La solemnidad del acto de toma de posesión del nuevo Gobierno andaluz se tomaba un respiro de la mano del consejero José Sánchez Maldonado cuando, en el momento de leer el nombre completo de su Consejería de Empleo, Empresa y Comercio, el veterano catedrático de Hacienda Pública pronunciaba la palabra ‘empleo’, hacía una ‘paradiña’, levantaba la mirada, componía velozmente un gesto que podía interpretarse algo así como ‘¡vaya marrón esto del empleo!’ y provocaba las risas de la propia presidenta y del atestado auditorio del salón de los espejos del Palacio de San Telmo. Fue el momento más distendido de un acto cuya característica principal era justamente la distensión, el alivio, tal vez la catarsis. Los socialistas llevaban muchas semanas esperando el momento de tener un nuevo Gobierno tras el viacrucis de 80 estaciones que Susana Díaz ha tenido que sufrir desde su victoria electoral del 22 de marzo. La risas entre cómplices y nerviosas de la concurrencia cuando Sánchez Maldonado dijo la palabra empleo tenían su justificación. Una justificación doble: primero, porque su departamento se queda con las competencias en materia de formación para el empleo, en cuya gestión se ha producido un gran fraude que la justicia intenta determinar; y segundo, porque la creación de empleo es, sí, uno de los grandes objetivos de este mandato –y del anterior, y del otro, y del otro…– pero nadie sabe muy bien cómo diablos hacerlo realidad. EL GRAN SALTO La presidenta andaluza lo dijo con estas palabras de (involuntarias) resonancias maoístas: Andalucía tiene que da “un gran salto adelante en la creación de empleo”. Díaz llegó incluso a repetir la idea del ‘gran salto’, que vinculó también a asegurar “la eficiencia y el buen funcionamiento de los servicios públicos en Andalucía”. Empleo y servicios públicos son precisamente los dos objetivos estratégicos de Susana Díaz en el nuevo mandato iniciado hoy con la toma de posesión de un Gobierno que la presidenta andaluza considera “sólido, potente y con fuerza”. De hecho, no ha sido en absoluto mal recibida por la opinión públicas y los agentes sociales su novedosa composición, que incluye a los dos rectores de las dos universidades más importantes de Andalucía, la de Sevilla y la de Málaga. CIENCIAS, LETRAS... Y ECONOMÍA ¿Cómo conseguir ese doble objetivo? No será fácil. Díaz adelantó esta fórmula: “Coraje, determinación y cercanía”. Es lo que les pidió a sus consejeros, entre los que siguen dominando las letras –licenciados en Geografía, Psicología, Educación, Derecho, Periodismo– aunque las ciencias –Física, Medicina, Biología– hayan conquistado importantes posiciones. ¿Y dónde quedaría la Economía en ese apresurado esquema? Al economista de referencia del Gobierno, que era y es Sánchez Maldonado, se suma ahora Ramírez de Arellano, que además de ser físico tiene también formación económica. Sobre si la economía es ciencias o es más bien letras habría mucho que discutir: los economistas suelen considerarse científicos y la gente hace, más o menos, como que se lo cree. PARTIDO-PARTIDO Y SOLO PARTIDO Además de la división entre ciencias y letras, el nuevo Gobierno admite también la división entre quienes son partido-partido y los que son únicamente partido aun sin militar en el partido. En el primer grupo estarían consejeros como ‘Chiqui’ Jiménez Barrios, Felipe López, Aquilino Alonso o Javier Fernández, por dar solo unos nombres. En el segundo estarían los rectores Adelaida de la Calle y Ramírez de Arellano, Emilio de Llera o Rosa Aguilar. La presidenta andaluz ha querido combinar ambas cosas y, al menos sobre el papel, lo ha conseguido. Luego vendrá lo determinante: la capacidad de cada uno de ganarse su propio hueco en el espacio público haciendo cosas que mejoren la vida de los andaluces o la hagan como mínimo menos ingrata. Todos saben que hay poco dinero, lo que significa que las diferencias entre unos y otros vendrán marcadas por el talento de cada cual para armar equipos, concertar voluntades o forjar complicidades. Para ello, como diría la presidenta, van a necesitar coraje, determinación y cercanía, cualidades que, por fortuna, suelen estar aleatoriamente repartidas a partes iguales tanto entre la gente de letras como en la de ciencias.