El mérito principal del Partido Socialista en el encendido debate nacional por el encarcelamiento de dos titiriteros es haber hablado bastante… y no decir nada. O decir demasiado, que es lo que suele ocurrir cuando alguien intenta no decir nada en el momento en que todo el mundo espera que diga algo, es decir, cuando alguien escurre el bulto y no logra ocultar que lo está escondiendo. Esta vez, el bulto es la libertad. Para tratarse de un debate ideológico de los de siempre, de los de antes de que la economía devorara todos los debates ideológicos, el PSOE ha perdido la ocasión de reafirmar su identidad y sus raíces de izquierdas presentando alguna forma de enmienda a la totalidad de la decisión del juez Moreno. Dado que en el debate propiamente económico el Partido Socialista, al igual que el resto de la socialdemocracia europea, no sabe muy bien qué diablos decir, en este de los titiriteros tenía al menos la oportunidad de dejar bien claro dónde está cuando se trata de defender la libertad de expresión frente a los excesos del Estado. Su antagonismo frente a Podemos ha podido más que su compromiso consigo mismo y su propia historia. DECIR LO QUE SE SIENTE Los socialistas han criticado con dureza y sólidos argumentos la parte política del escándalo que salpica al Ayuntamiento de Madrid, pero no han tenido la sinceridad ni la gallardía de decir lo que piensan, o al menos lo que siempre han pensado, o al menos lo que deberían pensar sobre un asunto como este: que el encarcelamiento sin fianza de los dos titiriteros por hacer uso en su espectáculo de un recurso puramente narrativo que el juez ha interpretado como enaltecimiento del terrorismo es un puro disparate. Los socialistas oficiales que ayer hablaron del asunto –Pedro Sánchez, Antonio Hernando, Susana Díaz…– formularon, con toda razón, sus reproches políticos, pero eludieron lo que alguien de izquierdas no debería eludir: la crítica respetuosa pero firme a una decisión judicial insuficientemente fundada, poco informada sobre el sentido de la obra en cuestión y cuyo recorrido cabe confiar que será breve, tan breve como el tiempo que se tarde en resolver el recurso presentado por la defensa de los dos jóvenes detenidos. ¿PRISIÓN POR ESO? Sólo socialistas situados en los márgenes orgánicos e institucionales del partido se han mostrado severos con la poco ponderada decisión del juez, que tan imprudentemente ha criminalizado una ficción al convertir en terrorismo lo que no era más que un mecanismo de la propia narración: el montaje hecho por un policía para eludir su responsabilidad profesional colocando sobre la víctima de sus excesos un cartel con la leyenda 'Gora Alka-ETA'. Es significativo que todos los que están a favor del encarcelamiento de los dos titiriteros pongan siempre por delante el hecho de que la obra fue representada ante un público infantil. El hecho es sin duda políticamente llamativo y aun escandaloso si se quiere y por eso se derivan de él relevantes responsabilidades políticas, pero es jurídicamente irrelevante: nada tiene que ver con lo que aquí se dirime, que es el encarcelamiento por apología del terrorismo por representar una obra que contiene una crítica de filiación anarquista bastante feroz y puede que desmesurada a la Religión, la Propiedad o el Estado, pero difícilmente una voluntad de enaltecimiento del terrorismo. ¿Prisión incondicional por eso? ¿Prisión por si huyen de España? ¿Prisión por si destruyen pruebas? ¿Prisión por si vuelven a delinquir? El juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno se ha pasado bastantes pueblos, pero el Partido Socialista no se ha atrevido a decírselo, como sí han hecho Podemos e Izquierda Unida. ¿DÓNDE ESTÁ CARMENA? Por lo demás, la propia alcaldesa de Madrid y su equipo de gobierno tampoco han dado muestras de muchos reflejos políticos. No solo es obvio que la concejal Celia Mayer debe dimitir por haber programado para niños un espectáculo que era solo para jueces: también es obvio que la alcaldesa Carmena sabe que su concejal de Cultura tiene que dimitir pero parece que no se atreve a pedírselo. Y otra cosa también obvia: el Ayuntamiento de Madrid se está desangrando en estériles batallas a las que Manuela Carmena se ve obligada a dedicar unas energía que necesita con urgencia para hacer política. Para hacer política y para otra cosa, para la cosa más importante a la que debe dedicarse y que es la razón por la que fue elegida: para ser Manuel Carmena. Mientras tanto, cabe preguntarse por qué se ha equivocado tan gravemente el PSOE en esta cuestión. ¿Porque ha perdido sus buenos reflejos democráticos de antaño? ¿Porque ya no es quien fue? ¿Porque no se entera? ¿Porque está en otra cosa? El error socialista en el extraño caso de los titiriteros, ¿es un accidente o una categoría? ¿Un tropiezo o un síntoma? Como muy oportunamente y no sin razón les dijo ayer Susana Díaz a los dirigentes de Podemos en el Ayuntamiento de Madrid, el PSOE “debería hacérselo mirar”.