz, Rajoy no le echó cuentas y hasta le dijo que no estuviera tan segura de que fuera a ser presidenta. Al final lo fue, pero con los únicos votos de Ciudadanos. El PP nunca se bajó del ‘no’, y ello a pesar de que, en efecto, la única combinación de gobierno era PSOE más Ciudadanos, ya que los votos del PP más los del partido naranja no sumaban mayoría para gobernar. Este jueves, Díaz ha resumido la situación con una envenenada metáfora cuyos ecos el PP tardará mucho tiempo en sofocar: “Jugaron con fuego en Andalucía y hoy nos quemamos todos en España". Fue la respuesta de la presidenta a la interpelación de Moreno para que dijera "si quiere terceras elecciones porque le interesa desgastar al líder de los socialistas, Pedro Sánchez; si quiere un gobierno Frankenstein con los que quieren romper España, o si va a respetar la lista más votada". No hubo respuesta de Díaz. El propio Moreno ni siquiera le replicó a Díaz que su partido estaba haciendo ahora aquello mismo que ella le reprochaba al PP. No era fácil para Moreno utilizar ese argumento, pues ello habría supuesto admitir que hace un año y medio el PP jugó con demasiada torpeza –o demasiada malicia– sus cartas: entonces se dio la satisfacción algo revanchista de poner en aprietos a Díaz durante casi tres meses, sin pararse a pensar que solo unos meses después a su candidato a presidente podía ocurrirle lo mismo. De hecho, si se pregunta qué precio habría pagado entonces el PP por su abstención la respuesta es ninguno, pues de todos modos Díaz estaba obligada a un acuerdo con Ciudadanos o con Podemos para poder gobernar. En realidad, habrían ganado todos: Díaz logrando antes su investidura y el PP sentando un valiosísimo precedente sobre cómo afrontar una investidura en tiempos difíciles.