Siempre me han preocupado las derivas personalistas de los movimientos sociales que aspiran a lo que sea: desde cambiar el modelo social, a mejorar el barrio o el colegio. No  creo, y no comparto con el Cristianismo, en el pastor que cuida y dirige el rebaño, sino en el trabajo solidario por un objetivo común. Me parece interesante que la ciudadanía se movilice y organice de forma asamblearia. Sugerentes han sido desde el rompedor movimiento del 15M, a las distintas mareas y marchas habidas por recortes, estafas, o despidos. Menos atractiva me resulta la deriva de los movimientos hacia nuevos partidos que pretenden acaparar esas rebeldías, y sobre todo me inquieta que empiecen a actuar con moldes clásicos de arriba abajo, y no de abajo arriba. Aun aceptando que puedan ser más participativos, transparentes e innovadores que partidos políticos tradicionales, temo que al final la movida se reduzca a un grupo de personas que toman decisiones, muchas de las cuales no serán asamblearias, no se consultarán con los de abajo;  hacerlo es prolijo y complejo. No es fácil, pero nadie dijo que lo fuera. Me preocupa que cuando quieran saber lo que piensa Podemos de tal o cual asunto, se lo pregunten a Pablo Iglesias, Teresa Rodríguez, Pablo Echenique o Juan Carlos Monedero, por poner sólo un ejemplo significativo del panorama actual. Temo que lo que cavilan ellos sea lo que al final se crea que piensa el movimiento ciudadano, y no siempre será así. Cada cual es cada cual y tiene sus propias ideas que puede o no coincidir con las de los demás. Por eso conviene que toda iniciativa se exponga, debata… y se llegue a una conclusión que puede o no coincidir con el planteamiento personal del ponente. De momento, sigo basando mis expectativas de transformación social en la disolución del poder en las personas. Para que sea la ciudadanía la que detente el poder se necesitan dos condiciones ineludibles: que los que tienen poder estén dispuestos a diluirlo en los de abajo, y que los de abajo estén dispuestos a asumirlo y no delegar en líderes, por muy carismáticos que sean.